En la costa del distrito de Nuevo Chimbote (Áncash), una playa esconde un peligro silencioso. Y es que la playa Atahualpa, el nombre de este lugar, con su oleaje imponente y aguas traicioneras, se ha convertido en un escenario de tragedias recurrentes.
A simple vista, su extensión arenosa y el murmullo del mar invitan al descanso, pero la realidad que acecha bajo sus aguas es otra. Y esta es su historia.
Un destino marcado por la tragedia

Desde siempre, la Playa Atahualpa ha estado salpicada de luto. Familias que llegan en busca de diversión han terminado enfrentando el horror de la desaparición de seres queridos. Solo en los últimos años, el mar ha cobrado la vida de bañistas, pescadores y rescatistas.
Por ejemplo, en julio de 2023, un pescador perdió la vida, sumándose a una lista de víctimas que, lejos de disminuir, sigue aumentando.
El peligro de Atahualpa radica en sus fuertes corrientes envolventes. Estas fuerzas invisibles pueden arrastrar en segundos a cualquier desprevenido. El Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción de Riesgos de Desastres la ha declarado una zona de alto riesgo, pero a pesar de las advertencias, muchos siguen desafiando su furia.
Avisos ignorados y advertencias invisibles

A la entrada de la playa, carteles de advertencia indican la peligrosidad de sus aguas. Sin embargo, muchas familias desestiman las señales. Durante los fines de semana, grupos enteros se instalan en la orilla, permitiendo incluso que los niños se acerquen al mar sin supervisión. Padres de familia, cegados por la aparente tranquilidad del oleaje superficial, se adentran en sus aguas sin imaginar que podrían no volver.
La imprudencia y la falta de conocimiento sobre las características de la playa han sido factores determinantes en muchas tragedias. Los lugareños conocen bien su historia y evitan sumergirse en ella, pero los visitantes, atraídos por su atractivo visual, desconocen la amenaza que los acecha.
El mar que engulle vidas

Los rescatistas que han trabajado en la zona describen la fuerza de las corrientes como una bestia indomable. “No es un mar cualquiera”, aseguran. Las olas pueden parecer normales, pero bajo la superficie se esconde una trampa de remolinos que no distingue entre expertos nadadores y turistas desprevenidos.
Uno de los casos más impactantes ocurrió cuando un joven padre de familia y sus hijos fueron arrastrados por las aguas. Los serenos lograron rescatar a los menores, pero el adulto fue encontrado sin vida días después por pescadores. En otra ocasión, un pescador de 33 años murió al caer de su embarcación, víctima de la misma fuerza que intentaba desafiar.
El abandono de una playa olvidada

La playa Atahualpa no solo es peligrosa por su mar impredecible, ya que también cuenta con varias instalaciones abandonadas y que dan cuenta de una historia de esplendor ahora perdida.
Antaño, el lugar era sede de conciertos y actividades turísticas. Sin embargo, las muertes constantes y la mala reputación hicieron que la zona cayera en el olvido.
Antiguos puestos de vigilancia y servicios higiénicos hoy son estructuras en ruinas. El área que alguna vez fue destinada a salvavidas se encuentra desierta, una muestra más del descuido de las autoridades frente a un problema que sigue vigente.
Una lección de conciencia

El mar de Atahualpa sigue siendo testigo de imprudencias y tragedias. Aunque la naturaleza es implacable, la responsabilidad recae en quienes la desafían sin precaución. Cada cartel ignorado, cada advertencia desoída, aumenta la posibilidad de una nueva víctima.
Concientizar a la población sobre los peligros de la playa es crucial. No basta con restricciones si no hay un cambio de mentalidad. Atahualpa no es una playa común: es una trampa mortal disfrazada de paraíso. Y mientras el mar siga rugiendo, la advertencia seguirá en pie para quienes deseen escucharla.