La guerra, el poder y la incertidumbre

Enfocado en las refriegas internas, el “cisne negro” del conflicto en Medio Oriente no parece aún haber entrado en el radar del oficialismo

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Karina Milei y Santiago Caputo
Karina Milei y Santiago Caputo

El chico que jugaba a la mancha con los aviones tocó tierra. Ahora recalcula en el hangar de la política. Se veía venir.

Invisibilizado en la memorable transmisión del domingo de gloria, en la que Milei pretendió informar sobre el “Estado de la Nación”, ahora termina borroneado en el esquema presidencial.

No más triángulo de hierro: la arquitectura del poder mileísta cambia de forma. Lo del estratega fue un aterrizaje forzoso. La interna entre Karina Milei y Santiago Caputo se cortó para el lado de la hermana presidencial y sus adláteres.

La jura del nuevo ministro de Justicia fue una puesta en escena de la movida.

El gurú de Milei y su guardia pretoriana, los muchachos de Las Fuerzas del Cielo, se quedaron —como el mismísimo Santi— con las manos en los bolsillos. Atrapados por el desconcierto, ninguno atinó a expresar su desazón en las cuentas celestiales.

La llegada al Ministerio de Justicia de Juan Bautista Mahiques incluyó el abrupto desplazamiento de Sebastián Amerio. El viceministro de Justicia y hombre del ala caputista fue reemplazado por Santiago Viola, el karinista que acercó a Mahiques a la mesa del poder.

No fue el único sobresalto que produjo la llegada de Mahiques. La piñata ministerial detonó desplazando al titular de la IGJ —Inspección General de Justicia— Daniel Vítolo, que había ganado un claro protagonismo al estallar el escándalo de la AFA.

Desde su puesto, Vítolo se venía dedicando a denunciar las irregularidades de los estados contables de la organización que comanda Claudio “Chiqui” Tapia. Empeñativo, el hasta hace horas titular de la IGJ solicitó esta semana que la Justicia intervenga enviando veedores.

Esta desconcertante remoción se da en un contexto enrarecido por el contenido enojo de Javier Milei para con el inefable Tapia. Los todavía poco claros movimientos que permitieron el regreso al país del gendarme Nahuel Gallo, rescatado de las mazmorras del régimen venezolano, fueron un baldazo helado sobre la enardecida piel del león libertario.

No parece solo producto de las “casualidades permanentes”, parafraseando a Carlos Saúl. La noticia se conoció apenas antes del discurso presidencial.

El domingo superpuso imágenes muy fuertes y contrastantes para la saga que conmueve al fútbol. Del video del jenga con fajos de billetes en la Rosadita de la AFA al jet ejecutivo de los dirigentes del fútbol rescatando, en modo diplomacia paralela, al gendarme argentino. Todo muy nac and pop.

Se impone seguir en detalle el curso de los acontecimientos. A menos de tres meses del comienzo del Mundial en las tierras del amigo Trump, cabe comprender que la ira presidencial se redireccione hacia otros objetivos, mientras se pone en pausa la embestida contra la AFA.

El Milei recargadísimo de la apertura de las Sesiones Ordinarias se despachó irascible contra empresarios y opositores.

El modo standapero que desplegó el Presidente lo mostró comunicando en dos niveles.

Un discurso leído, sin novedades ni anuncios, para cumplir con la institucionalidad.Y en paralelo, una diatriba incendiaria y polarizadora.

La pompa protocolar que condujo a un pretendido estadista —escoltado por Granaderos a Caballo y la Fanfarria— hasta el Parlamento no logró suavizar los modos del Presidente, ofuscado por la humillación que le propinó Tapia.

El enojo del mandatario resultó funcional a la estrategia divisiva con la que el libertario piensa enmarcar la carrera hacia 2027.

La necesidad de mantener viva a Cristina Kirchner y al kirchnerismo, enroscado en sus tóxicas internas, es también un mensaje para un peronismo no K que busca un lugar bajo el sol.

