
La semana pasada estuve en Nueva York, en el piso 15 de la nueva torre de JP Morgan sobre Park Avenue, escuchando a Javier Milei inaugurar la Argentina Week ante más de 300 inversores, banqueros y CEOs. Jamie Dimon, el hombre más poderoso de Wall Street, lo presentó personalmente y dijo algo que no dice de cualquiera: “Este Presidente tiene convicciones muy sólidas sobre cómo arreglar un país”. La sala estaba tan llena que hubo gente viéndolo por pantalla en salones contiguos. El momento más eléctrico llegó cuando Milei miró a Santiago Bausili, presidente del Banco Central, sentado entre el público, y le dijo: “Preparate, Santiago, porque te van a salir los dólares por las orejas”. Después agregó, medio en broma medio en serio: “Que no se vaya a la inflación, por favor. Cuidado cómo los comprás”.
¿De dónde viene esa lluvia de dólares que promete Milei? El propio presidente lo explicó: petróleo, gas, energía nuclear, minería, agro, data centers, economía del conocimiento. Es un menú amplio. Pero lo que quiero argumentar aquí es que hay un factor que multiplica todo lo demás y que pocos están dimensionando: la geopolítica. La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán acaba de convertir a Argentina en uno de los proveedores de energía, alimentos y minerales más seguros del planeta. Y esa seguridad tiene un precio, un precio que el mundo va a pagar.
Voy a los hechos. El 28 de febrero, Estados Unidos e Israel atacaron Irán, mataron a Khamenei y desataron una guerra que ha cerrado de facto el Estrecho de Ormuz, el cuello de botella por el que transita el 20% del petróleo y el gas del mundo. El tráfico de petroleros cayó a cero. El Brent saltó de 71 a casi 120 dólares en días y hoy se mantiene por encima de los 100. Treinta países han liberado 400 millones de barriles de reservas estratégicas en la mayor operación coordinada de la historia, y aun así la Agencia Internacional de Energía reconoce que eso apenas cubre 20 días del flujo perdido. Qatar declaró fuerza mayor sobre todos sus contratos de gas. Corea del Sur avisó que le quedaban nueve días de GNL. Japón, que recibe el 95% de su crudo por Ormuz, pidió auxilio. Bob McNally, ex asesor de Bush, lo dijo sin rodeos: estamos ante el colapso de uno de los supuestos fundamentales de la economía global.
Mientras tanto, en la Patagonia, Vaca Muerta bate récords. En enero de 2026 produjo 610.715 barriles diarios de shale oil, un 32% más que un año antes. La formación tiene 16.000 millones de barriles de petróleo recuperable y 308 billones de pies cúbicos de gas: cuarta reserva mundial de shale oil, segunda de shale gas. Su breakeven está en 45 dólares el barril. Con el Brent a más de 100, cada barril exportado es prácticamente dinero regalado. Y lo decisivo: ese petróleo sale por el Atlántico Sur. No pasa por Ormuz, ni por el Mar Rojo, ni por el Canal de Suez, ni por ningún sitio donde hoy vuelen misiles. YPF lidera un consorcio para tender un oleoducto de 437 kilómetros hasta una terminal de superpetroleros en la costa atlántica, operativa a finales de este año, con capacidad para escalar a 1,5 millones de barriles diarios para 2030. Las exportaciones energéticas generarán unos 18.000 millones de dólares este año. Ahí están algunos de los dólares que le van a salir a Bausili por las orejas.
Pero no es solo petróleo. Un tercio del comercio mundial de fertilizantes pasa por Ormuz, y la urea ya saltó de 475 a 680 dólares la tonelada. Los países que dependen de fertilizantes del Golfo van a tener problemas para sembrar. Argentina, en cambio, produce su propia comida y proyecta un récord de 105 millones de toneladas de granos exportados esta campaña. Es el primer exportador mundial de aceite y harina de soja y el tercer exportador de maíz. El gobierno de Milei redujo permanentemente las retenciones y eso mejora los márgenes y acelera la liquidación de divisas. Más dólares por las orejas.
Después está el litio. La producción argentina creció un 66% en 2025, la mayor tasa del mundo. Rio Tinto puso 2.500 millones de dólares en Salta. JP Morgan proyecta que el precio subirá un 43% en 2026. Las exportaciones mineras totales superarán los 5.000 millones de dólares este año. Y Milei mencionó explícitamente en su discurso los proyectos de cobre, litio, oro, plata, minerales raros y uranio como motores de crecimiento. Más dólares.
Y hay un factor que casi nadie conecta con la geopolítica: los data centers. Entrenar modelos de inteligencia artificial consume cantidades brutales de energía, y 2025 fue un año récord en inversiones del sector con 61.000 millones de dólares. OpenAI y Sur Energy firmaron una carta de intención para explorar Stargate Argentina en la Patagonia: hasta 500 megavatios, inversión potencial de 25.000 millones de dólares. El proyecto no está confirmado y puede que no se concrete tal cual está planteado. Pero eso es casi lo de menos. Si no es OpenAI será otro, porque la lógica de fondo es irresistible. Argentina tiene energía abundante, barata y fiable. Tiene un clima frío que abarata la refrigeración. Y sobre todo tiene algo que hoy no tiene precio: está fuera de todos los focos de agitación geopolítica del planeta. Los grandes centros de datos hoy están en Estados Unidos (en guerra), Europa (donde el gas se duplicó en 48 horas) y Asia (el continente más golpeado por Ormuz). Algún gran operador global va a querer tener capacidad de cómputo en un lugar donde no le puedan cortar la energía ni tirar un misil. Ese lugar es Argentina.
Vengo diciendo desde la guerra de Ucrania que Argentina es uno de los mejores refugios del planeta ante un escenario de guerra global. Pocos me escucharon. Yo no me quedé en la teoría: junto con cinco amigos, todos emprendedores de tecnología, compramos un campo de 32.000 hectáreas en Mendoza que se llama Wamani. No solo porque es uno de los paisajes más lindos del mundo, sino como posible refugio en caso de una tercera guerra mundial. Ahora que Ormuz está cerrado, el razonamiento debería resultar obvio: hay muy pocos lugares en el mundo que produzcan simultáneamente energía, alimentos y minerales estratégicos, que los exporten por rutas marítimas seguras y que estén a miles de kilómetros de cualquier conflicto armado. Argentina es el ejemplo más completo. Su distancia de la guerra se mide en dólares por barril, en primas de seguro marítimo, en continuidad de suministro y en la confianza de quien invierte a largo plazo.
Milei tiene razón: le van a entrar dólares por las orejas. Pero no solo por las reformas económicas, que son importantes. También porque la geografía y la geopolítica acaban de darle a Argentina una ventaja competitiva que no tiene precio. El mundo necesita petróleo, gas, comida, litio y servidores que no dependan de estrechos bloqueados ni de regiones en guerra. Argentina puede ofrecer todo eso. La lluvia de dólares no es un deseo. Es una consecuencia lógica de los datos.
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