Hace varios años el economista nacido en India, Jagdish Bhagwati, popularizó la frase “Spaghetti Bowl” para ridiculizar la multiplicidad de acuerdos comerciales que complejizaban el comercio internacional al superponerse con las tarifas y condiciones establecidas en el marco multilateral de la OMC. La paralización de las negociaciones para profundizar la apertura de los mercados en una época donde la expansión del comercio internacional era sinónimo de crecimiento estimuló la firma de acuerdos de libre comercio primero a nivel regional y posteriormente entre países que compartían la misma visión sobre la necesidad de una mayor apertura.
La irrupción de Donald Trump y su política de recurrir a aumentos exorbitantes de aranceles de importación no solo con el propósito de reducir el déficit comercial sino también incorporando exigencias políticas tendrán un profundo impacto en la reorientación de las corrientes comerciales que supera en mucho lo cuestionado por Bhagwati en su momento. Hasta ahora, todos los países incluyendo China se han avenido a los requerimientos y amenazas de los Estados Unidos reconociendo la importancia de ese mercado como destino de sus exportaciones. Los Estados Unidos prioriza la corrección de su déficit comercial global que fue de USD 1211 mil millones en 2024 mientras que China, segunda economía del mundo, tuvo un superávit equivalente de USD 992 mil millones.
El marasmo de la situación actual no permite aún pronosticar el impacto del aumento de los aranceles sobre los flujos de comercio y también sobre las inversiones que durante décadas se acumularon en algunos países destinadas a producir para el mercado internacional. Los acuerdos de tarifas impulsados por los Estados Unidos contemplan también el desmantelamiento de las barreras que muchos países aún mantienen para proteger algunos sectores sensibles y relativamente atrasados, en particular la agricultura, con respecto a los países de mayor productividad. La tasa de urbanización en China todavía es del 67% y en India del 36% mientras que en los países desarrollados supera el 80%.
Las ventajas obtenidas por los Estados Unidos más allá de las tarifarias para el acceso de sus exportaciones tanto agrícolas como industriales difícilmente se extiendan a terceros. Todo indica que la cláusula de Nación Más Favorecida (NMF), que constituyó uno de los fundamentos del comercio multilateral, no está dentro de los parámetros de los negociadores; en consecuencia, las restricciones se mantendrán para el resto. Indonesia acordó entre otros la eliminación de los regímenes de licencias, reconocimiento automático de las plantas procesadoras de carnes y lácteos y la aceptación de los certificados emitidos por las autoridades de los Estados Unidos. En 2024, los miembros de ASEAN exportaron e importaron de los Estados Unidos por 334.806 y 137.964 millones, respectivamente. El superávit fue de 196.842 millones.
Si bien no se conocen los detalles de lo negociado con la Unión Europea, el comunicado de la Casa Blanca enfatiza “este acuerdo colosal permitirá a los agricultores, ganaderos, pescadores y empresarios industriales incrementar las exportaciones, expandir las oportunidades de negocios y ayudar a reducir el déficit comercial”. Asimismo, agrega “ambas partes establecerán fuertes reglas de origen para asegurar que los beneficios de este compromiso favorecerá a los Estados Unidos y la Unión Europea, y no a terceros”.
Todavía es temprano para evaluar las consecuencias de esta sopa de tarifas y condiciones. Habría una disminución de las importaciones y un aumento de las exportaciones que reducirá el déficit de la balanza comercial de los Estados Unidos. El primer supuesto implica que dicho excedente deberá volcarse a otros mercados mientras el segundo significa el desplazamiento de otros exportadores. Habrá un solo ganador y muchos perdedores.
En un contexto donde cada país optó por el “sálvese quien pueda” será muy difícil encontrar alicientes para empujar por un aumento de las exportaciones salvo en rubros considerados estratégicos. La falta de coordinación a nivel internacional o el miedo a enfrentar el desafío planteado por la disrupción de la “sopa de Trump” obligará a replantear la estrategia de apertura para evitar los efectos negativos de los excedentes y las menores oportunidades de exportación.
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