
En un contexto mundial atravesado por la crisis de representación que padecen las tradicionales democracias liberales -incluso en los países más desarrollados del norte global- y las transformaciones tecnológicas profundas, los profesores Guido Risso y Félix V. Lonigro, continúan con sus conversaciones constitucionales y nos ofrecen una tercera edición de sus ya clásicos intercambios académicos.
¿Cuál es su opinión sobre la crisis democrática que hay en el mundo?
GR: El modelo representativo fue concebido a fines del siglo XIX para un tipo de sociedad significativamente más básica en términos culturales y económicos, con pocas clases sociales y a su vez más homogénea hacia el interior de cada clase.
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Aquellas sociedades se configuraban casi binariamente: trabajo/capital, propietario/trabajador, generando un tipo de estratificación sociocultural y un orden económico muy rudimentarios en comparación a la extrema complejidad y la híper-heterogeneidad que presentan las sociedades digitales de nuestro siglo XXI.
Y los sistemas políticos, como todo sistema, responde a un contexto histórico. Cuando ese contexto cambia el sistema empieza a mostrar anomalías. Es decir, los sistemas no son inmunes al paso del tiempo.
Imaginemos intentar reproducir un DVD en una vieja videocasetera. El dispositivo ya no puede representar esa nueva realidad, aunque funcione perfectamente, porque fue pensado y diseñado para representar un sistema más básico como el VHS.
No se trata entonces de reparar la video casetera, se trata de asumir simplemente que se desactualizó el dispositivo porque cambió el formato de lo representable.
FVL: La democracia es un sistema político caracterizado porque la titularidad del poder político, que por necesidad ejercen unos pocos denominados gobernantes, recae en la gente, que es, por lo tanto, la que designa a sus representantes mediante el sufragio. Las democracias no entran “en crisis”; sí en cambio las sociedades humanas titulares de ese poder político. Jamás quedará desactualizada la idea de elegir a quienes nos gobiernan, porque de lo contrario sería como comenzar a avalar a las autocracias/dictaduras/tiranías. El problema es que la calidad de las democracias está directamente relacionada con la calidad de los gobernados que eligen. En democracia los gobiernos tienen a los pueblos que se les parecen, y es por ello que cuando entra en crisis educativa y cultural una sociedad, se resiente claramente la democracia.
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¿Qué deben hacer los Estados modernos para sostener y robustecer las democracias?
GR: Asumir el desafío histórico y pensar otro sistema capaz de proyectar el nuevo tipo de configuración social, asumiendo que incluso la representación tradicional por sustitución sea insuficiente para proyectar la híper-heterogeneidad y complejidad que define a las sociedades digitales de hoy.
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Para la generación Z el sistema político tradicional aparece como algo ajeno, lo ven como un joystick desenchufado, un mecanismo que no les responde, ellos están acostumbrados a interactuar en tiempo real a través de plataformas digitales y no conciben naturalmente -como las generaciones anteriores- la idea de delegar su voz en un representante para inmediatamente después desaparecer y prácticamente ser silenciados por dos o cuatro años. Ellos quieren el joystick conectado durante todo el juego, no que se lo apaguen y enciendan cada cuatro años.
Debemos asumir que la IA y las redes sociales ya son para ellos una forma de vivir y un canal directo de participación en todos los aspectos de la vida: social, educativo, laboral, transporte, comunicación, relaciones afectivas, para ellos cada vez tendrá menos sentido que solo la política siga funcionando con una lógica del siglo XIX, lo sentirán tan extraño como negarse a usar la electricidad. Esto aumentará la crisis de legitimidad.
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FVL: La solución para fortalecer a las democracias no es cambiarlas. Acaso nadie elimina a un enfermo porque tiene una enfermedad grave. Por el contrario, se intenta salvarlo y aplicar los tratamientos adecuados para reestablecerlo. La única forma de “salvar” a las democracias es a través de la educación, y particularmente de la educación cívica. La tecnología jamás puede ser un obstáculo para eso; al contrario, deben ser utilizadas para fortalecer y expandir la educación, cuya ausencia deteriora a la democracia.
En esa dinámica, ¿cómo ven el futuro de los sistemas políticos tradicionales?
GR: Si los modelos de gobernanza no se actualizan, paradójicamente, los nativos digitales podrían percibir a la clásica democracia liberal como una forma de semi-autoritarismo.
Quiero decir que si este desfasaje persiste aquello que hasta nuestra generación se consideró un avance histórico, empezara a ser visto como un problema por la próxima generación, porque estamos frente a un verdadero cambio de paradigma mundial que se dirige hacia otra estatalidad y hacia una participación política que articulará en una primera atapa lo analógico con lo digital y finalmente fusionará lo digital con lo biológico.
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La pregunta es si lo anticipamos y logramos encauzarlo dentro de las reglas y garantías que heredamos del constitucionalismo clásico y el humanismo, o si lo dejamos librado a la irrupción desregulada y a la llegada de un posible autoritarismo digital. Necesitamos ya mismo pensar una nueva Constitución que contemple estas transformaciones y que contenga los valores que promueve y defiende el humanismo.
FVL: Los sistemas políticos tradicionales (democracias, autocracias, repúblicas, federalismos, unitarismos, parlamentarismos y presidencialismos), son los que el mundo ha desarrollado a lo largo de los años; y no dejarán de existir porque la tecnología avance y se desarrolle. Al contrario, esa tecnología debería servir para moldearlos y mejorarlos. Ocurre que detrás de la tecnología, como siempre, está el hombre; y es el hombre el que mejora y deteriora a los sistemas políticos. Es por ello que el futuro de los sistemas políticos va de la mano del futuro que las sociedades asignen al nutriente de cualquier sistema: la educación.
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