El voto algorítmico

Estamos en una época en donde el algoritmo es el principal formador de opinión dentro de las audiencias que consumen diariamente contenido en redes sociales

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Para las Elecciones 2026 también
Para las Elecciones 2026 también se votará por un Senado. Foto: Gobierno del Perú

De cara a las elecciones presidenciales del 2026, la inteligencia artificial podría convertirse en uno de los factores más determinantes y menos visibles del proceso electoral peruano. Su influencia no estaría vinculada al discurso o al diálogo, pero sí en la forma en que millones de ciudadanos consumen información.

Si los políticos utilizan la IA de manera intensiva, esta tecnología podría definir qué contenidos se muestran con mayor frecuencia en redes sociales y esto puede definir los temas en tendencia.

Estamos en una época en donde el algoritmo es el principal formador de opinión dentro de las audiencias que consumen diariamente contenido en redes sociales. De acuerdo al consumo diario, no podemos descartar que nuestras posturas son una extensión de lo que consumimos digitalmente.

¿Qué podría lograr un contenido estratégico de la IA? Segmentar audiencias, identificar votantes indecisos y dirigir mensajes personalizados con una precisión inédita en campañas anteriores, lo que podría traer consecuencias preocupantes si se sale de control.

El exceso de información y de contenidos generados artificialmente facilitaría que los candidatos se deslinden de responsabilidades y cambien la narrativa estratégicamente, recurriendo en su gran mayoría al uso de la posverdad. La verificación de la información se volvería más compleja y la confianza ciudadana podría verse erosionada.

Si los políticos se ponen creativos podrían generarse campañas de desacreditación sutiles, donde la desinformación se produciría y distribuiría a gran escala. Si este escenario se materializara, la campaña presidencial del 2026 podría convertirse en un entorno propicio para la manipulación del electorado.

La tecnología pasaría a tener un peso mayor que el contraste de ideas, la fiscalización periodística o la evaluación de planes de gobierno. El riesgo no estaría en la existencia de la IA, sino en su uso sin reglas claras ni mecanismos de transparencia.

¿Tienen suficiente ética nuestros políticos peruanos para disponer del uso responsable de estas herramientas? ¿Se usará la IA con la seriedad que amerita para una campaña justa? Probablemente la respuesta sea desalentadora en ambos casos, pero mucho va a depender del enfoque de los partidos para abordar la campaña.