
Ningún político puede representar a una sociedad que no conoce y, por ende, no entiende. Muchas veces quienes están en política y ocupan cargos desde hace muchos años, cometen el error de pensar la sociedad desde la distancia y en términos ideales. “Me gustaría que suceda tal cosa o tal otra”, “los trabajadores necesitan leyes que esto o lo otro”, como si nuestras decisiones fueran varitas mágicas que cambiaran el país a nuestro gusto y parecer. Pero por más que muchos dirigentes insistan en trabajar para sostener una sociedad industrial como la de la década del ‘50, donde todos los trabajadores estaban sindicalizados y pasar toda la vida en el mismo empleo era símbolo de prosperidad, eso ya no va a ocurrir: gobiernan para una sociedad que no existe.
En el siglo XXI, la gran industria que es transversal a todas las demás es la economía del conocimiento. No solamente porque hoy representa el tercer complejo exportador argentino, sino especialmente por dos motivos: por un lado, impacta en todas las demás industrias. Cuando hablamos de las exportaciones del campo, estamos hablando en cierta medida del impacto de la economía del conocimiento que hace más de dos décadas viene revolucionando la productividad de nuestro agro gracias a la incorporación de inteligencia artificial, computer vision y machine learning, pero también por los avances de la biotecnología.
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En segundo lugar, la economía del conocimiento está generando nuevos empleos, difíciles de contabilizar en la forma en que medimos justamente los indicadores de trabajo, el PBI o las exportaciones. Gamers, streamers e influencers están moviendo la economía del mundo casi sin sospecharlo. Y de forma silenciosa para muchos de nosotros. Pequeños equipos de productores de contenido, copywriters, community managers, desarrolladores de guiones, editores, y especialistas en publicidad digital proliferan por todo el mundo y se ganan la vida con un empleo que no se parece en nada a aquellos que tenían sus abuelos en fábricas industriales.
No estoy diciendo que una cosa reemplace a la otra, sino más bien que este es un nuevo segmento de la economía que no estamos teniendo en cuenta. Las reglamentaciones anticuadas de dirigentes que se criaron en un mundo en el que la relación de dependencia y el trabajo estable eran un valor destacado están haciendo cada vez más difícil la existencia de empleos de calidad.
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El estudio “The World’s dream job” reveló que, según las búsquedas en Google, el empleo más soñado por los argentinos es el de influencer. En Colombia, Venezuela y Ecuador el resultado es el mismo, y en Chile, Bolivia, Perú y Uruguay lo cambian por youtuber. Probablemente muchos piensen que esto es una razón más para confirmar la teoría de que “esta generación está perdida”. Sin embargo, esto es parte de transformaciones mucho más profundas en las formas de consumir y transmitir conocimiento y entretenimiento.
Mientras se daba hace unos días el debate de candidatos a Vicepresidente, también estaba ocurriendo la transmisión en vivo de DjMaRiiO, un youtuber español especializado en FIFA que transmitió en directo durante 7 horas y media mientras jugaba por primera vez al FC24 de EASports. Alcanzó cinco veces la cantidad de reproducciones del debate, que además duró un quinto del tiempo.
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Al mismo tiempo, un estudio realizado en conjunto por Open AI y la Universidad de Pennsylvania en marzo de 2023 afirma que el 80% de la fuerza laboral de Estados Unidos ya está alcanzada por herramientas de inteligencia artificial generativa en algunas de sus tareas. El mundo está cambiando profundamente, y no verlo sería un gravísimo error para cualquier tipo de dirigente.
En este contexto, las regulaciones laborales anticuadas impiden pensar categorías que contengan esta nueva demanda social de otro tipo de empleos. Es imprescindible que la dirigencia se quite los prejuicios y comience a discutir de verdad una actualización laboral. Lo único que pido, encarecidamente, es que no quieran crear el sindicato de youtubers.
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