
La culebrilla o herpes zóster es una afección viral que suele manifestarse como una erupción cutánea dolorosa. Este trastorno es provocado por el mismo virus que causa la varicela, conocido como varicela-zóster, que permanece latente en el cuerpo incluso después de haberse superado la varicela en la infancia.
En determinados momentos de la vida, principalmente en edades avanzadas o ante un sistema inmunológico comprometido, el virus puede reactivar, dando lugar a la aparición de la culebrilla, con síntomas que incluyen dolor, picazón y la formación de ampollas. Aunque no es posible contagiarla directamente entre personas, el contacto con ellas sí puede transmitir el virus de la varicela a quienes no se han expuesto previamente.
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Qué es la culebrilla
También conocida como herpes zóster, la culebrilla se presenta como una erupción cutánea dolorosa. Esta condición es el resultado de la reactivación del virus varicela-zóster. Después de que una persona se recupera, usualmente durante la infancia, el virus permanece en el cuerpo de manera latente, alojándose en las células nerviosas.
Aunque puede no provocar síntomas durante muchos años, en algunas personas, especialmente a medida que envejecen, el virus puede reactivarse y causar culebrilla. Según MedlinePlus, aproximadamente uno de cada tres adultos experimentará la reactivación del virus a lo largo de su vida.
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¿Por qué aparece la culebrilla?
La reactivación del virus varicela-zóster es el motivo principal detrás de la aparición de la culebrilla. Aunque los investigadores aún no comprenden completamente las razones por las cuales el virus se reactiva, existen ciertos factores que incrementan la probabilidad de que esto ocurra. La edad avanzada es uno de los factores más determinantes, ya que el riesgo aumenta significativamente en adultos mayores de 50 años y aún más a partir de los 70 años.
Además, un sistema inmunitario debilitado puede facilitar la reactivación del virus. Condiciones médicas como el VIH, el cáncer, así como tratamientos que afectan el sistema inmunológico, pueden predisponer a una persona a desarrollar culebrilla. Incluso situaciones de estrés o un resfriado común pueden temporalmente debilitar el sistema inmunológico, incrementando así el riesgo.
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¿Hay tratamiento contra la culebrilla?
Aunque no existe una cura definitiva para la culebrilla, el tratamiento temprano con medicamentos antivirales puede jugar un papel crucial para moderar la severidad del brote y acortar su duración. De acuerdo con el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), estos medicamentos son más efectivos si se administran dentro de los tres primeros días de aparición de la erupción. Además de los antivirales, los analgésicos pueden ayudar a controlar el dolor, y ciertos cuidados tópicos, como loción de calamina y baños de avena, pueden aliviar la picazón.
Existe la vacuna Shingrix, altamente recomendada para personas mayores de 50 años, la cual demuestra una eficacia superior al 90% en la prevención de la culebrilla.

¿Es contagiosa la culebrilla?
La culebrilla en sí misma no es contagiosa, lo que significa que una persona no puede contagiarse directamente de otra que ya tenga. Sin embargo, una persona que no ha experimentado la varicela o no está vacunada contra ella podría contraerla si tiene contacto directo con el líquido de las ampollas.
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Por ello, se aconseja que quienes padecen culebrilla mantengan cubierta la erupción y eviten tocarse las ampollas, con el fin de minimizar el riesgo de transmisión.
Cuánto tiempo tarda en desaparecer la culebrilla
El curso típico de un episodio de culebrilla tiene una duración de tres a cinco semanas. Se inicia con una sensación de ardor o cosquilleo doloroso en la piel, que puede ir acompañada de picazón o entumecimiento. De uno a cinco días después de estas señales iniciales, aparece un sarpullido rojo que se transforma en ampollas llenas de líquido.
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Estas ampollas se secan y forman costras entre una semana y diez días después de su aparición. Aunque las costras pueden sanar en unas pocas semanas, el dolor, conocido como neuralgia postherpética, puede persistir por más tiempo, incluso después de la desaparición del sarpullido, especialmente en individuos de mayor edad.
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