Soluciones tecnológicas a nuestras crisis económicas

La historia argentina enlaza el Rodrigazo, la hiperinflación de 1989, el Plan Bonex, el Corralito y el cepo cambiario con una misma falla sobre el ahorro

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La autocustodia devuelve al usuario el control de sus fondos y busca evitar congelamientos o canjes forzosos como los del Corralito y el Plan Bonex (Reuters)
La autocustodia devuelve al usuario el control de sus fondos y busca evitar congelamientos o canjes forzosos como los del Corralito y el Plan Bonex (Reuters)

La historia económica argentina es un libro abierto, atravesado por generaciones de desencantos, algunos aciertos y eventualidades. Pero las nuevas tecnologías podrían destrabar la causa de las crisis. Así, conceptos como liquid staking, autocustodia, fixed supply, open source y permission-less, garantizados mediante el cómputo de la tecnología, que en su taxonomía se denominaba como blockchain, presentan soluciones alternativas.

Pero hace 50 años estos conceptos no existían. En 1975 mi abuelo cerró su fábrica de autos en La Plata, donde se fabricaba el primer Dune Buggy Argentino “Puelche”, por culpa del Rodrigazo, donde salían más caras las partes del auto y su ensamble que el producto final.

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Sin embargo, la problemática económica no finaliza allí. La hiperinflación de 1989 es un recuerdo que reside en la memoria de muchos argentinos, tanto familiares cercanos como el mismo presidente de la nación, cuentan abiertamente en sus recuerdos de juventud cómo se remarcaban los precios constantemente, incluso mientras esperaban la fila del supermercado.

Luego vino el año 1990, cuando se dio a conocer el famoso “Plan Bonex”, donde se canjearon compulsivamente los depósitos a plazo fijo en pesos (australes) por bonos en dólares (los “Bonex 89”) a 10 años. Buscaba frenar la hiperinflación absorbiendo dinero de la economía, pero afectó duramente los ahorros de la gente. Fue una confiscación de hecho del ahorro privado donde muchas veces los bonos eran vendidos a precios de remate por necesidad de liquidez.

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Once años pasaron, para que luego mi padre, con un reciente bebé en brazos, encontrara la imposibilidad de acceder a sus ahorros, en un pasado diciembre de 2001. Y luego me tocó a mí, un joven argentino insertado en el mercado laboral, que no podía acceder al mercado de divisas extranjeras ni a transacciones internacionales bajo el gobierno de Alberto Fernández.

Tres generaciones, cinco crisis y una eventual solución

Al principio parecía no existir una forma eficiente que, bajo las disposiciones del contrato social argentino, pueda cumplirse la voluntad de parte. Hasta que, por recomendación de un amigo, hoy ingeniero, me invitó a leer unos papers extremadamente interesantes sobre IO Research, sobre una blockchain llamada Cardano, que, a través de su infraestructura tecnológica, garantizaba pragmáticamente por protocolo un conjunto de conceptos teóricos llevados por primera vez a la práctica.

Por ejemplo, una red permission-less. Se trata de aquella en la que cualquier persona puede participar, enviar y recibir valor sin solicitar autorización a un intermediario ni cumplir requisitos de admisión. No existe una autoridad facultada para excluir. Quienes intentaban acceder al mercado de divisas y a transacciones internacionales, por ejemplo, bajo el gobierno de Alberto Fernández, se encontraron con una compuerta cerrada.

El cepo cambiario es, en esencia, un sistema basado en permisos: para operar hace falta una autorización que el Estado puede negar discrecionalmente. Una infraestructura permission-less elimina esa compuerta de raíz. El acceso deja de depender de la voluntad de un tercero y pasa a ser propiedad del propio protocolo. Donde antes había una ventanilla que podía decirte “no”, ahora hay una red que no tiene la capacidad técnica de impedir.

La autocustodia significa que el usuario controla las claves privadas que dan acceso a sus fondos. Nadie los guarda en su nombre; no hay un banco ni un custodio que los tenga bajo su titularidad. Aquí resuena diciembre de 2001 con toda su fuerza. Los ahorros estaban en manos de un tercero al que el Estado pudo ordenar que cerrara las puertas. El Corralito, y antes el Plan Bonex, fueron posibles precisamente porque mediaba un custodio.

La autocustodia disuelve ese punto de vulnerabilidad. Si las claves son personales, no existe un intermediario al que se le pueda instruir que retenga, congele o canjee patrimonios sin consentimiento. El ahorro deja de ser una promesa de un tercero y vuelve a ser una posesión directa.

