
La televisión, durante décadas, funcionó como un trampolín hacia la riqueza para quienes lograban un programa exitoso. Hoy, el negocio cambió por completo. Los modelos de compensación que supieron enriquecer a generaciones de actores, guionistas y productores ya no existen como antes. En su lugar, las plataformas de streaming impusieron nuevas reglas que modificaron el reparto del dinero y redujeron las posibilidades de alcanzar los niveles económicos que se solía obtener.
Menos episodios, menos regalías
Un ejemplo claro es The Bear, la serie de FX que se transmite por Hulu en Estados Unidos y Disney+ para el resto de Latinoamérica, y que se transformó en un éxito de crítica y público. Pese a sus logros, el panorama financiero para quienes participan del proyecto está muy lejos de lo que hubiese representado un éxito similar hace una década.
Según Forbes, Jeremy Allen White ganará USD750.000 por episodio en esta tercera temporada. Una cifra alta, sin duda, pero menor a la expectativa que se hubiese tenido en 2021, cuando ese mismo actor podría haber cobrado USD 1,2 millones por capítulo.
El creador de la serie, Christopher Storer, obtiene alrededor de USD 5 millones anuales por su contrato con FX. Dentro de ese monto están incluidos sus honorarios por guion, dirección y producción. Pero ya no tiene derecho a un porcentaje de las ganancias futuras de la serie, como ocurría tradicionalmente. Lo que reciba extra dependerá de un sistema de bonificaciones atado a logros específicos: renovaciones, premios y rankings de reproducción en streaming.

Las cifras actuales están muy por debajo de lo que llegaron a percibir referentes como Dick Wolf (Law & Order), Greg Berlanti (el Arrowverse de CW), Taylor Sheridan (Yellowstone) o Shonda Rhimes (Grey’s Anatomy). Aquellos creadores cobraban montos que podían superar los USD 100 millones anuales, gracias a la participación en las ganancias que generaban las reposiciones y la sindicación.
Ese sistema tradicional funcionaba como una rueda que beneficiaba a todos: estudios, actores y guionistas. Si una serie cruzaba el umbral de los 100 episodios, pasaba a estar disponible para repeticiones en cadenas abiertas, canales de cable, mercados internacionales y servicios digitales. Eso significaba ingresos millonarios por décadas. Friends, por ejemplo, sigue generando USD 17,5 millones anuales en regalías para Jennifer Aniston, según estimaciones de Forbes.
Con The Bear, el número total de episodios llegará apenas a 28 tras su tercera temporada, muy lejos del estándar histórico. Y como ya no existe la posibilidad de vender una serie a varios compradores, porque la mayoría de las plataformas concentran todo el proceso (producción, emisión y reproducción), las chances de capitalizar un éxito bajaron de forma drástica.
El sistema SBE: nuevos incentivos, menos millones
En este contexto, Disney implementó en 2021 un nuevo sistema de bonificaciones para su contenido original llamado SBE (Series Bonus Exhibit). Se otorgan 50 puntos por serie, que se reparten entre los actores principales, showrunners, directores y productores. Cada punto se paga si se cumplen ciertos objetivos: éxito crítico, alto nivel de reproducción, o continuidad de temporada. Los bonos varían desde USD 20.000 por renovación hasta USD 100.000 si la serie alcanza una cuarta temporada. Para Storer y Joanna Calo, coproductora de The Bear, las bonificaciones rondarán el millón de dólares.
Las grandes plataformas comenzaron a revisar su modelo de negocios. Apple y Amazon, por ejemplo, propusieron sistemas de premios similares al de Disney
La lógica es clara: se elimina la posibilidad de que alguien gane USD 200 millones por una sola serie, pero se reparten sumas menores entre más personas. La industria prioriza pagos iniciales garantizados y bonificaciones por resultados, dejando de lado los contratos con derechos a largo plazo.
En paralelo, las grandes plataformas comenzaron a revisar su modelo de negocios. Apple y Amazon, por ejemplo, propusieron sistemas de premios similares al de Disney para evitar las viejas demandas por ganancias mal distribuidas. Amazon agregó la posibilidad de mayores pagos si una serie se vuelve un éxito mundial, mientras que Apple sumó penalidades para producciones que superen su presupuesto.
Pero estos sistemas también presentan nuevas tensiones. Los representantes de talento sostienen que los pagos variables crean una estructura que privilegia a quienes ya tienen éxito. Un showrunner nuevo, sin reconocimiento previo ni un éxito validado, apenas consigue contratos de USD 1,5 millones anuales, una cifra que está muy lejos de lo que pagaban las cadenas hace una década por una primera serie prometedora.
La televisión abierta pierde terreno
La transformación también está impulsada por el declive de la televisión abierta. La migración del público hacia el streaming no se detuvo en los últimos años. La media de edad del televidente ronda los 69 años, un dato que desalienta la inversión publicitaria en franjas tradicionales. Esto redujo la producción de series con 22 episodios por temporada, el modelo que permitía sostener carreras a largo plazo.
Para los estudios, sostener series largas dejó de ser rentable. Las repeticiones ya no se licencian en tantos mercados y las plataformas no pagan por derechos de emisión como antes. En este contexto, se priorizan series de 8 o 10 episodios, fáciles de producir y con impacto inmediato.
La pauta digital funciona de forma distinta: se paga por cantidad de visualizaciones, no por el programa que acompaña el anuncio
Las plataformas también ajustaron su relación con la publicidad. Netflix y Amazon realizaron presentaciones en los Upfronts para captar anunciantes. Incluso Warner Bros. Discovery licenció contenido de HBO a Netflix, algo impensado hace unos años. Disney y Warner anunciaron la integración de sus plataformas para ofrecer paquetes conjuntos, una estrategia que recuerda al viejo modelo de cable.
Pero la pauta digital funciona de forma distinta: se paga por cantidad de visualizaciones, no por el programa que acompaña el anuncio. Una empresa puede publicitar en Netflix sin saber qué contenido estará visible junto al aviso. Esto limita la posibilidad de que una serie específica sea más valiosa solo por atraer audiencia.
El futuro: éxitos breves y sin continuidad
Las nuevas condiciones económicas y estructurales provocan un cambio de paradigma. Las series exitosas no se proyectan a diez temporadas. Incluso cuando una serie funciona, como The Bear, sus responsables no planean alargarla demasiado. Las grabaciones recientes en Chicago alimentaron la versión de que la cuarta podría ser la última.
La industria ya no busca construir marcas a largo plazo. Se enfoca en proyectos que generen impacto inmediato y luego se archivan. Esto reduce las posibilidades de negociar contratos más beneficiosos o lograr reconocimiento económico sostenido en el tiempo.
Para los nuevos talentos, el sistema actual limita las oportunidades de escalar. Y para los experimentados, el margen de ganancia disminuyó aún cuando logran grandes éxitos. La televisión sigue generando cultura, pero cada vez reparte menos.
El sueño de hacer carrera en la televisión, con derechos, regalías y continuidad, quedó en el pasado. Lo que hoy ofrece el streaming es volumen, visibilidad y, en el mejor de los casos, un buen bono por resultados. Pero el juego cambió. Y las reglas nuevas, aunque todavía se están escribiendo, ya demostraron que la era dorada llegó a su fin.
La autora es productora audiovisual
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