
La Argentina es un sentimiento y está integrada, claro, por personas que sienten. Sentimos de todo: emoción, frustración, ilusión, desilusión, euforia, depresión, cansancio, alegría, tristeza, bronca, etc.
En la acepción primera del diccionario de la RAE se dice que “sentir” es experimentar sensaciones producidas por causas externas o internas.
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Algunos gobernantes de la Argentina han captado lo anterior y obraron -y obran- en consecuencia, con éxitos variados. Y lo han hecho de manera racional a veces, e intuitiva otras.
Aquel político que no esté atento al “sentir” de su pueblo, pocas posibilidades tiene de gobernar. Mientras que el que sí lo esté tiene, al menos, alguna posibilidad de ser visibilizado.
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Alguien me dirá: “¡Pero estás hablando de populismo y demagogia!”
Mi respuesta es: “No. Aunque reconozco la cercanía conceptual. No toca ahora diferenciar”.
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Me reflexión apunta a otro lado y es más bien una idea de futuro. Aunque me gustaría que sirviera en la actualidad.
Vamos al grano.
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Cuando unos cuantos en el país pensaron hace casi 20 años: “Que se vayan todos”, era un sentimiento generalizado que expresaba, a su vez, algunos de los sentimientos indicados arriba: cansancio, frustración, desilusión y bronca. Se sintetizó en esa frase una idea que fue transversal en la sociedad como pocas veces se había visto en política.
Pero no se fueron...
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Hoy no estamos lejos de ese sentimiento. Otra vez muchos sienten igual. El peligro de ello es que algunos sectores de la sociedad tienen una fácil tendencia a abrazar y seguir a aparentes redentores y líderes mesiánicos para sentirse “contenidos”. No solo las personas quieren sentirse contenidas, el ciudadano también.

Cuando pensamos en que la solución del país está en manos de los políticos, estamos muertos. Aunque una parte de la solución sí debe estarlo.
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Y ahora explico porqué mi reflexión no es para ahora, y sí lo es para el futuro.
Mi reflexión es que seremos un mejor país, menos dependiente del sentimiento, cuando nos demos cuenta de que lo único que nos salva es fortalecer a la Sociedad Civil entendida ésta como el conjunto de organizaciones que bregan por valores vinculados a la transparencia y al Estado de Derecho. Organizaciones plurales, que dejan a un lado las banderas políticas (más allá de sus individualidades) para izar las banderas de los valores cívicos.
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Alguien me dirá: “¡Pero de eso ya hay algo en la Argentina!”
Hay, sí, pero poco e insuficiente. La Sociedad Civil debe crecer mucho más en la Argentina.
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Y me gustaría poner un ejemplo de algo que acaba de suceder en España. El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en el gobierno (con alianzas con otros partidos) y el Partido Popular (PP) en la oposición, están siempre con discusiones crispadas.
Sin embargo, en un acuerdo espurio al que se llegó en octubre de 2021 se repartieron unos cargos en la Agencia Española de Protección de Datos. Nada menos que los dos cargos de mayor jerarquía en ese organismo. Las nombres de las dos personas “pactadas” salieron en la prensa ya como titulares de esos cargos. Increíble (todavía se puede ver).
Pero los políticos (PP y PSOE) no se había percatado de que justamente esos dos cargos, a diferencia de otros (Tribunal Constitucional, Tribunal de Cuentas), requerían de un concurso. Advertidos del grave escollo, ni lentos ni perezosos llamaron un concurso con bases “a medida” de los candidatos pactados (como para que ganen).

¿Y qué pasó? Se presentaron unos candidatos mejores que los pactados. Un gran bochorno para el PP y el PSOE que acaba de culminar con una sentencia del Tribunal Supremo de España, de 24 de mayo, poniendo las cosas en orden.
Ello no hubiera ocurrido sin la existencia de una organización ejemplar: la Fundación Hay Derecho, de unos ciudadanos inquietos y reflexivos -entre los que me incluyo- y unos afectados directos que con coraje cívico buscaron el amparo de la Justicia; y lo obtuvieron.
Ese es un ejemplo, nada más. Pero que muestra en plenitud aquello de lo que hablo: los políticos muchas veces se arreglan entre ellos, sin que les importen sus votantes...el pueblo, y eso es muy negativo.
En suma: necesitamos más y más Sociedad Civil, menos y menos impunidad.
Ello quizás no nos termine de devolver la ilusión, pero nos generará una sensación tan parecida que solo un experto se daría cuenta de la diferencia.
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