
En Lima, las trabajadoras sexuales son víctimas de un ciclo de extorsión sin fin. Mujeres como ‘Paulina’, quien lleva 15 años trabajando en las calles de la ciudad, se enfrentan cada día al terror de ser asesinadas si no pagan las cuotas que los miembros del ‘Tren de Aragua’, la estructura criminal más poderosa de Venezuela, exigen por el “derecho” a laborar en determinadas zonas de la capital. “Me dijeron que eran del Tren de Aragua, y que si no pagábamos las cuotas, nos matarían”, recuerda Paulina, quien comenzó a recibir mensajes amenazantes a través de WhatsApp, donde los criminales le exigían hasta 400 soles (aproximadamente 100 dólares) solo para poder seguir trabajando.
La extorsión no es un simple cobro, es un contrato de miedo. Las mujeres son forzadas a pagar de manera semanal una cuota que puede variar entre 150 y 250 soles, y si no pueden cubrir el monto completo, enfrentan represalias, amenazas y violencia. “Si no te gustan las reglas, mejor vete de la zona si no quieres morir”, fue uno de los mensajes que ‘Paulina’ recibió de los extorsionadores.
Mientras el Tren de Aragua controla el cobro de estas cuotas, su presencia está marcada por una violencia que atemoriza a toda una comunidad. Según el informe de InSight Crime, “The Women Ensnared in Tren de Aragua’s Criminal Web in Peru” (Las mujeres atrapadas en la red criminal del Tren de Aragua en Perú), este grupo sanguinario de alcance transnacional no duda en llevar a cabo asesinatos como advertencia, y las autoridades, en su mayoría, permanecen inactivas ante esta escalofriante realidad.
* Los nombres de las mujeres en el reporte fueron cambiados por InSight Crime para proteger sus identidades.
La mujer como víctima y cómplice: Cómo el Tren de Aragua usa a las propias víctimas para controlar a otras

El Tren de Aragua, una organización altamente jerarquizada, ha perfeccionado el uso de víctimas para manipular y someter a nuevas personas. En este sentido, las mujeres explotadas en Lima sufren el abuso directo de los criminales, y además son utilizadas para reclutar a otras, sosteniendo y expandiendo el alcance de la red. Las llamadas “reclutadoras” son mujeres que, después de ser víctimas de trata y explotación, deben llevar a nuevas mujeres al círculo de la violencia.
Estas “reclutadoras” son vitales para el funcionamiento de la organización, ya que pueden engañar a otras mujeres con promesas de trabajo o mejores condiciones, perpetuando el ciclo de trata de personas y abuso. La manipulación es tan extrema que muchas veces las mujeres explotadas ni siquiera se percatan de que están colaborando con sus propios opresores. ‘Roxi’, una trabajadora sexual venezolana, describe cómo una mujer fue utilizada para engancharla en el circuito de la extorsión. “Una mujer se juntó con un venezolano y le enseñó cómo cobrar cuotas, y él se encargó de todo”, recuerda.
Esta situación demuestra que la violencia y la manipulación no solo provienen de los miembros del Tren de Aragua; también de aquellas que, por miedo, se convierten en cómplices involuntarias de los criminales. Este proceso de victimización es aún más doloroso para las mujeres migrantes, especialmente para las venezolanas, quienes son objeto de discriminación y abuso debido a su estatus migratorio irregular. La falta de apoyo y protección del Estado las deja aún más vulnerables a caer en las redes del Tren de Aragua.
Resistencia y desesperanza: Las pocas escapatorias en un sistema criminal imparable

A pesar de la pesadilla que enfrentan día a día, algunas mujeres logran escapar de la trampa del Tren de Aragua. ‘Isabel’, por ejemplo, fue víctima de trata cuando llegó a Perú con la promesa de un empleo en una tienda. Pero pronto se dio cuenta de que había caído en una red de explotación, donde le exigían trabajar en bares de prostitución para pagar una deuda de más de 4,000 dólares.
La violencia contra ella fue extrema. ‘Isabel’ fue secuestrada, torturada y amenazada de muerte por los mismos hombres que la habían forzado a trabajar. “Me hicieron poner las manos en la mesa y me pegaron con la empuñadura de una pistola”, relata. Tras dos intentos fallidos de escapar, finalmente fue atacada a tiros, pero logró sobrevivir. Las secuelas físicas y psicológicas que dejó este ataque son profundas. A pesar de su intento de escapar, la situación para Isabel no fue sencilla: la persecución y las amenazas continuaron incluso después de que ella logró llegar a la policía.
Sin embargo, el caso de ‘Isabel’ es una excepción, ya que muchas mujeres nunca encuentran una salida. Las autoridades peruanas, si bien han lanzado algunas operaciones de rescate, enfrentan grandes dificultades para desmantelar las redes de trata que el Tren de Aragua ha tejido en todo el país. En el 2023, la Policía Nacional del Perú (PNP) rescató a más de 2.500 personas, pero solo el 5% de los casos ha avanzado a investigaciones serias. Las fuerzas del orden aún están lejos de poder garantizar la seguridad y la justicia para estas mujeres, quienes siguen siendo invisibles ante la mirada de muchos.
Asimismo, la mayoría de las mujeres atrapadas en redes como la de Tren de Aragua carecen de los medios para escapar. Muchas de ellas, especialmente las venezolanas, no confían en las autoridades debido a la discriminación y el riesgo de ser deportadas. La falta de recursos y el control absoluto de estas mafias sobre las víctimas se convierte en una prisión invisible de la que pocas logran salir.


