
Mientras gobernaba el último tercio de la gestión Fernández – Kirchner, Sergio Massa se dedicó exclusivamente a intentar cambiar billetes para los votantes por apoyo electoral. No obtuvo suficiente apoyo, pero dejó a nuestra patria con una inflación del 1% diario. La pobreza en la Argentina está en el 45% de la población y la alta inflación la dispara exponencialmente. Ello obliga al presidente Milei a implementar a toda velocidad un plan de estabilización que, como todos, tiene un lado restrictivo (la eliminación del gasto del estado no cubierto por los impuestos y de la impresión de billetes) y un lado expansivo de los sectores más dinámicos de la economía nacional.
El éxito de los planes de estabilización y crecimiento depende de las expectativas. Si no se generan rápidamente expectativas de un cambio radical, tanto en los aspectos restrictivos de la inflación como en los potenciadores del crecimiento, la hiperinflación destruirá a los más pobres y tal vez el plan fracase en sus dos objetivos. El cambio de expectativas fue impulsado por medidas de austeridad que anunció el ministro Caputo y por un decreto de necesidad y urgencia (DNU) presentado por el presidente. Ningún abogado serio puede afirmar que el DNU sea inconstitucional, si no evalúa la proporcionalidad entre las medidas adoptadas y la crisis desatada por Massa. No es sólo un tema de leer leyes, sino de interpretar leyes en el contexto de la realidad sobre la que las leyes operan.
Dicho eso, el cambio de expectativas comenzó con el vigor necesario. Los diputados que hablan de facultades del Congreso y de consensos, deberían empezar por presentar proyectos de ley derogando las leyes que deroga el DNU y por hacerlos firmar por la mayoría de sus colegas, en lugar de rasgarse las vestiduras mientras se limitan a criticar a los que actúan para salir de la crisis que es desesperante para sus representados.
Pero quiero aportar el análisis de otro costado del asunto, que es el de la inserción internacional. La Argentina compra y vende cosas al resto del mundo, integra organismos internacionales con derechos y obligaciones y forma parte de un club selecto, que es el grupo de los 20 (G20). El gobierno de Alberto Fernández, Cristina Fernández de Kirchner y Sergio Massa firmó la última declaración de Nueva Delhi del G20 que indica qué es lo que la Argentina debe hacer y qué es lo que los kirchneristas (para no hablar de los de Juntos por el Cambio) se han comprometido a apoyar.
Los kirchneristas, en la declaración que firmó su gobierno, “renovaron su compromiso de asegurar una competencia económica igual para todas las empresas, desincentivar el proteccionismo y las prácticas que distorsionen los mercados, para favorecer el comercio y el entorno de las inversiones para todos por igual”. Es increíble, pero esas palabras del mes pasado, parecerían asegurar el voto peronista y kirchnerista al decreto de Milei, desregulador de leyes groseramente anti igualitarias, distorsivas de todos los mercados, ilegalmente proteccionistas y contrarias al comercio y las inversiones.
Como si eso fuera poco, la Argentina y los kirchneristas que la representaban, se comprometieron a “destrabar un crecimiento sustentable, equilibrado e inclusivo y resolver la crisis del costo de vida de la población, expandiendo la estabilidad macroeconómica y financiera”. Es bueno que haya dicho esto Massa, que venía destruyendo la macroeconomía y generando una bomba de deuda en pesos de corto plazo con las letras de liquidez del Banco Central. Eso no es todo. Siguen la Argentina y los kirchneristas: “los Bancos Centrales continuarán fuertemente comprometidos con lograr la estabilidad de precios, de acuerdo con sus propios mandatos legales, asegurándose que las expectativas de inflación se mantengan bien ancladas”. También le indicaban a Milei el camino que siguió, al establecer el compromiso argentino de tomar medidas temporarias de gasto para cuidar a los más vulnerables, “manteniendo la sustentabilidad fiscal de mediano plazo”, además de “asegurar la coherencia de las políticas fiscal y monetaria e impulsar medidas del lado de la oferta para incrementar el empleo”. Por último, seguramente para terminar con el vergonzoso sistema de la Aduana, se comprometieron a “un sistema de comercio internacional justo, abierto, transparente y sustentable para servir como motor de crecimiento y prosperidad para todos”. Esperamos coherencia de los diputados de las oposiciones con todas estas premisas.
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