
Hace pocos meses visité la Escuela Bandera Argentina en el Barrio 31. Una maestra de cuarto grado quiso mostrarme los avances de sus estudiantes y le pidió a un chico que leyera en voz alta. Para mi sorpresa, el chico leía con mucha dificultad (se aprende a leer en primer grado en general). Cuando el chico terminó, la maestra me miró y tenía los ojos llenos de lágrimas. Me dijo: llegó hace tres meses de Chaco y no sabía ni leer su nombre.
El orgullo y la emoción de esa maestra me vuelven ahora que escribo sobre este día.
El Día del Maestro es una fecha para reconocer el esfuerzo, dedicación y compromiso de las personas que pueden cambiarle la vida a un niño: enseñarles a pensar, a amar el conocimiento, a potenciar su curiosidad. Es también una fecha que nos interpela a pensar en cómo atravesar la crisis educativa en la que estamos inmersos. Nuestro país tiene el desafío urgente de mejorar la calidad educativa poniendo énfasis en reducir las desigualdades.
Recientemente, el debate estuvo centrado en los vouchers educativos. ¿Es este sistema una de las soluciones al problema? Difícil creerlo, porque en la actualidad ningún país del mundo avanza hacia la implementación de un sistema de ese tipo. ¿Argentina podría ser la excepción? Difícil pensarlo también, porque no solo se ha comprobado a nivel internacional el aumento de la desigualdad educativa en países que adoptaron los vouchers, sino que también empeoraron los indicadores educativos de todo el sistema, como en el caso de Suecia. Sin ir más lejos, a nivel local, la experiencia de las escuelas autogestionadas en San Luis evidenció retrocesos en el acceso a la educación y en la calidad de los aprendizajes.
Es innegable que nuestro sistema educativo necesita mejorar su eficacia, como lo evidencian las últimas pruebas Aprender 2022 y como lo demuestran también desde hace décadas las pruebas internacionales como PISA y ERCE. Los altos niveles de desigualdad entre los estudiantes de distintos niveles socioeconómicos que reflejan estos datos no harían más que agudizarse con medidas como el sistema de vouchers en el cual las escuelas compiten entre sí por los recursos. Aquellas escuelas que tienen un mejor punto de partida, tendrán mayores recursos y las que tienen peores condiciones iniciales, saldrán perjudicadas. Casi como la vida misma.

En vez de poner patas arriba al sistema, es necesario construir consensos para abordar los problemas de fondo y garantizar la continuidad y solidez de las políticas que aborden los principales desafíos de la educación y que apoyen a las comunidades educativas. Los docentes desempeñan un papel crucial en la implementación de estas políticas y por eso es fundamental generar condiciones y prácticas que apuntalen su rol. Parte de ese trabajo lo venimos haciendo desde la comisión de Educación, Ciencia y Tecnología de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde aprobamos importantes leyes, como la de Fortalecimiento de la Carrera Docente, y la ley para reorientar el Régimen de Becas de Educación Superior a carreras estratégicas.
Existen diferencias sociales y educativas entre las diversas escuelas que conforman el sistema, allí donde hay población más vulnerable es necesario que los docentes reciban un plus salarial, para evitar que roten y para asegurar que los estudiantes que más lo requieran cuenten con los docentes más formados y mejor remunerados. También es necesario reestructurar y multiplicar los actuales equipos de orientación escolar, para que en cada escuela haya profesionales que puedan brindar mejores respuestas a los problemas que exceden lo específicamente educativo, cuestiones que hoy pesan sobre las espaldas de los docentes, desviando esfuerzos y sin lograr los resultados buscados (temas de violencia o salud mental, son algunos ejemplos).
Estas iniciativas requieren de mayor inversión, y como sociedad tenemos la responsabilidad de tomar decisiones que modifiquen el presente de los chicos y chicas, pero también su futuro. Para ello es crucial apoyar a nuestros docentes, porque son los arquitectos del futuro educativo y, en consecuencia, de una sociedad más justa y equitativa. Mejorar los aprendizajes y fortalecer la enseñanza resulta fundamental para que la educación evolucione y le garantice un presente y un futuro a cada niño y niña que vive en Argentina. Hay mucho por hacer. Es ahora.
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