Más oportunidades para jóvenes con talento

La educación superior es una herramienta clave, pero las cifras nos recuerdan los retos, aún pendientes

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Fuga de talentos
Fuga de talentos

Aún recuerdo amigos y vecinos que tuvieron que migrar buscando mejores horizontes. Por años, la formación profesional ha estado ligada a la idea de la ‘migración forzada’: si querías crecer, debías empacar e irte a Argentina, España o Estados Unidos. Esta creencia no solo generaba fugas de talento en nuestras regiones, sino que perpetuó un modelo de desarrollo limeñisado. Hoy, esta narrativa está cambiando. Formarse en el propio territorio no es un acto de resignación, sino una poderosa apuesta por construir un futuro más sólido y equitativo para nuestra comunidad. Es la hora de que el talento se quede y prospere en casa.

La educación superior es una herramienta clave, pero las cifras nos recuerdan los retos, aún pendientes. Según el Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo (MTPE), solo el 22% de los jóvenes que terminan la secundaria logra acceder a ella. Esta barrera de acceso se siente con mayor fuerza en las zonas periféricas y rurales, afectando directamente la posibilidad de que el talento se forme sin tener que marcharse. Pero hay un motor silencioso en acción: cuando se ofrece educación de calidad a nivel local, no solo progresa el individuo; se dinamiza la economía y se fortalece el capital humano de todo el territorio.

El impacto de esta formación local es palpable en la economía. Los peruanos con educación superior completa, técnica o universitaria, tienen una menor tasa de informalidad (38,4%) y mayores ingresos en comparación con quienes no concluyeron sus estudios (69,6% de informalidad), según la Cámara de Comercio de Lima. Esto demuestra que retener el talento profesional es una fórmula directa para impulsar la prosperidad local. Sin embargo, el desafío persiste: un informe del PRONABEC señala que los egresados fuera de la capital a menudo enfrentan mayores dificultades de obtener empleo formal. Esta realidad subraya la urgencia de promover mayor inversión privada para aumentar las oportunidades laborales en las mismas zonas donde se forma a los profesionales, evitando que el esfuerzo educativo se convierta en una “fuga” hacia otras ciudades.

El Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) nos mostró que la tasa de desempleo urbano juvenil en 2024 alcanzó 12.5%, donde más de 100,000 jóvenes perdían empleo. Esta realidad local es una señal de que invertir en una educación superior accesible y alineada con las necesidades productivas de cada región es el camino para aumentar las oportunidades laborales justo donde más se necesitan. Sabemos que las grandes empresas y sus proveedoras son muy dinámicas en sus regiones, pero necesitamos más firmas y que sean intensivas en mano de obra calificada. Esquema de becas y créditos educativos ayudan mucho a captar y retener talento dentro del país.

La descentralización de la inversión privada y educación superior de calidad no es solo un tema que debería estar en el actual debate político; es un imperativo social y económico. Cuando la universidad llega al territorio, deja de ser un vehículo de fuga para convertirse en un poderoso imán de desarrollo. Formar profesionales autónomos en casa, con un fuerte arraigo a su comunidad, es la apuesta más inteligente para que el talento se quede, multiplique su impacto y construya un territorio con cimientos sólidos desde cada uno de sus rincones.