Acuerdo India-Unión Europea, un ejemplo de distensión

El pacto comercial representa el mayor convenio de este tipo por la cantidad de población que abarca. Es una respuesta al uso de aranceles como herramienta política por parte de Estados Unidos

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El presidente del Consejo Europeo,
El presidente del Consejo Europeo, António Costa; el primer ministro de India, Narendra Modi; y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, tras anunciar un acuerdo de libre comercio entre la UE e India

La India ha firmado un tratado de libre comercio con la Unión Europea que es trascendente para su rol de potencia mundial. Como es habitual en este tipo de instrumentos, la negociación ha llevado años, pero el contexto político sin duda ha influido en la aceleración de su firma.

En un mundo en el que los acuerdos de este tipo parecen girar en torno a Estados Unidos, Europa y la India han firmado un instrumento que involucra en total a veintiocho países y constituye el tratado más grande de este tipo por su población. En términos de PBI reúne al 25%. India es una de las cinco potencias económicas más importantes del mundo. Por lo general las proyecciones para la próxima década la ubican en tercer lugar, por delante de Alemania y Japón.

El país tiene políticas de largo plazo. En los planes educativos y científicos su referencia es 2047, fecha en la que se encaminan a obtener resultados trascendentes. Es que ese año se cumplirá el centenario de la independencia de la India del Reino Unido. Tanto la UE, el Mercosur, la India y otros actores internacionales vienen teniendo en los últimos meses problemas en sus respectivos tratados de libre comercio con Estados Unidos. La aceleración del tratado entre la India y la UE es una suerte de respuesta a la actitud de Estados Unidos de usar los aranceles como instrumento político-económico de sanción o premio en las relaciones internacionales.

India fue reduciendo en forma gradual la compra de petróleo ruso, proceso que aceleró en las últimas semanas y ello contribuyó a la firma del acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, que acompaña la política de Washington en este punto.

En este contexto, tanto la India como Japón aparecen como potencias asiáticas con la dimensión para generar un equilibrio frente a China.

Las tensiones internacionales son constantes y crecientes. Tal es el caso de Canadá y Estados Unidos, dos países con una relación muy buena históricamente y que han compartido como aliados las distintas guerras en las cuales ha participado Occidente. En un hecho sorprendente, en el estado canadiense de Alberta -el que tendría más petróleo del país y frontera con Estados Unidos- ha surgido un movimiento secesionista que los opositores dicen está impulsado por Trump para debilitar al gobierno canadiense.

En este contexto, el acuerdo comercial entre la India y la Unión Europea aparece como una acción estabilizadora en un mundo cada vez más complejo y conflictivo.

La mirada de Estados Unidos parece tener como prioridad en este momento a Medio Oriente. Tres portaaviones están articulados en torno a las costas de Irán. El Estrecho de Ormuz -por el cual pasa el 25% del petróleo mundial- ya ha sido navegado por la Armada estadounidense en desafío a la presencia iraní, que siempre ha hecho de este lugar el punto clave para controlar la entrada al Mar Rojo, y desde allí interrumpir el flujo de petróleo hacia Occidente. Los grupos de desembarco de estos portaaviones se están acercando a Ormuz.

Pero se han abierto cauces de negociación. Si bien la conflictividad es muy grande entre Trump y el ayatolá Khamenei, hay un intercambio de comunicaciones. Los países de la región piden a Estados Unidos que postergue un ataque contra Irán. Lo hacen así las seis monarquías del Golfo: Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Bahrein, Omán y Qatar. Del resto del mundo árabe comparten esta posición Egipto, Jordania, Turquía y otros. Temen que un ataque a Irán desate un contraataque y también enfrentamientos internos dentro del régimen.

La estrategia esbozada semanas atrás de que el hijo del último Sha de Irán fuese utilizado como figura de transición para tener un rol similar al que en Venezuela tiene Delcy Rodríguez, parece estar siendo descartada. La movilización de las fuerzas armadas y las milicias iraníes -como es el caso de la Guardia Revolucionaria- se mantiene constante, dando señales de mantener capacidad operativa y sin quiebres por ahora.

La estrategia de Trump, al cumplir un año de su asunción, muestra logros, pero estos eran mayores a mitad de año que ahora. La detención de Nicolás Maduro ha sido sin lugar a dudas un éxito. La desarticulación de Hamas en Palestina también lo es, aunque la situación a futuro sea incierta. A mediados de este año el presidente estadounidense se atribuía la solución de otros ocho conflictos bélicos: los de Kosovo; Azerbaiyán; Tailandia y Camboya; Sudán; Israel e Irán; Egipto y Etiopía; India y Pakistán; y República Democrática del Congo y Ruanda. Pero también surgen otros. En Pakistán, el separatismo de la provincia de Baluchistán, fronteriza a Afganistán, es un nuevo y peligroso conflicto, mientras que la cuestión palestina en realidad sigue abierta.

Pero Trump está convencido de que el uso del poder militar es una clave de su éxito en relaciones internacionales y lo está todavía más que hace un año atrás, cuando llegó al poder. La relación con Europa sigue siendo tensa, pero esta también se muestra dividida frente a Washington.

El reclamo estadounidense para controlar Groenlandia también produjo decisiones en Europa e indecisiones en Estados Unidos. No es un panorama claro. Los conflictos externos no representan un tema central para la opinión pública estadounidense, que se concentra en los internos, y en particular en la acción para reprimir la llegada de migrantes ilegales.