Mitos y realidades sobre el autismo: ¿Qué debemos saber?

Es conveniente desde el comienzo desvirtuar muchos mitos concernientes a las causas del autismo y a supuestas maneras de curarlo o de reducir sus síntomas

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Día Mundial de la Concienciación
Día Mundial de la Concienciación del Autismo, 2 de abril | Foto composición: Infobae Perú / Pixabay

Las evidencias actuales nos dan una luz de conocimiento que sirve de oportunidad para una mejor comprensión de las personas con autismo, habiendo dejado de lado lentamente los mitos en relación a su identificación. El autismo ha pasado de considerarse como una enfermedad que, por tanto, requiere curación, a entenderse como una condición personal del neurodesarrollo con compromiso emocional y en las relaciones interpersonales. Por ello, es conveniente desde el comienzo desvirtuar muchos mitos concernientes a las causas del autismo y a supuestas maneras de curarlo o de reducir sus síntomas. Así, por ejemplo, no hay evidencia de que el autismo tenga como causa las vacunas ni de que ciertas dietas o suplementos nutricionales puedan “curarlo”.

Más bien, actualmente la intervención profesional en autismo se orienta a un programa psicoeducativo para el desarrollo de comportamientos socioemocionales que se ajusten a las exigencias del medio a lo largo de la vida, lo que incluye el aprendizaje de habilidades de afrontamiento emocional, social y conductual.

El autismo es una condición permanente, que consiste en que la persona presenta características particulares en sus interacciones y en sus respuestas académicas y sociales, las cuales son moldeadas en función de las habilidades que pueda adquirir para conducirse con éxito e integrarse a su entorno familiar y social.

No se descarta que una persona con autismo pueda tener dificultades cognitivas como un elemento asociado a su condición; sin embargo, las evidencias empíricas han demostrado que esto no es algo universal, muchas personas con esta condición presentan incluso cocientes intelectuales superiores y talentos excepcionales, que los diferencian positivamente de otras personas dentro de su mismo grupo etario. Por ello, es un mito la creencia de que el autismo está necesariamente asociado a deficiencia intelectual.

La conducta social de espontaneidad asociada con algunos ingredientes de impulsividad probablemente creó el mito de que una persona con autismo puede ser agresiva. Sí es cierto que esta condición comprende, en algunos casos, y en mayor o menor grado, conductas y actitudes de desconexión del mundo externo, tales como la molestia a la intensidad sensorial o el rechazo del contacto físico no habitual u otras molestias sensoriales a todo lo cual responde con evitación, pero con el desarrollo de habilidades sociales y adaptación a eventos sensoriales las personas con autismo logran un funcionamiento más adecuado.

El haber focalizado nuestra atención en estas conductas de desconexión ha conducido al mito de que todas las personas con autismo carecen por completo de interés y habilidad para comunicarse. La realidad es que es necesario comprender las diferentes formas de expresarse de las personas con autismo y debe ser para los demás una responsabilidad comprender y elegir un medio para interactuar con ellas. Por ello, actualmente es muy necesario implementar el aprendizaje de habilidades de interacción entre la persona con autismo y los miembros de la familia o de un entorno académico o laboral.

Los padres, educadores y quienes tiene la oportunidad de relacionarse con una persona con autismo, deben considerar una prioridad respetar esta condición, psicoeducar a quienes les rodean acerca de las fortalezas que poseen las personas con autismo y fomentar la conciencia de que cada uno de nosotros es un elemento crucial para lograr la mejor adaptación de dichas personas en nuestra sociedad.