
El cardenal Juan Luis Cipriani, sancionado por el Vaticano debido a una denuncia de abuso sexual, volvió a exiliarse en Madrid y, desde allí, envió este viernes una carta a la Conferencia Episcopal Peruana para pedir que rectifique un comunicado emitido en enero pasado, en el que expresó su apoyo al denunciante y respaldó la “sabia decisión” del papa Francisco de imponerle “limitaciones ministeriales”.
Cipriani, quien se encuentra en ese país debido a un precepto penal impuesto por el pontífice en 2019 —que lo ordenaba al exilio y le prohibía llevar símbolos cardenalicios y hacer declaraciones públicas—, señaló que la declaración de los obispos peruanos es “falsa”, ya que no se ha “comprobado nada”.
“No ha habido un juicio, no se han presentado pruebas, no se me ha permitido defenderme, no hay testigos, ni nada. El Decreto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que es reservado, menciona que existe un fumus delicti. Es decir, posibles indicios que no han sido comprobados porque no se me ha sometido a un juicio que me garantice el derecho a la defensa”, señaló.
No obstante, el diario El País, que destapó el caso, indicó que el denunciante envió una carta que fue leída por el propio pontífice. Además, el vicario regional del Opus Dei en Perú, Ángel Gómez-Hortigüela, admitió que el sobreviviente intentó reunirse con él en 2018 para denunciar los abusos, pero él se negó a recibirlo, lo que lamentó públicamente.
El cardenal aclaró en su misiva que su dimisión no implicaba que haya dejado el ministerio episcopal, como afirmó la Conferencia, sino que pasó a la condición de obispo emérito sin una jurisdicción. “El comunicado relaciona la aceptación de mi renuncia con el imponerme algunas limitaciones ministeriales. Olvida, o no toma en cuenta, que el Decreto es de once meses después de mi renuncia en el mes de diciembre de 2019, sin relación alguna con mi renuncia y además con una fundamentación jurídica muy extraña”, agregó.
De acuerdo con el portavoz del Vaticano, Matteo Bruni, Cipriani enfrenta medidas disciplinarias relativas a su actividad pública, su lugar de residencia y el uso de insignias, las cuales fueron firmadas y aceptadas por él, y se “mantienen vigentes”. Sin embargo, el cardenal insiste en su inocencia.
“Han pasado dos meses desde mi carta anterior sin que se haya producido la rectificación. Por ello, he decidido hacer pública esta situación ante todos los miembros de la Conferencia Episcopal, tanto los obispos en actividad como los obispos eméritos. El daño causado no solo afecta la honra de un cardenal, sino también a los fieles que ustedes deben pastorear. Apelo a su honradez para que rectifiquen este grave error y el daño causado, ya sea por ignorancia o por otros motivos”, solicitó.

Según El País, el caso comenzó en el verano de 2018, cuando el denunciante, ahora de 58 años, acusó a Cipriani de haberlo abusado cuando durante su adolescencia, en 1983, en un centro del Opus Dei en Lima. El sobreviviente afirmó que ya había informado a la organización en ese entonces, pero no se tomaron medidas, de modo que el abuso permaneció oculto por 35 años.
“Desacato al Vaticano”
A pesar de enfrentar la sanción vaticana, el cardenal reapareció en Perú el 7 de enero, cuando el alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, le otorgó la Medalla Orden al Mérito en el grado de Gran Cruz “por su incansable labor pastoral, académica y eclesiástica”.
La periodista Paola Ugaz, coautora de ’Mitad monjes, mitad soldados’, consideró que esta reaparición representó un aumento del miedo entre el denunciante “y otras personas que lo han acusado”, además de un “claro desacato” al precepto penal que le fue impuesto.
“Es increíble que el cardenal emérito siga desafiando al Papa. Él sigue negando todo y atacando al Papa. Es una excelente decisión que el cardenal Carlos Castillo y la Conferencia Episcopal Peruana hayan apoyado al Papa, dado que Cipriani está desobedeciendo abiertamente al Santo Padre”, dijo a Infobae Perú.
A la fecha, el Comité de Derechos del Niño de las Naciones Unidas recomendó al Estado peruano establecer una comisión de la verdad para investigar los casos de abuso sexual infantil dentro de la Iglesia Católica.
Por su parte, la mediática monja argentina Sor Lucía Caram declaró que el grupo apostólico Sodalicio de Vida Cristiana (SVC), disuelto por el Papa Francisco a raíz de una serie de denuncias e investigaciones por abusos, y Cipriani han convertido a la Iglesia Católica en “una cueva de bandidos”.