El Senado aprobó casi sin debate y, ciertamente, sin definir la forma de financiarlo, un aumento de gastos que transforma el superávit actual en déficit. Si la solución de las dificultades fuera decidir gastar más sin importar el balance fiscal, hace décadas que deberíamos haber solucionado todos los problemas de Argentina.
En un debate serio, los senadores deberían haber optado por definir la forma de financiar estas nuevas erogaciones. Las opciones posibles no son muchas: a) bajar otro gasto, pero esto implica afectar los intereses de otras personas; b) endeudar al estado, pero nadie nos presta; o c) emitir moneda, lo que resultaría en más inflación futura. Por supuesto, ningún senador tenía intención de debatir el tema de una manera sensata, y menos de enredarse en discusiones que los enfrentarían con parte o toda la sociedad. Por lo tanto, hicieron de cuenta que la riqueza cae de los árboles y se puede dar todo a todo el mundo.
Los senadores peronistas fueron especialmente hipócritas. Durante sus gobiernos se licuó el nivel de las jubilaciones y se desobedecieron los fallos judiciales que obligaban a actualizarlas. Ahora, en la oposición, de repente tienen la urgencia por aumentarlas. Justo cuando otro partido se tiene que hacer cargo de la cuenta.
Retomando el eje de esta nota, el nivel de vida posible está dado por la productividad y la riqueza que se genera con el trabajo. En la prehistoria, todas las personas trabajaban los siete días de la semana tratando de obtener comida e igualmente muchas veces pasaban hambre ya que cazaban con garrotes y a pie. Aún en la edad media, hasta los reyes tenían un nivel de alimentación y confort peor que la inmensa mayoría de las personas en la actualidad. Esto era así porque los recursos que podía producir cada economía eran escasos por los conocimientos y la organización social de ese momento. Este nivel de productividad incluso coartaba la posibilidad de vivir. Hasta hace menos de dos siglos, la mitad de las personas morían antes de los 15 años.
El surgimiento del capitalismo y la acumulación de capital (en conocimientos y maquinaria), hizo posible que, a diferencia de los siglos anteriores, no sea necesario trabajar todos los días del año y permitió que los niños y ancianos no tengan que producir para subsistir. Pero esta mejora en la producción de recursos no alcanza para cubrir todas las necesidades o deseos de las personas. Además, a medida que se satisfacen ciertas necesidades surgen otras nuevas. Por ejemplo, y sin querer parecer petulante, pero para dar un ejemplo gráfico, a ninguna persona del medioevo se le hubiera ocurrido que tenía derecho a no trabajar porque había cumplido cierta edad. La jubilación es un derecho moderno, no es un derecho natural.
En conclusión, siempre las necesidades y deseos superarán a los recursos necesarios para satisfacerlos. El deber de los gobernantes es definir las prioridades, lo que se puede lograr y lo que no se llega a satisfacer. Imaginar que lo contrario es posible es ignorancia. Actuar como si fuera posible es irresponsabilidad.
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