
La agroindustria argentina cumple un rol fundamental en la economía global, tanto como proveedora de bienes y servicios de origen agropecuario, como por su vinculación con la producción de bioenergías. Sin embargo, las próximas décadas pondrán por delante una serie de desafíos para el sector, de la mano de una agenda de creciente preocupación mundial por el ambiente y el cambio climático.
El cambio climático está demostrando su impacto significativo en la productividad y el desempeño del sector. La sequía que afectó a la Argentina en 2022/2023 ocasionó una caída del 4% del PBI anual argentino por la contracción de la producción agrícola y el saldo exportable.
Sumado a ello, crecen los cuestionamientos a la ganadería por su rol en las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y la pérdida de biodiversidad por convertir áreas naturales en zonas de producción. Según datos oficiales, en Argentina el sector de agricultura, ganadería y silvicultura (bosques y montes) genera el 39% de las emisiones de GEI nacionales (Inventario Nacional de gases de efecto invernadero, 2021), mientras el 60% de la pérdida de bosques nativos en el Gran Chaco es atribuible a la expansión ganadera (Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable).
Esta problemática, común a varios países de la región, ha motivado algunas reacciones de los mercados internacionales, que comenzaron a adoptar medidas restrictivas a la comercialización de productos que no demuestren que sus cadenas de producción son inocuas al ambiente y al clima. Algunos ejemplos concretos son las iniciativas de la Unión Europea para limitar la importación de alimentos provenientes de cadenas productivas con deforestación o la imposición de impuestos al carbono en frontera -gravan a los productos con alto impacto en emisiones.

Argentina contribuye con menos del 1% de las emisiones GEI globales, es líder en tecnologías agrícolas baja en emisiones -como la siembra directa- y ha mostrado avances en reducir la deforestación. Además, el perfil productivo de nuestro país y la capacidad de adaptación e innovación del sector posicionan a la Argentina en un lugar relevante para abordar una agenda de producción sostenible que logre un desarrollo del sector en este nuevo escenario global. Pero eso no está exento de importantes de desafíos, como la necesidad de impulsar la adopción de buenas prácticas que reduzcan impactos en las principales cadenas; la falta de una agenda interna y externa coordinadas; el desarrollo de mercados; la generación y puesta en valor de evidencia sobre los sistemas productivos.
Posicionar a Argentina como un líder global de agroindustria sustentable, requiere del diseño de políticas públicas que apunten a la mejora progresiva de los sistemas productivos agroindustriales en sus aspectos ambientales, al desarrollo de tecnología y procesos adecuados para el cálculo y monitoreo de las emisiones del sector, y al posicionamiento internacional de nuestro país como productor de bienes y servicios sostenibles.
Tres ejes fundamentales son relevantes para dar los primeros pasos en esta dirección:
Diseñar una estrategia para el posicionamiento de la producción agropecuaria sostenible de Argentina y el desarrollo de mercados que contemple la puesta en valor de los sistemas productivos sostenibles, que den sustento a las negociaciones internacionales en convenciones y otros ámbitos multilaterales, el desarrollo de financiamiento para la transición hacia modelos productivos más sostenibles y el impulso de las buenas prácticas, y el desarrollo de mercados que valoren los atributos de la producción nacional.
Crear un gabinete científico-técnico permanente para la evaluación de sistemas productivos agroindustriales con el objetivo de generar evidencia para contabilizar localmente las emisiones de GEI y otros aspectos ambientales, brindar argumentos sólidos para sostener una estrategia de política internacional y obtener base científica para el diseño de incentivos a las buenas prácticas.
Promover buenas prácticas y sistemas productivos sostenibles, fijando metas específicas para avanzar en su implementación y alineando los instrumentos financieros disponibles para incentivarla.
Estas propuestas apuntan a delinear una posible hoja de ruta para reducir los riesgos asociados a la transición verde que el mundo ha comenzado a recorrer, y también a generar los incentivos para captar las oportunidades mediante el posicionamiento del sector agroindustrial argentino en el nuevo contexto global.
En este contexto, CIPPEC se asoció con CREA y AAPRESID, y ya estamos trabajando para generar evidencia e identificar mejores prácticas para promover una agroindustria sostenible.
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