
Si hay alguien cuya huella en la música criolla, y en la cultura peruana en general, ha quedado como indeleble por toda la eternidad, ese sin lugar a dudas es el siempre recordado Arturo “Zambo” Cavero.
Desde su aparición en la escena musical nacional, ni su voz ni su figura pasaron desapercibidos y marcaron un hito en las artes de este Perú tan variopinto en sus expresiones culturales. Y hoy que se recuerda en aniversario luctuoso número 14 de su desaparición, es necesario recordar su legado y su influencia en la vida de todos los peruanos.
Sus primeros pasos

Nacido en el corazón de la capital peruana, Lima, en un callejón conocido como la Banderita Blanca, el 29 de noviembre de 1940, Cavero era hijo de Juan Cavero, oriundo de Huaral, y Digna Velásquez, natural de San Luis de Cañete, un enclave de la rica cultura afroperuana.
Bautizado como ‘Zambo’ el periodista de espectáculos Guido Monteverde, Cavero comenzó su andadura musical a los 14 años, cuando se sumergió en el mundo de la percusión junto a su maestro Juan Criado. Y durante muchos años, el cajón fue su instrumento, hasta que la obesidad que enfrentó más tarde le impidió continuar con esta pasión.
Era profesor

Tanto llegó a ser el amor que sentía por la música, que vio en ella el mejor camino para seguir su otra pasión, que era la educación. Es por eso que con tan solo 21 años se convirtió en profesor de primaria, graduándose en el Instituto Nacional Pedagógico.
Más tarde, obtuvo su licenciatura en educación en la Universidad Federico Villarreal y se especializó en administración de la educación en la Universidad de Lima, así como en retardo mental y problemas en el aprendizaje. Estos últimos cursados en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. De igual manera, su tesis de maestría fue titulada “El folklore y la educación”. Su dedicación a la enseñanza le valió el reconocimiento con las Palmas Magisteriales.
Con todo a la música

Cumplido su sueño de convertirse en maestro a tan corta edad, todavía le faltaba llenar un vacío en su corazón. Ese era el de subirse a un escenario y entregar el arte que había aprendido desde la cuna.
Piezas como “Cada domingo a las doce, después de la misa”, la primera que Polo Campos compuso para ellos, “Y se llama Perú” y “Contigo Perú” se convirtieron en himnos de identidad peruana. Es más, “Contigo Perú” es considerado el segundo himno nacional del país, por su poder de evocar el espíritu de la nación.
Premios por todo el mundo

En 1976, en el VI Festival de Arte Negro de Cañete, Cavero y el guitarrista Pepe Villalobos fueron galardonados con el máximo premio por su emotiva interpretación de “La Carimba”.
Más adelante, el 3 de junio de 1987, en Washington D. C. (Estados Unidos), el “Zambo” recibió un merecido reconocimiento de la Organización de los Estados Americanos, en compañía de destacados músicos peruanos como Luis Abanto Morales, Jesús Vásquez, Óscar Avilés y Augusto Polo Campos. Este premio honró su contribución a la música de las Américas, un testimonio de su impacto en la escena musical internacional.
La influencia de Arturo “Zambo” Cavero se extendió incluso a la arena política. Durante la campaña presidencial de 2001 en Perú, se unió en un spot publicitario al candidato aprista Alan García, donde juntos entonaron “Y se llama Perú”, un gesto de apoyo que resaltó la importancia de la música criolla en la vida política del país.
‘Zambo’ para siempre

A pesar de todos sus logros conseguidos a lo largo de los años, la salud de Cavero comenzó a deteriorarse, especialmente debido a su sobrepeso.
Lamentablemente, el 9 de octubre de 2009, a las 12:55 horas, Arturo “Zambo” Cavero falleció, dejando un vacío inmenso en la música criolla peruana. Sus restos fueron velados en el Museo de la Nación y numerosas personalidades, incluido el cantante panameño Rubén Blades, le rindieron homenaje.
El día de su entierro, el 11 de octubre, fue declarado duelo nacional, y se le otorgó póstumamente la Orden del Sol en grado de Gran Cruz. Además, recibió honores en la Municipalidad de Lima y en el Congreso de la República. Como miembro de la Hermandad del Señor de los Milagros, su féretro fue llevado por la primera cuadrilla en un emotivo adiós hasta el cementerio Los Jardines de la Paz, lugar en donde descansan sus restos.



