
Un reciente estudio confirma que las pupilas de los ojos humanos disminuyen de tamaño a medida que envejecemos. Esta investigación, que utiliza videos GoPro y rastreadores oculares, revela que esta disminución se traduce en dificultades para ver en condiciones de poca luz. I
nvestigadores del Instituto Max Planck de Cibernética Biológica, liderados por el neurocientífico Manuel Spitschan, equiparon a 83 voluntarios de entre 18 y 87 años con tecnología avanzada para monitorear sus pupilas mientras realizaban diversas actividades tanto al aire libre como en interiores. Los resultados, publicados el 19 de junio en Royal Society Open Science, confirman observaciones previas realizadas en laboratorios sobre la disminución del tamaño de las pupilas con la edad.
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El envejecimiento afecta a los ojos y la visión. Con el paso del tiempo, la capacidad del ojo para adaptarse a diferentes niveles de luz se reduce, haciendo que leer o ver en entornos de luz tenue sea más difícil. “Vemos un gran efecto de la edad”, afirma Spitschan. Esta reducción del tamaño de las pupilas, que puede ser tan drástica como 0,4 milímetros por década, significa que entra menos luz al ojo, lo cual es crucial para la formación de imágenes en la retina.

Este no es el único cambio ocular relacionado con la edad. Según la Asociación Mácula Retina, los cambios en el cristalino del ojo también juegan un papel importante. El cristalino, que se encarga de enfocar la luz en la retina, se endurece con el tiempo, provocando una condición conocida como presbicia, que hace difícil enfocar objetos cercanos. La doctora Cynthia Owsley, de la Universidad de Alabama en Birmingham, recalca que “la discapacidad visual y la ceguera se encuentran entre las 5 causas principales de discapacidad en adultos mayores”.
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Pero los cambios no se limitan al cristalino. “El endurecimiento y el enturbiamiento del cristalino afectan a casi todos con la edad”, explica la doctora Emily Chew del Instituto Nacional del Ojo de los NIH. Esto eventualmente lleva a la formación de cataratas, una afección ocular que afecta a más de 22 millones de estadounidenses. Aunque no se pueden prevenir del todo, evitar el tabaco y la exposición prolongada al sol puede reducir el riesgo de cataratas.
La percepción visual también se ve afectada por otros factores a medida que se envejece. Los músculos que controlan el tamaño de las pupilas se debilitan, y las pupilas se vuelven menos sensibles a la luz. Según Spitschan, “con una pupila pequeña, entra menos luz al ojo”. Para leer a una edad avanzada, una persona puede necesitar hasta tres veces más luz que alguien de 20 años.
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Estos cambios tienen implicaciones prácticas y de seguridad. La pérdida de visión periférica y la dificultad para ver de noche aumentan el riesgo de accidentes automovilísticos, señala Owsley. Para mejorar la seguridad vial, se han desarrollado pruebas específicas para evaluar a conductores mayores, como exámenes de velocidad de procesamiento visual y sensibilidad al contraste. Estos factores son cruciales, ya que “las pruebas de agudeza visual pueden no ser la mejor manera de identificar a los conductores ante riesgo de accidentes”, según Owsley.
Además de estos cambios naturales, el envejecimiento puede traer consigo enfermedades graves como el glaucoma y la degeneración macular relacionada con la edad (DMAE). El glaucoma, resultado de un aumento de presión intraocular, puede dañar lentamente el nervio óptico, mientras que la DMAE es la principal causa de ceguera en los estadounidenses mayores de 65 años, asegura Chew.
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Cómo detectar y prevenir la disminución visual

Para detectar a tiempo estas afecciones, es fundamental realizar exámenes oculares completos regularmente. “Tener un cuidado ocular integral regular le da a su médico la oportunidad de identificar un problema muy pronto y luego tratarlo”, indica Owsley. Algunos tratamientos sencillos, como el uso de gafas para leer, pueden mejorar significativamente la calidad de vida.
Por último, mantener un estilo de vida saludable puede ayudar a reducir el riesgo de enfermedades oculares. “Una vida sana no solo agrega años a su vida, sino que también protege nuestra visión a medida que envejecemos”, afirma Owsley. Esto incluye no fumar, seguir una dieta saludable y controlar enfermedades crónicas como la diabetes y la hipertensión arterial.
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