
El sistema bancario panameño arrancó 2026 con señales de solidez, liquidez y crecimiento sostenido. Según el más reciente Informe de Actividad Bancaria de la Superintendencia de Bancos, los depósitos del Centro Bancario Internacional (CBI) alcanzaron los $117,466 millones, un aumento de 8% interanual, lo que refleja una mayor confianza de clientes locales y extranjeros en la plaza financiera.
Este crecimiento se da en un contexto donde el sistema continúa operando con niveles prudenciales adecuados y una estructura financiera que sigue fortaleciendo su base.
Uno de los elementos más relevantes es que el crecimiento del sistema estuvo impulsado principalmente por los depósitos externos, que aumentaron 13.9%, muy por encima del crecimiento de los depósitos internos.
Este comportamiento confirma el rol de Panamá como un centro financiero regional, donde recursos provenientes del extranjero siguen encontrando oportunidades de colocación.
Además, los depósitos de particulares, tanto residentes como no residentes, continúan siendo el principal pilar del fondeo bancario, lo que aporta estabilidad al sistema.

En paralelo, el tamaño del sistema también siguió expandiéndose. El activo total neto del CBI alcanzó los $163,327 millones, con un crecimiento de 5.6% interanual, lo que evidencia una expansión ordenada del balance.
Este crecimiento estuvo acompañado por un aumento en las inversiones en valores, que subieron a $36,165 millones, y por una mejora en la estructura de financiamiento, donde los depósitos ganan mayor peso frente a otras obligaciones.
El crédito también mantuvo una trayectoria positiva, aunque con matices importantes. La cartera crediticia neta llegó a $100,348 millones, con un crecimiento de 5.4%, impulsado principalmente por el crédito externo, que aumentó 13.8%.
Esto confirma que el sistema bancario panameño sigue actuando como una plataforma de intermediación regional, canalizando recursos hacia operaciones fuera del país, mientras el crédito interno avanza a un ritmo más moderado.
Dentro del mercado local, el dinamismo se concentra en sectores clave. El crédito a consumo personal, hipotecas y comercio continúa liderando la actividad, consolidándose como los principales motores del financiamiento interno.

En contraste, sectores como la construcción y la industria registraron caídas, reflejando un comportamiento más cauteloso por parte de los bancos ante actividades con mayor sensibilidad económica.
En términos de calidad de cartera, el sistema mantiene indicadores relativamente estables. La cartera vencida se ubicó en 2.22%, prácticamente sin cambios frente al año anterior, lo que indica que, pese al crecimiento del crédito, el nivel de incumplimiento se mantiene controlado.
Sin embargo, la morosidad temprana mostró un leve aumento, pasando de 1.43% a 1.57%, una señal que los bancos están monitoreando de cerca para evitar deterioros futuros.
La rentabilidad, por su parte, se mantuvo estable, aunque con ajustes internos relevantes. La utilidad neta del sistema alcanzó los $253.6 millones, con un crecimiento marginal de 0.2%, pero con un dato clave: la utilidad antes de provisiones creció 8%, lo que evidencia una fuerte capacidad operativa.
La diferencia se explica porque los bancos decidieron aumentar sus provisiones en más de 65%, reforzando sus reservas frente a posibles riesgos.
Este enfoque refleja una estrategia clara: priorizar la resiliencia del sistema por encima de la rentabilidad de corto plazo.
Es decir, aunque los bancos ganan más a nivel operativo, están destinando esos ingresos a fortalecer su balance, lo que les permite enfrentar mejor eventuales cambios en el entorno económico o financiero.

En materia de liquidez, los números son contundentes. El índice de liquidez legal se ubicó en 56.15%, muy por encima del mínimo regulatorio de 30%, lo que confirma que el sistema tiene capacidad suficiente para responder a obligaciones de corto plazo.
Además, los activos líquidos superaron los $18,500 millones, reforzando ese colchón financiero.
Otro indicador clave es la relación entre crédito y depósitos, que bajó a 85.4%, lo que significa que los depósitos están creciendo más rápido que los préstamos.
Este comportamiento mejora la holgura financiera del sistema y reduce riesgos de liquidez, en un contexto internacional donde las tasas de interés siguen ajustándose.
En términos de capital, el sistema también muestra fortaleza. El índice de adecuación de capital se ubicó en 16.27%, más del doble del mínimo exigido, lo que confirma que los bancos cuentan con un amplio margen para absorber pérdidas inesperadas.
Este nivel de capitalización es uno de los principales respaldos de la estabilidad del sistema bancario panameño.

En conjunto, los resultados de enero de 2026 reflejan un sistema bancario que crece, se fortalece y se protege al mismo tiempo. La combinación de mayor liquidez, expansión del crédito, aumento de depósitos y fortalecimiento de provisiones configura un escenario de estabilidad, aunque con señales de vigilancia en aspectos como la morosidad temprana y la evolución de ciertos sectores económicos.
El reto hacia adelante será mantener ese equilibrio. El sistema deberá seguir gestionando con cuidado el crecimiento del crédito externo, la dependencia de depósitos internacionales y el impacto de las condiciones financieras globales.
Por ahora, los datos confirman que la banca panameña inicia el año con una base sólida y con capacidad para adaptarse a un entorno cada vez más exigente.
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