
Papa peruano, Papa estadounidense, Papa misionero, Papa por la paz, por una paz desarmada y desarmante. Papa que reivindica a Francisco en el día la última pascua de resurrección. Papa León XIV, inscripto en la Doctrina Social de la Iglesia formulada por León XIII, autor de la maravillosa encíclica Rerum Novarum, cuya definición es la defensa de los derechos de los trabajadores, la promoción de la justicia social y la búsqueda del bien común. Temas que no son del pasado sino que siguen siendo, hoy más que nunca, el centro del debate político y moral del mundo.
Recibí la noticia con la emoción de quien sabe que está presenciando un momento histórico. El mundo tiene nuevo Papa. La Iglesia, nuevo pastor. Se llama León XIV, y eligió asumir ese nombre cargado de sentido. Como argentino y como creyente, me cuesta no conmoverme ante este símbolo: León XIII fue quien coronó a la Virgen de Luján el 8 de mayo de 1887. Hoy, un 8 de mayo, León XIV asume el pontificado. Emociona que el Papa elegido hoy lo haya sido justamente un 8 de mayo. Porque siento que el Espíritu habla también a través de los símbolos.
Cinco veces lo escuché decir la palabra “puentes” desde el balcón de San Pedro. No es casual. En un mundo lleno de trincheras, de muros, de odios viejos y nuevos, León XIV llega con la vocación de unir donde otros separan y tender puentes entre pueblos, religiones, culturas. De continuar el camino que Francisco abrió y que tanto bien nos hizo.
Francisco nos habló de los descartados, de los migrantes, de la casa común. Nos pidió salir del templo para ir al barro. León XIV parece dispuesto a tomar esa posta. Lo vi en sus gestos, en sus palabras. Durante su carrera, habló de los pobres, del cambio climático, de los derechos de los migrantes. Estuvo junto a los que sufren. “El obispo no debe ser un principito sentado en su reino. Está llamado a caminar con su pueblo, a sufrir con él”, dijo y esa frase nos impulsa hacia el futuro.

León XIV viene de Chiclayo, Perú, una ciudad a la que llaman “la Ciudad de la Amistad”. Esa misma amistad social que Francisco nos pedía en Fratelli Tutti, cuando hablaba de los movimientos populares como “poetas sociales”. La fraternidad no como un eslogan vacío, sino como una práctica política, concreta, encarnada. Porque como decía Francisco: “O somos hermanos, o nos destruimos”.
León XIV es estadounidense. También es latinoamericano. Es de allá y es de acá. Y eso importa. Porque nuestra América también tiene mucho para decirle al mundo. León XIV se formó en los márgenes, en las periferias, en los barrios del Perú. Y desde ahí viene a ocupar la silla de Pedro.
En estos tiempos de guerras, discursos de odio y fragmentación global, el mundo necesita puentes, esperanza y líderes que no tengan miedo de abrazar a los últimos de la fila. Francisco fue eso. Yo deseo, de corazón, que León XIV también lo sea.
Hoy lo anunciaron como el sumo de los pontífices. Mi esperanza es que sea el más grande constructor de puentes y destructor de muros. Cuentan los biógrafos de San Francisco de Asís que su mejor amigo fue su hermano Fray León de Asís. Ojalá sea el nuevo Papa, como soñaba Francisco de Asís, un hermano entre hermanos. Como su amigo Fray León.
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