No hay plata

Una lectura de los planes de gobierno revela que los candidatos viven en un Perú de fantasía, donde los recursos del Estado no se acaban

Guardar
Palacio de Gobierno
Palacio de Gobierno

Imagínese que usted lleva tres años gastando más de lo que permite su presupuesto familiar. Las deudas en las tarjetas crecen, la cuenta de ahorros se vacía. Usted sabe – porque los números no mienten – que toca ajustar el cinturón. Ahora, imagínese que este año promete remodelar la casa, regalar un carro a su hijo y llevar a la familia de viaje al extranjero.

Ese optimismo exagerado, que más parece negación, es exactamente lo que revelan los 35 planes de gobierno para estas elecciones. Reconocen la difícil situación fiscal del país y prometen corregirla, pero, en el siguiente párrafo, anuncian exoneraciones tributarias, zonas económicas especiales e incrementos millonarios en el gasto público.

La situación fiscal del país se viene deteriorando desde hace años. En 2025, el Perú acumuló tres años con el déficit fiscal –la diferencia entre gastos e ingresos estatales– por encima o en el límite de lo permitido. El uso irresponsable de los recursos públicos ha incrementado peligrosamente el gasto corriente, mientras que la recaudación se mantiene estancada en alrededor del 15% del PBI, una de las más bajas de la región.

Para el Instituto Peruano de Economía (IPE), 18 partidos reconocen el desequilibrio fiscal del país, pero ninguno propone un manejo sostenible de los recursos. Peor aún, una revisión más profunda de los planes de gobierno revela la gravedad de la contradicción: hay 150 menciones relacionadas a recortar impuestos u otorgar beneficios tributarios. Entre ellos, destaca el Frente de la Esperanza, que entre sus 14 propuestas propone reducir el IGV y eliminar el impuesto a la renta de quinta categoría.

Esta generosidad tributaria se busca financiar a través de exprimir a los pocos contribuyentes que ya sostienen al sistema. Son cuatro las propuestas para incrementar impuestos a las grandes empresas y gravar sus rentas extraordinarias, cuando este segmento de empresas ya representa el 99% de la recaudación de impuesto a la renta empresarial. Además, cinco proponen aumentar el impuesto a la renta del trabajo para los sectores de más altos ingresos, ignorando que el 88% de trabajadores no paga impuesto a la renta debido a la informalidad y los altos umbrales.

La solución no pasa por exprimir a los mismos contribuyentes de siempre, sino por ampliar la base: que más peruanos y más empresas estén dentro del sistema, pagando lo que les corresponde. Hoy, los regímenes tributarios especiales incentivan que las empresas se mantengan artificialmente pequeñas para no tributar más: un enanismo empresarial diseñado por el propio Estado. A eso hay que sumarle la reducción del umbral de exención para personas naturales y la eliminación de las exoneraciones sin justificación técnica.

Parece ser necesario recordarles a los candidatos la dura realidad: no hay plata. El próximo gobierno heredará un Perú con recursos fiscales básicamente agotados. En vez de negarlo con propuestas facilistas, urge optar por decisiones difíciles para contener el aumento descontrolado del gasto y ordenar el sistema tributario. Sin ello, la salud de las cuentas fiscales del Perú seguirá deteriorándose y todos los peruanos pagaremos la cuenta.