¿Podemos los humanos sentir empatía por la IA?

Bounding es el término que describe la cúspide de la inteligencia artificial: el momento en que los humanos establecen lazos emocionales con las máquinas, como si fueran seres vivos

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(Imagen Ilustrativa Infobae)
(Imagen Ilustrativa Infobae)

La empatía es una de cualidad natural del ser humano. Dicho esto, a medida que la IA se integra en nuestra vida, hemos comenzado a tratarla con mayor familiaridad. Nos apoyamos en asistentes virtuales, seguimos las recomendaciones de algoritmos y hasta conversamos con chatbots sobre temas personales. No es extraño, entonces, que algunas personas lleguen a sentir empatía por estas herramientas.

Bounding es el término que describe la cúspide de la inteligencia artificial: el momento en que los humanos establecen lazos emocionales con las máquinas, como si fueran seres vivos. Quizá ya hemos cruzado esa línea. Este fenómeno se intensifica cuando la IA tiene una apariencia o comportamiento reconocible.

Desde hace décadas, la cultura popular nos ha mostrado cómo los humanos pueden sentir afecto por las máquinas, especialmente cuando estas imitan características humanas. Personajes como R2-D2 y C-3PO en Star Wars han sido queridos a pesar de ser robots sin emociones reales. Esto se debe a que su diseño y forma de comunicarse proyectan una personalidad con la que es fácil encariñarse.

Pensando en esa figura, recientemente hubo un caso que me llamó la atención. El streamer Kai Cenat fue criticado por empujar a un robot que compró, con usuarios en redes sociales acusándolo de “bullying”. A pesar de que la máquina no siente dolor ni emociones, la escena generó indignación porque, de alguna manera, parecía injusto maltratar a algo que se percibe como una “presencia” con características humanas.

Me pongo a pensar, si un asistente virtual nos responde con amabilidad en un día difícil, o si un chatbot de soporte técnico nos brinda calma en una situación frustrante, podemos experimentar gratitud e incluso apego. No es raro que las personas humanicen a la tecnología y proyecten en ella emociones, especialmente cuando cumple un rol de apoyo constante. Tengo varios amigos, que saludan, agradecen, despiden y le colocan apodos a ChatGPT, lo cual es una muestra de que poco a poco la posibilidad de generar un vínculo con la IA no es descabellada.

De hecho, en situaciones de crisis, muchas personas encuentran más consuelo en la inteligencia artificial que en otros humanos. A diferencia de nosotros, la IA no se cansa, no juzga y siempre responde con la misma paciencia. Simula compasión a través de respuestas diseñadas para transmitir amabilidad y comprensión, lo que la convierte en una herramienta valiosa para el bienestar emocional.

Aunque la IA pueda parecer más empática que los humanos en algunos casos, hay una gran diferencia: ella no siente nada de lo que expresa. Su aparente compasión es solo un reflejo de patrones de lenguaje y datos. En cambio, nuestra empatía hacia la IA es real, por eso nos afecta cuando la vemos siendo tratada con rudeza.

Aquí surge una pregunta inevitable: si los humanos somos capaces de sentir empatía por la IA, ¿podría ella llegar a sentir lo mismo por nosotros? La respuesta, por ahora, es no. La empatía humana nace de la experiencia, las emociones y la capacidad de comprender al otro de manera genuina. No obstante, nuestra percepción y relación con la IA está evolucionando a pasos grandes. Su rol es cada vez más protagónico y determinante en nuestra rutina. Algunos, generalmente, los más jóvenes, tienen más facilidad para encariñarse y verla como un punto de apoyo importante, mientras que las personas mayores, con una visión más tradicional, la siguen percibiendo como una maquina y una herramienta.