Tiempo de reformas estructurales

La estabilidad laboral esconde desafíos crecientes entre contrataciones inestables y normas rígidas

Guardar
 Generar empleo de calidad
Generar empleo de calidad exige la aplicación de reformas que afectan directa o indirectamente a todos los tipos de contrato laboral, lo que conduce al interrogante sobre cuáles costos habrá que asumir en ese proceso (Foto: Gustavo Gavotti)

El empleo privado asalariado formal, es decir, los puestos de trabajo asociados a actividades con mayor productividad relativa, se mantiene estable en los últimos 30 meses o en los últimos 15 años. El nivel desestacionalizado de una serie larga con base 100 a mediados de 2004 alcanzó el nivel 130 en agosto de 2010, y el último dato disponible (diciembre de 2025) vuelve a estar en 130. En el período intermedio, pequeños movimientos ascendentes y descendentes podrían ser interpretados como señales de un crecimiento tendencial de la productividad, aunque esas fluctuaciones corresponden a ciclos cortos macroeconómicos de expansión y contracción del PBI. En el mediano y largo plazo, el empleo formal privado asalariado no crece, aun cuando el PBI haya mostrado aumentos.

El contexto macroeconómico explica en gran medida el desempeño del mercado laboral formal en los últimos 15 años: estancamiento del empleo productivo, aumento de las formas no contractuales de empleo -asalariados informales, cuentapropistas formales e informales- y del empleo público. En el mejor año de este período (2017), evaluado por el nivel de empleo privado asalariado formal y PBI, el empleo privado estuvo 3,7% por encima de su nivel en 2025.

Las otras formas de empleo tuvieron aumentos mayores: los monotributistas (sociales y otros) crecieron 23%, a pesar de la disminución de los “sociales” desde fines de 2024; y los empleados públicos son 8% más.

El cambio en el empleo público y entre los monotributistas sociales pone en evidencia la informalización prevaleciente del empleo durante las primeras dos décadas del siglo XXI

En los últimos dos años se registraron cambios significativos: descenso del empleo público agregado -una baja relevante en el gobierno federal y movimientos dispares en provincias y municipios- y una reducción de unos 400.000 inscriptos como monotributistas sociales desde diciembre de 2024, que generó una caída del 3% ese mes en el total de ocupados formales. Es una transformación sustancial con respecto a lo sucedido entre 2003 y 2023, aunque sigue siendo insuficiente.

El cambio en el empleo público y entre los monotributistas sociales pone en evidencia la informalización prevaleciente del empleo durante las primeras dos décadas del siglo XXI: el desempleo, en términos prácticos, permaneció oculto en modalidades precarias de formalización y en el incremento del empleo público.

El desempleo, en términos prácticos,
El desempleo, en términos prácticos, permaneció oculto en modalidades precarias de formalización y en el incremento del empleo público

Estos cambios se consideran positivos en cuanto a la reducción del desempleo oculto, pero no alteran la tendencia principal. Si la tasa de actividad se mantiene, podría aumentar la oferta de trabajo en un mercado que ya tiene poca demanda de trabajadores formales. Por ello, actualmente se requiere más que estas medidas para que el mercado laboral y, en consecuencia, la economía funcione de manera apropiada.

Qué factores pueden incidir en la recuperación del empleo formal

Parte de la recuperación de la demanda de empleo formal dependerá de una mejora macroeconómica: si la economía logra sostener varios años consecutivos de crecimiento sin interrupciones -algo que no ocurre desde 2008- el resultado será notorio, aunque no suficiente para promover la formalización laboral.

Eliminar el desempleo oculto es importante, pero no equivale a crear empleo de calidad. Otra condición indispensable para recuperar empleo formal consiste en revisar y modificar las normas regulatorias del mercado laboral, adaptando la legislación a las nuevas necesidades y promoviendo así mayor flexibilidad normativa.

Eliminar el desempleo oculto es importante, pero no equivale a crear empleo de calidad

El esquema rígido que hoy persiste deriva de antiguas concepciones inapropiadas para contextos dinámicos. Generar empleo de calidad exige la aplicación de reformas que afectan directa o indirectamente a todos los tipos de contrato laboral, lo que conduce al interrogante sobre cuáles costos habrá que asumir en ese proceso. El dilema recuerda el clásico ejemplo filosófico del tranvía, replanteado en tiempos recientes en torno al automóvil autónomo.

En la versión original de ese dilema, un tranvía fuera de control se dirige por una vía donde hay cinco personas atadas. Es posible activar un mecanismo que desvíe el tranvía a otra vía donde hay solo una persona atada. Debatir si corresponde intervenir o no guarda relación, según la analogía, con la dinámica de las leyes laborales en el país: tras su redacción hace 80 años, se observaron grandes bolsones de informalidad, fenómeno que luego incluyó tanto al sector privado como al público, alterando la relación entre trabajo y previsión y dando origen a la crisis laboral y previsional actual.

Dilemas y costos de la modernización de la legislación

El dilema del tranvía se presenta en la vida real y en la política económica, porque no existe tal cosa como una decisión sin costos: tanto la acción como la inacción implican consecuencias.

Quienes ya logran soportar las
Quienes ya logran soportar las exigencias actuales de la regulación laboral -empresarios y sindicalistas- suelen oponerse a cualquier cambio, prefiriendo mantener la economía cerrada y protegida cuando les resulta favorable

Si no se modifica la regulación laboral, la informalidad continuará creciendo, acentuando la dualidad social, con sectores pequeños de altísima productividad y capital intensivo capaces de soportar cualquier regulación, aunque absorban pocos trabajadores, y una economía restante cada vez más amplia, caracterizada por baja productividad e ingresos reducidos.

Quienes ya logran soportar las exigencias actuales de la regulación laboral -empresarios y sindicalistas- suelen oponerse a cualquier cambio, prefiriendo mantener la economía cerrada y protegida cuando les resulta favorable.

El Gobierno ha conseguido aprobar una ley que cambia el rumbo

Sostienen que es mejor que todo continúe igual, aun si la economía permanece en su curso de informalización. La opción alternativa consiste en tomar decisiones que necesariamente involucrarán costos para aquellos que hoy gozan de privilegios o mejores condiciones gracias al sistema vigente.

El Gobierno ha conseguido aprobar una ley que cambia el rumbo. La pregunta relevante es: ¿Qué preferiría Usted, sabiendo que en ningún caso estará libre de culpa?

El autor es Director y Economista Jefe de FIEL. Esta nota se publicó en Indicadores de Coyuntura 683 de FIEL