
Hace unos días circula en medios y redes una versión oficialista según la cual, si se importa un jean, lo único que ocurrirá será una reasignación de los recursos hoy empleados en la industria del jean hacia otras actividades. El país, se afirma, estará mejor, tal como se demuestra en las clases iniciales de economía bajo el tema de las ganancias del intercambio.
Este es un tema que conozco bien. Hace casi medio siglo enseño Comercio Internacional. Realicé mi tesis doctoral en Chicago sobre movilidad internacional de los factores de producción. Comencé a dictar esta materia en 1973, en Columbia University, luego en Princeton y, finalmente, desde 1979 hasta la actualidad, en Ucema (antes CEMA).
El CEMA se había creado con el objetivo de atraer especialistas formados en las mejores universidades del exterior, para introducir en la Argentina los conceptos básicos de la teoría económica, que estaban bastante ausentes del ámbito académico y de la discusión política en aquellos años difíciles. De hecho, incluso la creación de nuevas universidades privadas estaba prohibida.
El argumento de las empresas de que no pueden competir debido a la carga impositiva no es válido si se lo considera aisladamente
Entre los temas que se priorizaron desde CEMA estuvieron la apertura de la economía, la regulación del mercado de trabajo, la eficiencia del sistema impositivo y la del sistema de seguridad social. Todos estos temas fueron discutidos extensamente hace casi medio siglo; se introdujeron reformas en la dirección correcta y luego se revirtieron. Hoy volvemos, una vez más, a debatir los mismos problemas. Después de todo este tiempo, la discusión sobre el ajuste estructural sigue intacta.
El Gobierno promueve la apertura de la economía junto con un dólar barato —no me queda claro si con el objetivo de mejorar el nivel de vida a través del comercio o de combatir la inflación—. Los consumidores (al menos aquellos con buen empleo) están felices con esta propuesta. Las empresas, en cambio, están furiosas y hablan de “competencia desleal”, dado que en ningún país del mundo existen tantos impuestos como en la Argentina. Los sindicatos y muchos otros se oponen porque consideran que se genera desempleo y pobreza. En general, también se acepta que un dólar barato favorece un desequilibrio externo. La inflación baja, pero también lo hacen las reservas.
Tengo algunos comentarios al respecto.
Primero, ese jean obviamente se importó porque era más barato que el nacional. Sin embargo, el argumento de las empresas de que no pueden competir debido a la carga impositiva no es válido si se lo considera aisladamente. Por ejemplo, el IVA lo pagan tanto los productores nacionales como las importaciones. Por lo tanto, el jean importado no puede ser más barato que el producido localmente a causa del IVA, ya que ambos lo enfrentan por igual.
La solución es una reforma laboral que facilite y perfeccione la movilidad frente a grandes cambios estructurales, como una apertura brusca de la economía
Los aportes patronales son un impuesto al empleo y deberían reflejarse en salarios nominales proporcionalmente más bajos. Como este impuesto al trabajo se aplica en toda la economía a la producción nacional, esa rigidez podría corregirse parcialmente mediante un mayor tipo de cambio. Esto no sería completamente neutral —a menos que el trabajo fuera el único insumo productivo—, pero ese punto puede dejarse para otra discusión.
Existen, además, docenas de impuestos indirectos que pagan los productores nacionales y no las importaciones. Si estos impuestos recaen, en promedio, sobre todas las actividades, entonces el problema central pasa a ser el tipo de cambio barato. Ingresos Brutos, el impuesto a las transacciones financieras, el impuesto inflacionario y diversas tasas sin contraprestación son algunos ejemplos. Frente a este panorama, la flotación cambiaria es lo apropiado para mitigar los daños. La solución ideal, por supuesto, sería una reforma impositiva integral.
Creo que los jeans se importaron en exceso porque el tipo de cambio es demasiado bajo dada la estructura impositiva vigente y la existencia de salarios nominales legalmente rígidos a la baja. Para este punto específico, la libre flotación de la moneda sería la recomendación adecuada. No es consistente mantener dos o más variables nominales fijas al mismo tiempo.
Si no se quiere deteriorar la situación social ni alimentar las críticas a la apertura, resulta recomendable implementar la reforma laboral antes de avanzar con una apertura comercial abrupta
Otro tema es el de la reasignación de recursos en un proceso de apertura comercial. La entrada de jeans importados más baratos —cualquiera sea la razón— reduce su precio, aumenta el consumo y disminuye la producción nacional. Al caer esta última, se liberan recursos que deberían emplearse en otras actividades exportadoras. El capital se reubicará, aunque esto requiera tiempo y nuevas inversiones; ese aspecto queda fuera de esta discusión. El problema central es el trabajador despedido de la fábrica de jeans, que necesita una nueva ocupación inmediata o, de lo contrario, cae en el desempleo o en la informalidad, situaciones de las que es difícil salir. Esto es particularmente grave en un mercado de trabajo tan distorsionado como el argentino. La solución es una reforma laboral que facilite y perfeccione la movilidad frente a grandes cambios estructurales, como una apertura brusca de la economía.
Si no se quiere deteriorar la situación social ni alimentar las críticas a la apertura, resulta recomendable implementar la reforma laboral antes de avanzar con una apertura comercial abrupta. Frente a grandes cambios estructurales que implican modificaciones significativas y de dirección incierta en los precios relativos, es deseable contar con la mayor flexibilidad posible en precios y remuneraciones. En particular, se requiere flexibilidad cambiaria y salarial. La flexibilidad salarial es necesaria para sostener el empleo formal y facilitar la reasignación del trabajo; la flexibilidad cambiaria es fundamental para lograr la reasignación eficiente de recursos con pleno empleo ante transformaciones estructurales profundas.
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