La causa $LIBRA no es una irregularidad. No es un error técnico. Es un escándalo con olor a poder.
Porque cuando una operatoria de este tipo avanza, no avanza sola. Avanza porque alguien la habilita, alguien la tolera… o alguien la aprovecha.
Y acá hay preguntas que el Gobierno no puede seguir esquivando: ¿Quién estuvo detrás? ¿Quién firmó? ¿Quién miró para otro lado? ¿Quién ganó plata? Porque si no hubo delito, explíquenlo. Y si lo hubo, digan nombres. Lo demás es relato.
El problema no es solo judicial. Es moral e institucional. Porque cuando el poder no da explicaciones, cuando se esconde detrás de tecnicismos, cuando gana tiempo en lugar de decir la verdad… no se está defendiendo: se está delatando.
Y cuidado con esto: no alcanza con decir “que actúe la Justicia”. Eso ya lo escuchamos mil veces. Y sabemos cómo termina: años de expediente, nadie responsable y la sensación de que el poder siempre cae parado.
La pregunta es mucho más simple. Mucho más brutal: ¿En la causa $LIBRA hay corrupción… o hay protección? Y si hay corrupción, ¿va a caer alguien de verdad… o esto también se va a tapar?
Porque esta vez no se está investigando solo un caso. Se está midiendo algo más profundo: hasta dónde está dispuesto a llegar el poder para protegerse a sí mismo.
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