
Las elecciones primarias dejaron un cúmulo de tópicos que responden más a la emoción del momento que a un análisis sereno de los resultados. “Cambia totalmente el escenario político del país”, “se impone el voto bronca”, “muestra un escenario completamente abierto”. Pero quizá el más falso y engañoso de todos fue ese que pretende que “nadie la vio venir”. No quisieron verlo, o lo ocultaron.
Es difícil reconocer una realidad que choca con las propias convicciones o preconceptos. De hecho, se dio la estimación más general y también más discutida: un escenario de tercios, en el que todos tienen chance de entrar al balotaje.
Una victoria en la primera vuelta parece poco posible. La pregunta que cabe hacerse es qué estrategia tiene cada uno de los candidatos para hacerse con los votos que necesita para ir a la segunda vuelta. Esos votos son los de aquellos que no fueron a votar, de los que se quedaron sin candidato, de los que están dispuestos a revisar su preferencia en las PASO.
Vamos de menor a mayor.
Milei
La Libertad Avanza necesita personas. Es decir, una cantidad suficiente de fiscales de mesa que minimice los fraudes relacionados con la disponibilidad de boletas y la eventual defensa de los votos en la confección de las actas.
También necesita mostrar equipo, o al menos asesores que le den consistencia a la propuesta. La estrategia de pasear por los programas a Diana Mondino, Carlos Rodríguez, Alberto Benegas Lynch (h) y Emilio Ocampo puede dar buenos resultados. Es preciso no perder la cercanía con la gente a través de actos públicos por todo el país.
Secundariamente, Milei debe administrar bien las intervenciones en público, manteniendo la fuerte tensión discursiva pero manejando estratégicamente los excesos verbales y las salidas de tono.
El plan no parece particularmente complicado, pero es preciso ejercer un control muy estrecho sobre los recursos humanos y simbólicos disponibles.,
Bullrich
Juntos por el Cambio necesita discurso. Recuperar la iniciativa de la oposición y conseguir la posición dominante del cambio. Eso sólo lo puede hacer a costa del Gobierno. No porque le vaya a quitar votos al oficialismo, sino porque le permite volver a la centralidad. Debe plantear una confrontación total con el Gobierno y en particular con Massa: lo que no se hizo durante cuatro años. Hacer oposición intensa pero desde una posición diversa de la de Milei, aprovechando que éste último usualmente ataca más al Estado que al Gobierno.
Bullrich podría mandar a los economistas del equipo a armar una especie de gabinete paralelo que denuncien públicamente las decisiones y medidas de Massa y operen directamente contra ellas. Lo mismo respecto con áreas selectas del Estado que sean particularmente sensibles.

Adicionalmente, puede mostrar un programa de medidas inmediatas no bien forme gobierno y un equipo. Bullrich tampoco parece tener capacidad suficiente para mostrar un elenco de técnicos que la respalde. Es probablemente el plan más complicado de llevar a cabo, puesto que supone operar en el plano de las percepciones de los electores.
Massa
Unión por la Patria necesita dinero. Sus chances electorales dependen de la eficacia de dos acciones paralelas: atenuar en la medida lo posible los efectos de las medidas económicas en los ingresos y la capacidad de compra de los votantes y distribuir rápidamente un cúmulo importante de recursos materiales en zonas que le pueden reportar un mayor caudal de votos: Conurbano y provincias del Norte, donde ganó Milei. Massa necesita comprar votos.
Esta línea de acción debe complementarse con la fidelización -a través de los mismos recursos- de gobernadores e intendentes para que le muevan la boleta en sus circunscripciones.
De las tres es la estrategia más fácil de implementar, fundamentalmente por la disponibilidad ilimitada de recursos públicos, pero en el presente contexto podría ser la que tiene menor eficacia. Apelar al interés directo puede ser una trampa: todos querrán cobrar por adelantado.
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