
En el contexto de una gradual recuperación macroeconómica y normalización en el funcionamiento del Estado y sus responsabilidades esenciales, la situación que atraviesa la provincia de Buenos Aires es gravísima y, por momentos, escandalosa en cuanto a su capacidad de respuesta en sus responsabilidades básicas, como la seguridad, la educación y la salud. En medio de todo ese escenario crítico, el gobernador sigue enfrascado en luchas de poder y atento solamente a las propias internas del oficialismo provincial.
Han sido casi 40 años de gobierno bajo un mismo signo político, con apenas breves interregnos de otros partidos, que han consolidado un sistema marcado por intendentes eternos, un Poder Judicial dependiente del poder político y sujeto a los vaivenes de la política doméstica, y dominada invariablemente por los “barones del conurbano”. A esto se suma un sistema legislativo provincial que, con su silencio cómplice, permite el deterioro institucional y deja a los bonaerenses librados a su suerte. La solución debe encontrarse en que cada poder del Estado asuma el rol que la sociedad le otorga.
El panorama de la provincia más grande del país nos muestra un sistema educativo de nivel paupérrimo y controlado por los gremios docentes; una espiral de violencia cada día más sangrienta que encuentra a las fuerzas de seguridad sin conducción política ni capacidad de respuesta; hospitales provinciales devastados y una obra social provincial (IOMA) que abandona a sus miles de afiliados; impuestos arbitrarios y a valores escandalosos. Esos son solo algunos de los escenarios construidos por el actual gobierno provincial y que, de continuar por ese rumbo, hipotecan el futuro de todos los bonaerenses.
Pese a ello, vemos que legisladores provinciales aparecen en los principales programas políticos hablando de la coyuntura nacional, pero que padecen amnesia cuando deben opinar sobre la crisis que soportan los ciudadanos bonaerenses. La mayoría se limita a comentar la realidad de la provincia en la red social X, pero en los hechos son cómplices de su degradación institucional. Si analizamos los proyectos presentados en la Legislatura provincial, resulta evidente la desconexión entre representantes y representados, con diputados y senadores que, sin ruborizarse, saltan de un partido a otro sin importarles la importancia institucional de sus cargos.
Por su parte, los legisladores nacionales que “nos representan”, algunos de los cuales apenas cumplieron con los requisitos constitucionales para ser candidatos, observan todo desde Capital Federal y relatan, con asombro y como si fueran movileros periodísticos, los problemas que aquejan a los bonaerenses, sin involucrarse ni proponer medidas concretas para resolverlos.
También el Poder Judicial es parte de esa crisis, porque la mayoría de los jueces han sido designados y mantienen compromisos con los políticos de turno, actúan más para complacer y legitimar intereses partidarios que para impartir justicia al ciudadano común. El sesgo ideológico gubernamental y la “bajada de línea” condicionan permanentemente su accionar y sus fallos, dejando a la población a la deriva y sin defensa posible.
La gravedad de la situación impone, tal vez, regresar a las fuentes, a los inicios, reconectar con sus cimientos y que el marco sea nuevamente la Constitución Nacional, que establece la “garantía federal”, exigiendo que cada provincia dicte su propia Constitución bajo el sistema representativo republicano y de acuerdo con los principios, declaraciones y garantías de la Carta Magna. Una provincia mejor exige instituciones fuertes y eficientes.
Recuperar la provincia de Buenos Aires significa construir instituciones vigorosas y que funcionen, una justicia independiente. Y un gobierno eficiente, cercano a la gente y sus necesidades reales, es lo que se necesita. Porque repensar la provincia significa terminar con gobiernos y dirigentes decadentes que han hundido durante décadas en la pobreza a la provincia más poblada, potente y productiva de la Argentina, la que tiene mayor potencial de recibir inversiones y generar riqueza, no solo para sus habitantes, sino para todo el país.
Ese es el desafío de todos los bonaerenses.
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