
Hoy existe una preocupación creciente que muchas veces no se toca en profundidad, pero claramente amerita un análisis más profundo, un cambio desde lo cultural, una mirada crítica sobre el comportamiento de la sociedad sobre la problemática.
Me angustia escuchar en la radio o leer en las noticias, titulares como: “Cayó la banda que asaltó y torturó a un jubilado”, ”Violenta entradera a un jubilado en Avellaneda”, “Lanús: torturaron a un jubilado y le robaron el dinero que…”, y así.
La lista es interminable y lamentablemente detrás de cada título o noticia, está la vida de una persona mayor que sufrió un evento de inseguridad en su hogar, donde no solo se violó su espacio de seguridad, sino que además fue golpeado, maltratado, lastimado o asesinado, como consecuencia de un robo de valores, poco o mucho, eso no importa.
Como sociedad, como hijos y nietos, ¿qué podemos hacer? Lamentablemente, las fuerzas de seguridad no pueden estar presentes en todos los lugares, por lo que las personas quedan a la buena de Dios, a la espera de ser las próximas víctimas de un potencial delito.
Si bien las personas jóvenes o adultos también son potenciales víctimas de entraderas, los adultos mayores, nuestros padres y abuelos tienen menos herramientas para defenderse. El hecho de que sean personas que por historia y desconfianza en el sistema, o por falta de acceso a la tecnología o a las nuevas tendencias, decidan resguardar el fruto de su vida laboral en su casa, genera un espacio propicio para los delincuentes, que saben, que analizan, que estudian a esa futura víctima indefensa.
“Sin valores no hay entraderas”, debería ser un eslogan de campaña de los intendentes, de la política, de los políticos. Y cuando se habla de valores, hay que ser más amplios, no solo dinero físico buscan los delincuentes, también joyas, alhajas, relojes. Todo aquello que tenga valor y sea fácil sustraer y vender, es el botín perfecto.
Si aún tenemos la fortuna de tener a nuestros padres y abuelos y les preguntamos si tienen “escondidos” valores en su casa, con seguridad la respuesta va a ser afirmativa. Es una tarea de los familiares aconsejar a nuestros padres y abuelos a que tomen decisiones correctas, que confíen en instituciones serias que le brindan no solo la seguridad que requieren para que sus valores estén protegidos, sino también la contención y calidad de atención que se merecen.
No es una tarea fácil, y muchas veces la gente más joven es la que también guarda sus valores en sus casas u oficinas y no se han tomado el tiempo de analizar las mejores opciones que el mercado ofrece, que hoy por suerte son muchas.
Con el tiempo, si la mayoría avanza de la misma manera, terminaremos con un flagelo que nos afecta a todos en menor o mayor medida. Anhelo el día en que no se vuelva a leer o escuchar un titular similar sobre una entradera.
El autor es Presidente de la Cámara Argentina de Empresas de Servicio de Alquiler de Cajas de Seguridad (Caesacs)
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