
Dejar de lado la sobreactuación con la DEA implicaría un gesto de seriedad en la lucha contra el narcotráfico. Claro está que eso significaría dar un paso adelante.
Posicionarse, en el contexto de la mediocridad y la obviedad, en otro nivel.
Gestar un programa de trabajo de investigación sin “arrepentidos”, sin acuerdos de reducción de pena y demás coqueterías de la administración del delito mundial.
Sucede, que después de décadas, se habla de lucha cuando en realidad se trata de una regulación del caos con esporádicos golpes de efecto.
El viraje proactivo, con todo lo que el mismo implica, no fue trazado. Es que la proactividad no saca foto. No vende. Razón por la cual, la línea continúa siendo reactiva. Aún en contra de la seguridad y de la salud,
El desborde mediático en campaña con la DEA como instrumento argumental, banaliza toda la problemática y ubica, al organismo, en una situación de incomodidad que se acerca al papelón. Al ridículo.
Patricia Bullrich, que además de trayectoria tiene visiones de oasis en el desierto, gira a la DEA y a la Embajada en un imaginario fantástico. En estas instancias, casi superador al de García Márquez.
Si la DEA quisiera detener a Nicolás Maduro por vínculos con el narco no tendría que esperar su arribo a otro país. Lo haría, directamente, en Venezuela.
Ahora bien: ¿La DEA investiga a Maduro como narcotraficante? ¿O la DEA simplemente acopia dichos de diversos sectores políticos y periodísticos de Venezuela y la región?
Venezuela es un precioso país que ha sido estragado por la barbarie de Maduro en todas las variables que componen el desarrollo humano integral. Y la seguridad es una de esas variables detonadas.
Un país donde emergieron organizaciones locales del narcotráfico y el narcomenudeo -Tren de Aragua por ejemplo- con expansión internacional y es, a su vez, puerta de ingreso para células criminales de otros países. Incluida la MS-13 (Mara Salvatrucha).
Escenario brutal que afecta también a toda la región y que hasta el momento, nadie abordó conforme a la calamidad. Nadie, al señor que en la demencia conversa con el pajarito, le mueve el perímetro de sus pasos.
El amague con salir de su zona de confort fue solo eso. Un amague en medio de la irracionalidad que conoce racionalmente la realidad Argentina.
Su problema no fue el alerta que la ex ministra Bullrich lanzó voraz en redes para mostrar sus creativas “influencias” sobre la DEA. Su problema era el escrache en un país donde no hay garantias nacionales de seguridad. Ni para sujetos de derecho, ni para sujetos que están a cargo de un país aunque de forma destructiva.
Inflar a la DEA y presumir una imaginaria y potencial lucha contra el narcotráfico es confirmar el poder narco.
Se le suma, al Macondo de la campaña política, la operativa de algunos medios de comunicación. Los que por torpeza y lógica acomodaticia, se suman a la comicidad sin cuartel. Una comicidad que le quita, aún más seriedad, al delito narcocriminal y a la situación de Venezuela.
* El artículo fue publicado en el sitio https://soclauraetcharren.blogspot.com/
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