En lo que va del siglo XXI, la renovación constante de congresistas no parece haber afectado la obstinada dureza con la que el Congreso de la República ha atacado el concepto de género, haciéndose eco del discurso sobre la llamada ‘ideología de género’ que caricaturiza dicho concepto como una trivial ficción. Por ello, resulta paradójico que sea en ese mismo congreso donde surja una situación ideal para explicar por qué, además del sexo (como categoría biológica), necesitamos el género (como categoría sociocultural) para explicar algunos aspectos de la realidad.
El detonante estuvo en las insólitas expresiones de un congresista acerca de la participación de las mujeres en la ciencia, vertidas en la sesión del 31 de marzo de la Comisión de Ciencia y Tecnología del Congreso de la República del Perú. Extremadamente desatinadas, tales declaraciones revelarían no solo desconocimiento del actual protagonismo de las mujeres en el quehacer científico a escala nacional y global, sino también cierto trasfondo de sexismo que llevaría al no reconocimiento de dicha presencia. Tales declaraciones son tan impropias en un congresista que, fuera de su breve trayectoria política, ha tenido una respetable formación científica, que algunos las consideran una posible cortina de humo. No se puede descartar que se trate de opiniones deliberadamente hiperbólicas para generar polémica.
Pero no es esta una crítica del mensajero, sino una discusión del tema de fondo.
Tales manifestaciones, expresadas con una convicción que prescinde del apoyo de evidencia, aunque operando desde una supuesta plataforma científica (al referirse a ‘condición biológica’), debían ser confrontadas desde lo científico, para beneficio de personas menos familiarizadas con estos debates, particularmente los jóvenes. Asimismo, existía una deuda en relación con la noción de género, vieja víctima de un despiadado bullying conceptual, y esta oportunidad ‘no tenía desperdicio’. Ello no impidió, sin embargo, que nos sintiéramos extraños, redactando en abril de 2025 un comunicado que reafirmara algo tan obvio como la necesaria participación de las mujeres en la ciencia.
Las mujeres están presentes en la ciencia desde sus inicios
Desde el inicio de la historia registrada, en Egipto, se reconoce a Merit Ptah como la primera mujer en aparecer asociada a la ciencia. Tres milenios después, Hipatia de Alejandría llegó a ser cabeza de la escuela neoplatónica de la zona, con importantes aportes en matemáticas. En los siglos 18 y 19 Sophie Germain y María Mitchell reciben reconocimientos en matemáticas y astronomía respectivamente. Y en 1903 Marie Curie inaugura no solo la presencia de las mujeres en el Nobel, recibiendo el de física, sino que en 1911 sería la primera persona en recibir un segundo premio Nobel, el de química, siendo hasta hoy la única persona que lo ha recibido en dos campos diferentes. En la historia de la ciencia, hasta la fecha, casi 50 premios Nobel han sido otorgados a mujeres.
En el mundo, actualmente, 33% de las personas dedicadas a la investigación son mujeres, según UNESCO, con proporciones que varían de forma importante entre países. En el Perú, según CONCYTEC, el 32% de las personas listadas en el Registro Nacional de Ciencia y Tecnología (RENACYT) son mujeres, por debajo del promedio latinoamericano de 45%. La proporción de mujeres realizando estudios superiores crece continuamente, con frecuencia superando la de varones. En la Universidad Cayetano Heredia, donde la mayoría de las carreras tienen un componente científico significativo, 2/3 de los estudiantes de pregrado son mujeres. Esta información resulta incompatible con afirmaciones acerca de una supuesta oposición entre mujeres y ciencia.
No existen barreras biológicas que alejen a las mujeres de la ciencia
Como dijimos, tales declaraciones ofrecen una oportunidad singular para explicar el género como diferente del sexo. El sexo define, o corresponde a, una dimensión biológica: las características sexuales primarias y secundarias de machos y hembras, que son bastante regulares en la mayor parte de seres humano. El sexo biológico es fundamentalmente binario, existiendo un 1-1.7% de personas con características intersexuales (es decir, biología con rasgos de ambos sexos).
Por mucho que analizamos, no logramos descifrar la intención del parlamentario cuando dijo que ‘hoy en día no hay una condición biológica que incentive a las mujeres a participar en ciertas ciencias, como las exactas o naturales’. ¿Se referirá a la inteligencia? Al comparar la capacidad cognitiva de hombres y mujeres, se encuentra que, grosso modo, siendo la de la mujer superior en algunos aspectos y la del hombre en otros. ¿Hablará de la fuerza u otro atributo físico? Ejercer las ciencias no implica capacidades físicas especiales. ¿Aludirá a la función reproductiva de las mujeres? Tal vez, aunque las restricciones que estas enfrentan para trabajar debido al proceso reproductivo por razones fisiológicas son relativamente breves, comparadas con aquellas impuestas socialmente.
Entonces podríamos concluir que, sin saberlo, nuestro congresista se refiere a algo distinto de la biología: a las disposiciones, intereses y expectativas de las personas, a sus formas típicas de actuar y de ser mujeres u hombres. Ese correlato sociocultural del sexo es lo que se llama género, que alude a ‘lo masculino’ y a ‘lo femenino’, que cambia con la cultura y a través del tiempo. Debemos aclarar aquí que el debate sobre género comenzó enfocado en las distintas formas de ser hombre y de ser mujer; luego pasó a ocuparse de la experiencia trans; y posteriormente se enfocó en la posibilidad, reclamada por algunas personas, de diversificar su autopercepción de género en nuevas opciones, incluyendo el ‘no binarismo’.
Tradicionalmente, las mujeres fueron educadas para buscar ocupaciones distintas de las científicas; y al revertirse dicha tradición, el interés de estas por la ciencia creció considerablemente. Un análisis más profundo del género evidencia que constituye uno de los determinantes sociales de la salud y el desarrollo humano, cuya situación puede ser transformada para mejorar la salud y el bienestar.
Participación democrática y equitativa
Un tercer y último grupo de temas pareció inquietar al referido parlamentario: La forma en que debería darse acceso a vacantes de formación superior o puestos de trabajo. Coincidimos en que debe responder a criterios de mérito y ajuste al perfil requerido en el puesto, aunque sabemos que, para que ello sea realmente justo, la sociedad debe ser equitativa, asegurando que todas y todos tengan las mismas oportunidades de crecer, aprender y desarrollarse, lo que redundará en que todas y todos aquellos que postulen a vacantes o puestos específicos tengan en general la misma probabilidad de ser seleccionados. ¿Preocupará a nuestro congresista la posibilidad de que las mujeres, al crecer, desplacen a los hombres? No tendría por qué: Las oportunidades de las mujeres no necesitan mejorar a costa de las de los hombres. Ellas y ellos pueden desarrollarse juntos.
Compromiso con el Futuro
Irónicamente, el radical conservadurismo del actual Congreso peruano nos ofreció, a través de su Comisión de Ciencia y Tecnología, el contexto óptimo para un estudio de caso que muestra con elocuencia que el género, categoría conceptual independiente del sexo – aunque relacionada a él, enfocada en lo histórico, social y cultural, permite comprender en parte, por ejemplo, las proporciones en las cuales personas de distinto sexo biológico se interesan por las ciencias (o participan de muchas otras actividades). Sigamos trabajando en la construcción de un entorno en el que todas las personas, independientemente de su sexo o su género, tengan las mismas oportunidades para, a través de la ciencia, contribuir al progreso de la humanidad.
