
Perú y Singapur firmaron un acuerdo que marca un hito en la cooperación climática internacional: se trata del primer pacto bilateral de comercio de carbono entre el país asiático y una nación latinoamericana.
Con esta alianza, Perú se posiciona como proveedor estratégico de créditos de carbono, un mercado emergente que podría generar ingresos, promover la conservación ambiental y aportar beneficios directos a comunidades locales.
El convenio permitirá a Singapur adquirir créditos provenientes de proyectos peruanos que contribuyan a reducir o evitar emisiones de gases de efecto invernadero. Esos créditos, equivalentes a una tonelada de dióxido de carbono cada uno, se obtienen mediante acciones como proteger bosques amazónicos o restaurar ecosistemas andinos. A cambio, Perú recibirá inversión extranjera y apoyo técnico que podría traducirse en mejoras sociales, económicas y ambientales en territorios vulnerables.

El acuerdo fue suscrito de forma virtual el pasado martes 1 de abril entre Grace Fu, ministra de Sostenibilidad y Medio Ambiente de Singapur, y Juan Carlos Castro Vargas, ministro del Ambiente de Perú.
Ambos destacaron que este pacto forma parte de los esfuerzos para alcanzar metas nacionales de reducción de emisiones, según lo establecido en el Acuerdo de París. Con esta firma, Singapur suma su cuarto convenio de este tipo, tras los alcanzados previamente con Bután, Ghana y Papúa Nueva Guinea.
De acuerdo con el Ministerio de Comercio e Industrias de Singapur, los proyectos en territorio peruano deberán demostrar no solo beneficios climáticos, sino también un impacto positivo en las comunidades locales. Entre los posibles efectos se mencionan la creación de empleo, el acceso mejorado a agua potable, soluciones energéticas sostenibles y una reducción de la contaminación ambiental.

El gobierno de Singapur también se ha comprometido a aportar el 5 % de los ingresos obtenidos por la compra de créditos, como contribución voluntaria al financiamiento climático en Perú. En otros acuerdos similares, estos fondos se han destinado a medidas como la agricultura resiliente o la gestión del calor extremo, por lo que se espera que el pacto siga una lógica comparable.
Según explicó Castro Vargas, Perú cuenta con amplias reservas naturales que podrían servir como base para los proyectos, entre ellas extensos bosques tropicales y ecosistemas altoandinos. Estos territorios ya han sido identificados como esenciales para mantener el equilibrio climático a escala global.
El potencial de Perú en este mercado no es reciente. Bajo el mecanismo de comercio de carbono del Protocolo de Kioto, el país estuvo entre los quince principales receptores de proyectos, muchos de ellos vinculados a energía hidroeléctrica. Esta experiencia previa podría facilitar la ejecución de nuevas iniciativas bajo los criterios del Acuerdo de París, que exige estándares más rigurosos.

Singapur aún no ha utilizado créditos de carbono para compensar sus emisiones nacionales, pero espera comenzar a hacerlo en el corto plazo. En septiembre de 2024, lanzó una convocatoria global a desarrolladores de proyectos basados en la naturaleza, con el objetivo de adquirir compensaciones equivalentes a al menos 500.000 toneladas de CO₂ por proyecto. Aunque no se ha confirmado si entre las 17 propuestas recibidas figuran proyectos en Perú, el nuevo pacto bilateral abre la puerta a que así sea.
La ministra Grace Fu, quien también ocupa el cargo de Ministra a Cargo de Relaciones Comerciales, señaló que el acuerdo profundiza la relación entre ambos países. “Este pacto fortalecerá la colaboración entre nuestras naciones y respaldará acciones climáticas concretas, al tiempo que generará oportunidades en el mercado global de carbono”, dijo.
Proyectos de alta calidad
Expertos como Kim Jeong Won, investigador del Instituto de Estudios Energéticos de la Universidad Nacional de Singapur, consideran que el acuerdo con Perú podría dar lugar a proyectos de alta calidad centrados en la restauración de selvas tropicales o la protección de cuencas hidrográficas. Estas áreas son fundamentales en el contexto del cambio climático, tanto por su capacidad de absorción de carbono como por su función en la gestión del agua.

No obstante, el desarrollo de estos proyectos exige garantías ambientales y sociales. Kim advirtió que si no se diseñan con rigor, podrían tener consecuencias negativas, como la pérdida de biodiversidad, el desplazamiento de comunidades o incluso la liberación de carbono almacenado, agravando así el problema climático.
Melissa Low, investigadora del Centro de Soluciones Climáticas Basadas en la Naturaleza de la misma universidad, recordó que las compensaciones internacionales deben generar resultados verificables. También señaló que Perú aún no ha actualizado sus objetivos climáticos para 2035, lo que podría afectar la cantidad de créditos que el país decida exportar, ya que parte de ellos podrían reservarse para cumplir metas nacionales más exigentes.
Por el momento, los otros tres convenios bilaterales de Singapur han avanzado a distintos ritmos. El más dinámico es el firmado con Ghana, donde ya se ha convocado a promotores de proyectos a presentar solicitudes de autorización. Mientras tanto, el gobierno singapurense continúa en conversaciones con más de quince países, incluidos Colombia, Malasia y Camboya, con la intención de ampliar su red de acuerdos en esta área.