
El Vaticano ha iniciado la disolución oficial de las instituciones y asociaciones vinculadas al Sodalicio de Vida Cristiana (SVC), una organización que, fundada en 1971 por el laico Luis Fernando Figari, es protagonista del mayor escándalo de abuso dentro de la Iglesia Católica peruana.
El proceso de disolución comenzó con la Fraternidad Mariana de la Reconciliación (FMR), la rama femenina del SVC, que anunció este miércoles su supresión definitiva. Establecida el 25 de marzo de 1991 en Lima, la FMR estaba conformada por mujeres conocidas como “fraternas”, quienes, “respondiendo al llamado de Dios, han consagrado sus vidas al apostolado”.
A lo largo de los años, este grupo participó en una red de control psicológico, abuso y manipulación, dentro de una estructura de poder que, bajo la apariencia de devoción religiosa, ocultaba prácticas profundamente dañinas y violentas.
En su comunicado, la FMR informó que el 1 de abril el sacerdote español Jordi Bertomeu, enviado por el Papa Francisco para investigar los abusos cometidos por el SVC, comunicó el decreto de supresión del SVC a la superiora general, Luciane Vieira Urban, y a la ecónoma general, Florencia Silva Cabrera.

Bertomeu también fue nombrado comisario para llevar a cabo la disolución del grupo apostólico. El decreto, firmado por Sor Simona Brambilla, prefecta del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, fue aprobado el pasado 14 de enero por el pontífice.
“La decisión de suprimir la FMR, así como los otros tres institutos fundados por Figari, está basada en la falta de un carisma de origen divino en el Fundador y en los abusos y comportamientos inapropiados y abusivos de Figari y muchos de sus colaboradores”, señaló el grupo antes de reconocer que no estuvo exento de formas de “abuso psicológico y de conciencia dentro de su comunidad”.
De hecho, el portal Religión Digital informó que Martín Scheuch, exsodálite y víctima del Sodalicio, reveló que cinco fraternas denunciaron abusos sexuales cometidos por sodálites ante el cardenal Juan Luis Cipriani, también denunciado por abuso sexual. Sin embargo, el caso fue silenciado y nunca se hizo público. Además, la exfraterna y periodista Elise Ann Allen describió en un artículo cómo esta rama seguía un patrón de abuso similar al de otras instituciones del SVC.
La carta pública de la FMR recalca el “dolor de todas las personas que han sido afectadas a lo largo de los años por el sistema sectario y las prácticas abusivas que fueron reproducidas dentro de la comunidad” y reitera su “disposición a cooperar con el proceso de reparación y justicia para todas las víctimas, según nos sea indicado”.
“A pesar del dolor que les causa esta decisión, las fraternas han acogido la supresión con docilidad y obediencia filial, manifestando su disposición a colaborar en el proceso de liquidación de bienes y en la supresión de la FMR”, continúa.
La rama femenina añadió que, según lo conversado con Bertomeu, esta supresión “no impedirá que las consagradas que pertenecieron a ella continúen su vida de entrega al Señor, ya sea de manera personal o asociada, conforme al derecho canónico”.
“El comisario también informó que ha nombrado a Luciane Urban como su Delegada Asistente para los acompañamientos personales a las exfraternas, y a Florencia Silva como Delegada Asistente para los asuntos administrativos y la transición de los proyectos”, puntualizó.
Decisiones
En una homilía realizada en febrero pasado en Lima, Bertomeu ya había adelantado que el pontífice le aseguró que la disolución no tenía la intención de castigar a nadie, sino de purificar la institución para conducirla hacia algo mejor. “Me dijo: ‘No es un castigo, es todo lo contrario. Quiero lo mejor de esa gente de buena voluntad que durante muchos años ha hecho un buen camino’”, indicó.

Explicó que, para Francisco, era el momento de “recoger esos pedazos” y salvar lo que fuera posible. “Empecemos algo mucho mejor, habiendo purificado aquellos elementos que debían ser purificados (...) No vengo aquí como sociólogo, político ni economista, sino como un sacerdote que intenta hacer su trabajo mirando al Señor y a los seres humanos con esa mirada de misericordia que solo Dios da para nosotros”, dijo.
Bertomeu también abordó las preocupaciones de los feligreses sobre el futuro de la parroquia donde celebró el rito, la cual está ubicada en La Molina y era presidida por el párroco Juan Carlos Rivva. “Continuará, evidentemente (…) Al final de este proceso, tenemos que encontrarnos radicales en Cristo”, afirmó mientras los presentes aplaudían.