
En el Perú, la presencia de plataformas de apuestas digitales, videojuegos con recompensas inmediatas y aplicaciones que imitan la dinámica de los casinos se ha convertido en parte del día a día de miles de familias. El consumo de contenido online y la disponibilidad casi ilimitada de dispositivos han abierto un espacio en el que niñas, niños y adolescentes empiezan a interactuar con mecánicas que, aunque parezcan inofensivas, pueden desarrollar dependencias difíciles de detectar a tiempo. Este fenómeno, que crece con rapidez y preocupación, está siendo monitoreado muy de cerca por el sector salud.
De acuerdo con información del Seguro Social de Salud (EsSalud), los casos de ludopatía atendidos entre enero y noviembre de este año muestran un incremento general del 10 %, pero la cifra más alarmante se encuentra en la población menor de 18 años: allí el aumento llega al 18 %. La institución advierte que se trata de un problema que avanza silenciosamente, impulsado por un entorno digital que acompaña a los menores desde actividades escolares hasta sus momentos de entretenimiento.
La digitalización del juego y cómo atrapa a los menores

La psiquiatra Paula Vizcarra Flores, especialista de EsSalud, detalló que la exposición temprana a celulares, computadoras y consolas está generando que los menores se familiaricen desde muy chicos con dinámicas propias de los juegos de azar. Elementos como las cajas de recompensa, ruletas virtuales, premios aleatorios o “loot boxes” se han normalizado en títulos muy populares entre niños y adolescentes, y reproducen la lógica de la apuesta: arriesgar algo para obtener un beneficio inmediato.
Según precisa la especialista, estas plataformas digitales trabajan con estímulos visuales y sonoros especialmente diseñados para mantener la atención del usuario. “Las plataformas virtuales utilizan animaciones, sonidos y estímulos audiovisuales más llamativos que los casinos presenciales, lo que hace que la experiencia sea más atrapante”, indica.
Incluso sin manejar dinero directamente, muchos menores se ven involucrados en dinámicas que los acercan al azar. Vizcarra Flores advierte que prácticas familiares aparentemente inofensivas —como participar en pronósticos deportivos, intercambiar fichas virtuales o apostar recompensas dentro de juegos online— pueden establecer un vínculo con el refuerzo inmediato desde edades muy tempranas.
A esto se suma un escenario marcado por la postpandemia, en el que gran parte de las actividades académicas, recreativas y sociales se trasladaron al mundo digital. Hoy los menores tienen acceso a cientos de páginas web y aplicaciones móviles que integran dinámicas de oportunidad o azar, muchas veces sin supervisión adulta. El celular, en la práctica, se convierte en un “casino portátil” accesible todo el día, desde el hogar hasta el colegio.
Señales de alerta y recomendaciones para los padres

En este contexto, EsSalud exhorta a los padres de familia a identificar señales tempranas que podrían indicar una relación problemática con los juegos digitales o las apuestas. Algunos de los signos más frecuentes incluyen el uso constante de dinero en plataformas online, pedidos reiterados de recargas, compras sin explicación clara, obsesión por obtener recompensas o mejorar rangos dentro de los juegos, y una preocupación persistente por los resultados de partidas o dinámicas de azar.
En el plano emocional y social también pueden aparecer indicadores importantes. La especialista describe comportamientos como irritabilidad, ansiedad, dificultad para concentrarse en las clases, retraimiento, alteraciones del sueño y disminución de actividades recreativas fuera de las pantallas. Estos síntomas suelen pasar desapercibidos en un primer momento, ya que se confunden con hábitos propios de la adolescencia, pero podrían estar asociados al desarrollo de una adicción conductual.
Para reducir la exposición a estas dinámicas, EsSalud sugiere medidas como supervisar el tiempo de uso de celulares y computadoras, establecer horarios para videojuegos, evitar que los menores participen en apuestas familiares, fomentar actividades presenciales deportivas, artísticas o recreativas, y contribuir a crear espacios de diálogo en casa. El acompañamiento emocional, señalan, es clave para que niños y adolescentes puedan expresar sus preocupaciones y evitar que recurran a entornos digitales como única fuente de bienestar.


