
El presidente Donald Trump anunció con bombos y platillos un incremento generalizado de los aranceles a la importación, llamándolo Día de la Liberación. Cuesta entender como una medida así, equivalente a tirarse un tiro en el pie, pueda ser festejada por los votantes. A los argentinos nos recuerda a la cancelación de la deuda con el FMI por parte de Néstor Kirchner, también presentada como una gesta independentista, para reemplazarla por una deuda a la Venezuela de Chávez a una tasa de interés tres veces más cara.
Creer que esta medida va a traer beneficios, es decir un mejor nivel de vida, a la población demuestra una ignorancia supina en temas económicos. No creerlo y presentarlo como un paso adelante demostraría un cinismo absoluto. En general se presenta como una manera de defender los puestos de trabajo locales lo cual es falso. Pero este argumento es aún menos válido para los Estados Unidos que en este momento tiene pleno empleo.
Los mercados abiertos tienen múltiples beneficios: (a) las economías se especializan en lo que son mejores; (b) se crean industrias eficientes; (c) al haber intercambio comercial se estimula la inversión extranjera; (d) se ganan economías de escala y (e) hay beneficios por transferencia de conocimientos y tecnología. La evidencia empírica muestra que las economías abiertas crecen más y tienen un producto per cápita mayor que aquellas cerradas. Un ejemplo cercano, Chile multiplicó su PBI per cápita por 11 veces cuando abrió su economía (1978-2013) mientras que Argentina continuó cerrada y sólo lo hizo por 4. En 1978 cada chileno producía sólo un 40% de lo que generaba un argentino, mientras que en 2013 ya era un 20% más rico.
¿Por qué sucede esto? Las economías abiertas se especializan realizando aquello en que son mejores, vendiéndoselo al mundo, y comprando aquello donde otros lo realizan de una manera más eficiente. ¿Pero qué pasa con aquellos países que son ineficientes en todas sus producciones? Ciertamente serán pobres por ser muy ineficientes, pero podrán ser un poco menos pobres si se especializan en producir aquello donde resultan “menos malos”. A esto se le llama ventaja comparativa.
Veamos un ejemplo imaginario para ilustrar el principio de la ventaja comparativa. La eficiencia de Corea del Sur le permite dedicar 1000 horas hombre para fabricar una tonelada de quesos y 2000 horas hombre para fabricar un camión. Nicaragua, con más regulaciones y menor educación en la población, necesita 6000 horas hombre para los quesos y 3000 para los camiones. Está claro que Corea puede fabricar todo a menor costo, pero los recursos no son infinitos y cada país dispone de 24000 horas hombre para alocar.
Si no hubiera intercambio comercial Corea fabricaría, por ejemplo, 16 toneladas quesos y 4 camiones mientras que Nicaragua podría hacer 3 toneladas de quesos y 2 camiones. Esto daría una producción mundial de 19 toneladas de quesos y 6 camiones.
Con economías abiertas, el resultado de la especialización haría que Corea fabricara 24 toneladas de quesos y que Nicaragua dedicara todos sus recursos a fabricar 8 camiones. Veintiséis por ciento más de queso y treinta y tres por ciento más camiones con el mismo esfuerzo. Luego, de acuerdo con las necesidades de cada uno, se realizaría un intercambio comercial. Sin duda ambos países estarían mejor que cerrándose al resto del mundo, un incremento de alrededor del 30% en el PBI per cápita en el ejemplo.
Por si a esta altura del artículo todavía hubiera incrédulos, un buen ejemplo es pensar lo mismo a nivel de los hogares. ¿Estaríamos mejor o peor si cada familia tuviera que producir su comida, su ropa, sus muebles, proporcionar educación, salud, etc.? La respuesta es evidente. Lo que vale para una pequeña porción de la sociedad, también vale para un sector grande de la población planetaria. Cualitativamente es lo mismo, la diferencia sólo es de escalas.
Para terminar, la imposición de impuestos al comercio no es otra cosa que cerrarse al mundo y entorpecer los libres intercambios. Es desaprovechar las ventajas comparativas. El resultado es conocido, el mundo estará en peores condiciones. Esperemos que otros países no tomen medidas en represalia, sólo aumentarían las consecuencias adversas sobre su población y la del resto del mundo.
A los argentinos no nos tienen que explicar el resultado del proteccionismo. Productos obsoletos y caros. Es una desgracia que el mundo se esté encaminando en ese sentido.
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