Liquid democracy and stake: reglas que no cambian a escondidas

El liquid staking permite poner fondos a trabajar en la validación de la red y obtener rendimiento por ello, sin perder la capacidad de moverlos: el capital permanece líquido. La democracia líquida, a su vez, es un modelo de gobernanza en el que cada participante puede votar directamente sobre las reglas del sistema o delegar su voto a alguien de confianza, con la potestad de revocar esa delegación en cualquier momento.

El Plan Bonex fue, ante todo, un cambio de reglas decidido unilateralmente y aplicado de un día para el otro sobre ahorristas que nada pudieron decir. Esa es la patología: en el sistema tradicional, las reglas monetarias se modifican por decisión vertical del poder político, sin participación de los afectados. La gobernanza on-chain invierte esa lógica. Las reglas se transforman mediante votación de los propios participantes, de manera transparente y previsible.

Y el carácter líquido del staking evita el atrapamiento: a diferencia de aquel plazo fijo que quedó congelado y luego canjeado a la fuerza, aquí podés generar rendimiento sin renunciar al control inmediato de tu capital. Nadie reescribe el contrato ni cambia las reglas mientras estás ocupado con otra cosa.

Fixed supply: el fin de la máquina de imprimir

La oferta fija implica que la cantidad total de unidades que existirán está predeterminada por protocolo y es matemáticamente inalterable. Nadie puede emitir más. Esta es la respuesta al fantasma más antiguo de mi familia y de nuestro país.

El Rodrigazo que fundió la fábrica de mi abuelo y la hiperinflación de 1989 que remarcaba los precios en la cola del supermercado tienen un origen común: la emisión monetaria sin límite. Cuando el dinero se imprime sin freno, el valor se evapora, las partes de un auto terminan costando más que el auto, y el ahorro de toda una vida se vuelve papel. Un suministro fijo cancela esa posibilidad por diseño. No hay autoridad que pueda diluir bienes fabricando más unidades, porque el protocolo sencillamente no lo permite. La disciplina monetaria deja de ser una promesa política, siempre frágil, y pasa a ser una certeza algorítmica.

Descentralizado: sin un único dedo sobre el botón

Una red descentralizada funciona distribuida entre miles de nodos independientes en todo el mundo, sin un punto central de control ni una entidad única capaz de apagarla, censurarla o modificar sus reglas a voluntad.

Si uno observa con atención las cinco crisis económicas argentinas, descubre un denominador común: en cada una hubo un único actor con poder discrecional que tomó una decisión devastadora para el ahorrista. Un Estado, un Banco Central, una firma al pie de un decreto. Cerrar la fábrica por el Rodrigazo, canjear los depósitos con el Bonex, congelar las cuentas en el Corralito, clausurar el acceso a las divisas. La descentralización es la propiedad que sostiene a todas las demás, porque elimina ese punto único de falla. Cuando no existe una sola palanca que alguien pueda accionar sobre todos a la vez, las confiscaciones, los corralitos y los cepos pierden el órgano que los hace posibles.

100% up time: el fin de los feriados bancarios

La disponibilidad permanente significa que la red opera las 24/7 sin horarios bancarios, feriados ni ventanillas cerradas. Al estar distribuida globalmente, no hay un instante en que el sistema esté apagado.

La angustia de 2001 no fue sólo abstracta: fue la imposibilidad de acceder a lo propio en el momento exacto de la necesidad. Y en el Bonex, los bonos se malvendían a precio de remate por la urgencia de conseguir liquidez. Un sistema siempre disponible elimina esa servidumbre. El acceso al patrimonio deja de depender de que una institución decida abrir sus puertas, de un feriado bancario decretado de emergencia o de un horario de atención.

Tres generaciones de mi familia atravesaron cinco versiones distintas de la misma falla estructural: la existencia de un intermediario con poder discrecional sobre el fruto del trabajo ajeno. Lo notable es que cada uno encuentra una respuesta puntual en una propiedad técnica concreta: la emisión descontrolada se responde con fixed supply; la confiscación, con self custody; el cambio unilateral de reglas, con gobernanza líquida; la exclusión administrativa, con permission-less; el cierre de ventanillas, con 100% up time; y el poder concentrado, con la descentralización que las articula a todas.

Lo que mis abuelos no tuvieron, lo que mis padres no tuvieron, es lo que ahora nosotros sí tenemos, y termina siendo una opción más al agregado de virtudes que nos otorga la tecnología. Por primera vez, un conjunto de conceptos teóricos dejó de habitar exclusivamente los papers para garantizarse, pragmáticamente, por protocolo. La historia económica argentina seguirá siendo un libro abierto. Pero quizás, por fin, tengamos la oportunidad de escribir un capítulo distinto, o al menos contar con una alternativa.

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