
“Por haber contraído el virus VIH, tendré que retirarme de los Lakers, a partir de hoy”. Corría el año 1991 y Magic Johnson, estrella de la NBA, daba uno de los discursos más tristes de la historia del deporte. El shock se jugaba en dos planos: por un lado su retiro de las canchas de básquet pero, además, en ese entonces tener VIH era sinónimo de muerte y estigmatización.
Los primeros casos de VIH/SIDA se detectaron en 1981 en Estados Unidos y en nuestro país el primer caso fue registrado en 1982, pero el tratamiento con un cóctel de drogas -tal como lo conocemos hoy- recién surgió en 1996. Antes se tomaban varias pastillas al día que podían causar intolerancia. Fue el surgimiento de los antirretrovirales que generó un impacto positivo en la calidad de vida de los pacientes y transformó a esta enfermedad fatal en una afección crónica.

A medida que la población mundial crece y vivimos más globalizados, necesitamos mayor innovación. La humanidad sabe de esto: las vacunas que permitieron erradicar enfermedades mortales, medicamentos que combaten virus o bacterias y, como en el caso del SIDA, nuevas terapias que cambiaron el curso de esta pandemia mundial. Cuando lo miramos desde el lente de la salud, la innovación y el progreso esto se traducen en salvar vidas.

La industria farmacéutica es líder mundial en lo que se conoce como I+D (Investigación y Desarrollo) con una inversión de aproximadamente 200 mil millones de euros anuales. Para ponerlo en contexto, esto significa que invierte ocho veces más en innovación que la industria aeroespacial, según el último informe anual de la Federación Internacional de la Industria Farmacéutica.
Según los datos recogidos en el informe, Facts and Figures 2022: The Pharmaceutical Industry and Global Health, desde 2012 a 2020 el crecimiento total de la inversión fue del 4,7 por ciento y se prevé que se mantenga ese crecimiento. Hasta 2026 se estima que será del 4,2 por ciento. El crecimiento previsto se traduce en que dentro de tres años el presupuesto destinado alcanzará los 254.000 millones de dólares.
En nuestro país, esta constante se mantiene con otras cifras: el farmacéutico es el primer sector en volumen de inversión en I+D de la economía argentina. Sí, incluso más que el software o la producción de semillas; y en 2022, la inversión privada en I+D de esta industria alcanzó los 45 mil millones de pesos, de acuerdo a datos de CILFA (Cámara Industrial de Laboratorios Farmacéuticos).

Ahora bien, para innovar es necesario que confluyan al menos tres factores: ideas, inversión y un sistema de patentes que premie la innovación y garantice la esencia de la búsqueda científica, fomentando una competencia abierta y efectiva.
En la Declaración sobre Protección de Patentes elaborada por el Instituto Max Planck aparece la relevancia de este equilibrio: “Una subprotección deteriora los incentivos para explotar oportunidades de innovación. Una protección insuficiente, al igual que una excesiva, perjudican el funcionamiento del mercado. Una sobreprotección compromete la libertad de otros participantes para operar y competir”.
Las ideas son activos intangibles de gran valor para cualquier industria, especialmente cuando un hallazgo podría ser la llave para una mejora en la salud pública. Por eso es válido que sigamos reflexionando sobre cómo se gestionan estos derechos. Las patentes son estratégicas para un sector como el nuestro y deben también estar alineadas con las prioridades de cada comunidad: procurar su seguridad alimentaria, el cuidado de la salud, la gestión de las pandemias y un sinfín de cuestiones.

Pasaron más de 30 años desde aquel discurso icónico de Magic Johnson, quien hoy sigue conviviendo con el virus. En ese entonces el mundo era otro. Hoy una nueva economía basada en el conocimiento crece a la par de las industrias del futuro y todos los sectores seguirán atravesados por la biorevolución, creando innovaciones que cambian el curso de la historia. Lo importante es repensar constantemente de qué manera llegamos más rápido a mejor puerto.
*Marcelo Figueiras es presidente de Laboratorios Richmond
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