
El sueño de muchos no puede ser obturado por la definición de unos pocos. No compartimos la idea de cruzar cadenas en el río como en la Vuelta de Obligado, pero tampoco queremos ser el “pato de la boda”.
Hablar de federalismo en la Argentina implica, muchas veces, reconocer la distancia entre lo que la Constitución establece y lo que efectivamente sucede en la práctica. Existe una deuda histórica con el federalismo, especialmente con aquellas provincias que aportan recursos estratégicos sin contar aún con herramientas claras para participar de la renta que esos recursos generan.
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Superada la primera etapa de la guerra narco, Rosario se encaminará a una transformación que la posicionará como la mejor ciudad de la Argentina. Todos juntos —el sector público, el sector privado, las instituciones y la academia— implementaremos un máster plan basado en simulaciones de tendencias e innovaciones de inteligencia artificial. Buscaremos consolidar un dispositivo integral de seguridad, un transporte moderno y ágil, nuevos servicios al contribuyente e infraestructura focalizada de acuerdo con las necesidades. La ciencia, el deporte y la generación de riqueza serán pilares en nuestra nueva etapa. En consecuencia, no estamos mendigando dólares: estamos proyectando nuestro futuro basado en los recursos que nos corresponden.
Santa Fe es un ejemplo elocuente. Nuestra provincia cumple un rol central en el entramado productivo, industrial y logístico del país. Desde su territorio se produce, se procesa y se exporta una parte sustancial de la riqueza nacional. Los recursos minerales estratégicos de Santa Fe son cada vez más relevantes en el contexto de la transición energética y del desarrollo tecnológico.
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Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en otras jurisdicciones con recursos naturales específicos, Santa Fe todavía no cuenta con un régimen de regalías propio que le permita transformar esa riqueza en infraestructura, ciencia, innovación y desarrollo territorial. No por falta de derecho, sino por una postergación que el sistema federal aún no ha logrado saldar, gobierne quien gobierne.
En el Congreso de la Nación Argentina duerme un proyecto de ley que establece un Régimen Provincial de Regalías para los Recursos Minerales Estratégicos existentes en Santa Fe. La iniciativa se apoya en un principio constitucional claro: el artículo 124 de la Constitución Nacional reconoce que los recursos naturales pertenecen a las provincias. Hacer efectivo ese principio no es innovar ni confrontar, sino darle operatividad real al federalismo que la propia Constitución consagra.
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Esa idea contempla regalías sobre minerales clave como sodio, potasio y aquellos asociados a baterías y al desarrollo del hidrógeno, insumos fundamentales para la matriz energética del futuro. Incorporar estos recursos a un esquema de regalías no es una discusión ideológica, sino una decisión estratégica orientada al desarrollo sustentable y a la planificación de largo plazo.
La propuesta establece reglas claras y previsibles: la regalía se calcula sobre el valor bruto producido o exportado y los fondos se transfieren de manera automática y mensual. Esto elimina discrecionalidades y convierte a las regalías en una herramienta concreta para el desarrollo provincial.
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Asimismo, el esquema de distribución refleja una mirada integral del federalismo: 40% para municipios y comunas vinculadas a la actividad, 30% para infraestructura provincial, 20% para investigación, ciencia e innovación y 10% para control ambiental. De este modo, las regalías vuelven al territorio, fortalecen el conocimiento y garantizan el cuidado de los recursos naturales.
Quiero ser claro: este régimen no crea nuevos impuestos ni incrementa costos para las empresas. Las regalías no son un obstáculo para la producción, sino el reconocimiento de un derecho provincial. Ordenan, brindan previsibilidad y permiten que los recursos de una determinada provincia generen desarrollo en ese mismo territorio.
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En definitiva, el debate sobre las regalías no es un debate contra nadie. Es un debate a favor de un federalismo efectivo, que reconozca el valor estratégico de los recursos provinciales y permita transformar ese potencial en oportunidades concretas.
Tenemos recursos, capacidad productiva y vocación de desarrollo. Hagamos que esto suceda y, de este modo, demos la bienvenida al futuro más esperanzador que hayamos imaginado.
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