En un impactante caso de violencia en el Callao, un sicario de solo 14 años, conocido como Chato, confesó ante la Policía la razón detrás del asesinato de María Fernanda Caycho Meza, una joven de 18 años, hija del reconocido salsero Omar Caycho. El asesinato, ocurrido el jueves 27 de marzo, se enmarca en un ajuste de cuentas entre bandas criminales, en un contexto de creciente violencia juvenil en el país.
El crimen: un ajuste de cuentas mal ejecutado
El crimen ocurrió en plena luz del día, cuando Chato disparó contra una pareja de jóvenes en el Callao, sin mostrar remordimiento alguno por la violencia desatada. Según sus propias palabras, el objetivo inicial era el joven que acompañaba a María Fernanda, conocido en su círculo como Pollo. Sin embargo, su plan se desvió de manera inesperada.
“Yo no la conocía. Le cayó a ella porque abrazó al chico. Tampoco sé cómo se llama él. Un amigo me dijo que lo mate. A él le dicen ‘Pollo’”, confesó Chato ante las autoridades, dejando claro que la muerte de la joven fue el resultado de un incidente fortuito, pues su intención era eliminar al joven, no a ella.

La policía ha calificado el asesinato como parte de una disputa entre bandas criminales que operan en la zona, donde menores de edad son utilizados para llevar a cabo ajustes de cuentas. A pesar de las estrictas medidas de emergencia en la región, el caso pone de manifiesto cómo la violencia sigue siendo una constante, incluso en un contexto donde se espera una mayor vigilancia.
El sicario adolescente: perfil de un menor al servicio del crimen
El adolescente, identificado como Chato, recibió la orden de ejecutar un sicariato, una tarea que cumplió con frialdad y sin la mínima empatía. Subido en la parte trasera de una bicicleta, disparó entre 9 y 10 veces contra su objetivo, sin importar las personas que pudieran ser testigos del hecho.
“Estaba acompañado de un amigo, al que le dicen ‘Popeye’, él manejaba la bicicleta. Es la primera vez que uso un arma de fuego. Era una CZ”, relató el menor, revelando detalles sobre el arma utilizada en el crimen y su falta de experiencia previa en este tipo de actos. A pesar de su inexperiencia, Chato no dudó en cumplir con la orden que le dieron, demostrando el poder que las organizaciones criminales tienen sobre jóvenes como él, quienes son fácilmente manipulables.

El escape fallido y la detención
Después de cometer el asesinato, Chato y su acompañante intentaron huir del lugar, pero la persecución por parte del serenazgo y la Policía Nacional de Perú (PNP) no se hizo esperar. En su intento por escapar, Chato disparó contra un agente de la Policía, lo que elevó aún más la gravedad de los hechos. Finalmente, fue detenido en una operación conjunta entre la policía y el serenazgo.
Las pruebas de absorción atómica realizadas al menor confirmaron la presencia de residuos de plomo en sus manos, lo que corroboró su participación en el asesinato. Este hecho ha levantado nuevas preocupaciones sobre el rol que desempeñan los menores en las organizaciones criminales y la facilidad con la que son utilizados para cometer delitos violentos.
María Fernanda Caycho Meza: una vida truncada
María Fernanda Caycho Meza, la víctima mortal, celebraba su cumpleaños número 18 apenas un día antes del ataque. La joven fue alcanzada por las balas mientras intentaba proteger a su enamorado, un adolescente de 17 años, quien también resultó herido en el ataque y sigue luchando por su vida en el hospital.
La tragedia ha dejado devastada a la familia Caycho, especialmente a su padre, el conocido cantante de salsa Omar Caycho, quien se ha visto obligado a afrontar la pérdida irreparable de su hija en circunstancias tan trágicas. En medio de su dolor, se ha pronunciado públicamente, exigiendo justicia para su hija y denunciando la violencia desenfrenada que aqueja al Callao.

La preocupación por el futuro de los menores infractores
El caso de Chato ha puesto en evidencia una problemática alarmante: el reclutamiento de menores de edad por parte de organizaciones criminales para realizar trabajos violentos, como sicariatos. Este fenómeno pone en primer plano el creciente uso de jóvenes en el crimen organizado, un problema que afecta a diversas comunidades del país, especialmente en zonas como el Callao.
Las autoridades han expresado su preocupación sobre la manera en que las bandas criminales manipulan a estos menores, quienes son entrenados para ejecutar asesinatos sin mostrar ninguna forma de arrepentimiento. La pregunta que surge es cómo se debería abordar este fenómeno y qué medidas tomar para evitar que estos jóvenes sigan siendo parte de un ciclo de violencia sin fin.
¿Cuáles son las principales causas del reclutamiento de menores en organizaciones criminales?
- Pobreza y exclusión social La falta de acceso a recursos básicos, oportunidades laborales y servicios públicos de calidad expone a los menores a contextos donde las bandas criminales representan una alternativa de sustento económico.
- Desintegración familiar y abandono Muchos adolescentes provienen de hogares con violencia, negligencia o ausencia de figuras parentales, lo que facilita su captación por grupos que les ofrecen sentido de pertenencia y protección.
- Falta de acceso a educación y oportunidades formativas El abandono escolar o la baja calidad educativa dejan a los menores sin herramientas para aspirar a otros caminos, haciéndolos más vulnerables al adoctrinamiento criminal.
- Normalización de la violencia en el entorno Vivir en zonas donde el crimen es cotidiano y los líderes de bandas son figuras admiradas convierte la violencia en una forma aceptada de resolver conflictos o conseguir respeto.
- Impunidad y debilidad del sistema judicial Las organizaciones criminales aprovechan las limitaciones legales para reclutar menores, sabiendo que las penas son más leves o que no hay una respuesta efectiva del Estado.
- Promesas falsas y manipulación psicológica Los menores son atraídos con promesas de dinero fácil, poder o prestigio, sin comprender completamente las consecuencias legales y personales de sus actos.
- Ausencia de políticas preventivas eficaces La falta de programas integrales de prevención en zonas de riesgo contribuye a que el crimen organizado avance sobre una población juvenil desatendida.