
El Gobierno analiza un proyecto para que los dólares guardados debajo del colchón, en cajas de seguridad o depositados en el exterior puedan ser usados para comprar cualquier tipo de productos.
Es más, resultaría conveniente que quienes tienen depósitos en el exterior pudieran utilizarlos para adquirir bienes en Argentina sin necesidad de traerlos al país o, si el comprador prefiere, transferirlos directamente.
La idea sería que José le compre un auto a Pedro y le transfiera dinero desde su cuenta en Miami a la de Pedro en Denver, por citar un ejemplo. Ese capital podría contribuir a movilizar la economía sin que quien posee los dólares enfrente el riesgo de una eventual confiscación en Argentina.
Por declaraciones del ministro Luis Caputo, surge la posibilidad de un blanqueo de facto. Es decir, la gente podría utilizar sus dólares ahorrados sin que se le exija justificar el origen de esos fondos. Se trataría, en la práctica, de un blanqueo indirecto.
De los dichos de Caputo surge que quien tiene dólares fuera del sisema bancario puede utilizarlos en operaciones de compra de bienes y servicios sin que se le exija justificar el origen de esos fondos
El gran interrogante es si quien tiene esos dólares está dispuesto a sacarlos, teniendo en cuenta los antecedentes de confiscaciones en el país.
Habrá que ver qué incentivos ofrece el Gobierno a quienes atesoran divisas para que las usen en transacciones como las mencionadas.
Cuestiones clave a considerar
Si bien comparto la idea de que la gente pueda usar sus dólares para realizar transacciones, hay un punto macroeconómico central: si eso ocurre, la base monetaria aumentaría no por los pesos, sino por la incorporación de dólares al circuito.

El circulante pasaría a estar compuesto por pesos más dólares. Un incremento en la oferta monetaria debe estar acompañado por un aumento proporcional en bienes y servicios para evitar presiones inflacionarias.
Para lograr ese aumento en la oferta, es necesario incentivar una corriente inversora que amplíe la capacidad de producción o, en su defecto, liberalizar el comercio para que la oferta se complemente con importaciones.
Pero para atraer inversiones que desplacen la frontera de producción hacia la derecha, deben existir condiciones económicas e institucionales que generen confianza de largo plazo.
Será necesario incentivar una corriente inversora que amplíe la capacidad de producción o, en su defecto, liberalizar el comercio para que la oferta de dólares se complemente con demanda de importaciones
Eso lleva tiempo. Las elecciones legislativas de este año serán una señal sobre el futuro institucional, en particular sobre si el kirchnerismo queda debilitado o conserva capacidad política.
El costo de postergar las reformas
El otro punto ineludible es que sin reformas estructurales –laboral, impositiva, del Estado– la productividad seguirá siendo baja, y muchas empresas no tendrán incentivos para invertir.
Si se abre la economía para compensar con importaciones el efecto de mayor circulación monetaria, pero el tipo de cambio real sigue atrasado y no se aplican reformas, se corre el riesgo de destruir parte del aparato productivo y generar mayor desempleo.


En otras palabras, que la gente pueda usar libremente dólares, yenes, reales o pesos para hacer transacciones es deseable. Pero la clave es la secuencia de implementación.
¿Se puede aumentar la oferta monetaria en dólares con un tipo de cambio atrasado sin afectar la economía real, o primero deben aplicarse reformas estructurales para permitir que la oferta responda al nuevo nivel de demanda?
Una buena idea que necesita respaldo
He insistido en otras columnas en que sería útil habilitar la competencia de monedas, siempre con la posibilidad de que quienes tienen ahorros en el exterior puedan hacer pagos desde allí sin ingresar los fondos al país. Esa masa de capital podría impulsar la economía, pero la medida solo funcionará si se da en un contexto de reformas estructurales previas.
Y hay otro punto esencial: ¿por qué la gente atesora dólares debajo del colchón, en cajas o en cuentas afuera? La respuesta es clara: Argentina ha confiscado sistemáticamente los ahorros de sus ciudadanos.

Memoria económica reciente: Se omite con frecuencia que en 1989 el plan Bonex transformó depósitos en bonos a 10 años. En 2001 se aprobó una Ley de Intangibilidad de los Depósitos y pocos meses después se impuso el corralito. Luego llegó el corralón, la pesificación asimétrica y los bonos como devolución parcial.
En 2008, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner nacionalizó los fondos de las AFJP, apropiándose de los ahorros para conformar el Fondo de Garantía de Sustentabilidad. No solo se eliminó el sistema, sino que no se devolvieron los fondos acumulados.
Conclusión
Habrá que ver los detalles del proyecto oficial para fomentar el uso de dólares atesorados en transacciones cotidianas. Pero incluso sin conocer el texto completo, es indispensable señalar que cualquier plan que aumente la circulación monetaria debería ir acompañado de reformas estructurales. De lo contrario, una buena idea puede terminar fracasando por falta de condiciones previas.
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