Un equipo de rescate localizó a dos turistas japonesas que se habían extraviado en la cumbre sur del nevado Huascarán, a 6.500 metros de altitud, en Áncash. La operación concluyó con un saldo trágico: una de las excursionistas, de 40 años, falleció por hipotermia y edema cerebral, tras la prolongada exposición al frío y la altura extrema. La otra turista sobrevivió, pero permanece en estado de shock y se ha negado a separarse del cuerpo de su compañera, lo que ha retrasado su evacuación.
El Huascarán, cima más alta de Perú con 6.768 metros, es conocido por su dificultad y sus impredecibles condiciones meteorológicas. Las turistas iniciaron la ruta por la vertiente sur, una de las más técnicas y riesgosas. La desaparición generó una búsqueda inmediata por parte de equipos especializados en labores de alta montaña, quienes enfrentaron temperaturas bajo cero y vientos intensos para localizar a las excursionistas.

Al llegar, los rescatistas encontraron a una de las mujeres sin vida y a la otra debilitada. Le proporcionaron abrigo y alimentos e intentaron descender, pero la sobreviviente rechazó abandonar el lugar sin el cuerpo de su compañera. Esta situación complicó la evacuación y exigió la intervención de un segundo grupo de rescate, integrado por 10 guías de montaña, que ascendió para apoyar a sus colegas y facilitar el operativo.
La operación, llevada a cabo en condiciones extremas, requirió coordinación precisa y una capacidad de respuesta inmediata, ya que cualquier retraso puede ser letal en ese entorno. Según un reporte de Latina, se espera que el nuevo equipo de rescate llegue al punto de encuentro al promediar las 3:00 p.m. del jueves 26 de junio.
Peligroso y majestuoso nevado
Subir el nevado Huascarán sin la compañía de un guía profesional implica riesgos elevados, incluso para montañistas experimentados. La montaña, la más alta del Perú, presenta desafíos técnicos que requieren conocimientos especializados y una planificación rigurosa. Entre los principales peligros están las avalanchas, las grietas ocultas en los glaciares y los cambios repentinos en las condiciones meteorológicas, que pueden desorientar rápidamente a quienes desconocen la zona.
La falta de aclimatación adecuada y la poca familiaridad con la ruta aumentan el riesgo de sufrir mal de altura, hipotermia, edema pulmonar o cerebral y deshidratación. Además, sin guía es difícil identificar o evitar zonas de riesgo como cornisas inestables o rampas de hielo. Los guías conocen los puntos seguros de ascenso y descenso, llevan equipos de primer auxilio y pueden activar protocolos de emergencia, algo fundamental en una región donde los servicios de rescate son limitados y la comunicación, muy precaria.

La ausencia de un guía también dificulta la toma de decisiones en situaciones críticas, como tormentas, caídas o accidentes. La experiencia, el equipo y el criterio de un guía profesional resultan determinantes para reducir la exposición a estos riesgos y aumentar las posibilidades de un regreso seguro.