La estrategia del oficialismo alimenta el temor al regreso de los muertos vivos del pasado. En la convicción de que el pavor estira la paciencia social frente al lentísimo despegue de la economía.

El Milei pragmático que cierra filas con la “casta” parlamentaria y se entrega a un toma y daca con los gobernadores en orden a aprobar las reformas que se propone, convive con el combatiente enardecido por la batalla cultural.

La UIA y la AEA reaccionaron reclamando “respeto” tras la embestida del Presidente contra los empresarios.

En un comunicado titulado “Sin industria no hay Nación” se amparan en el marco económico de distorsiones estructurales en el que han tenido que moverse por décadas y demandan un “diálogo constructivo” para seguir adelante.

El gobierno “no sabe, no contesta”. La arremetida contra los popes industriales apunta a neutralizar las críticas por la apertura económica y su impacto en la caída de puestos de trabajo.

La última encuesta de la UIA indica que 644 empresas de distintos sectores y tamaños retroceden en producción y ventas y arrastran empleos formales. El 53,3% de las empresas consultadas reporta una baja en la producción. El 22,9% de las empresas reporta reducción de sus puestos de trabajo.

La caída de la demanda interna es el principal de los desafíos a enfrentar. También se señalan los altos costos laborales y la dificultad cierta para competir con bienes importados.

El domingo Milei ratificó el rumbo de apertura para las importaciones y desregulación. La demanda de medidas de política económica que protejan la producción nacional, nivelando la cancha y facilitando la competitividad, no aparece —al menos por el momento— en el catecismo libertario.

El presidente Donald Trump
El presidente Donald Trump

El “cisne negro” de la guerra no parece aún haber entrado en el radar del oficialismo. Enfocado en las refriegas internas, en el discurso ante la Asamblea Legislativa no hubo mención alguna acerca del tembladeral que empezaba a conmover al mundo.

Una insondable incertidumbre marca el momento para todo el planeta. El curso de la guerra se expande cada día, comprometiendo a más países. Es imposible hoy saber qué duración y alcance tendrá el conflicto que desató el ataque conjunto de EE.UU. e Israel a Irán.

Ni siquiera está del todo claro cuál es el objetivo cierto que se plantea Donald Trump y si este coincide exactamente con el que mueve al premier israelí Benjamín Netanyahu.

El presidente norteamericano pretende tener “voz y voto” en la elección de un nuevo líder para Irán, definió al designado hijo de Alí Jamenei como “un peso ligero” y alucina con una salida a la venezolana.

Ni Teherán es Caracas ni Mojtaba Jamenei se parece a la dulce Delcy. No es posible terminar con el régimen de los ayatolás desde el aire, aseguran los analistas internacionales. Trump pateó un hormiguero y no le será fácil desescalar.

Mientras tanto Netanyahu no le da tregua a Irán en orden a acabar con el poderío militar de los chiitas, mientras tiene hackeado el bastión de Hezbollah en Beirut. Por ahora los objetivos de ambos parecen coincidir. No está claro hasta cuándo.

Trump tiene elecciones de medio término por delante y buena parte de los norteamericanos rechazan esta guerra. El premier israelí, también investigado por la Justicia de su país, ha logrado no obstante cohesionar a los israelíes en una causa por la supervivencia como nación.

Entre nosotros, el aumento del precio del petróleo permite generar expectativas para el sector exportador, pero un incremento de la energía arrastrará a todas las commodities, muy especialmente a los alimentos.

El traslado a los precios locales será inevitable si el Gobierno se aferra a su catecismo de absoluta libertad recalentando el proceso inflacionario.

El mundo está en vilo. El impacto de la guerra en la economía ya se hace sentir. No existe un solo analista en condiciones de asegurar cuál será el curso de los acontecimientos. La incertidumbre es la nota que domina todos los escenarios.