
¿Cuáles son las prioridades para el día después de la elección? Las de la inmensa mayoría de los ciudadanos que hay que atender para evitar la continuidad del deterioro, el estado de malestar, en el que estamos instalados. Hace muchos años.
Las urgencias prioritarias, en lo social, empiezan por la pobreza del 60% de los niños; en lo económico, por la carencia de dólares, en las arcas del BCRA, para poder atender como mínimo la continuidad del nivel de actividad; en lo político, romper la huelga de ideas, escondida en el griterío de la ofensa al adversario.
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En el sector externo, por la ausencia de dólares, está dominado por la deuda pendiente y no negociada. Algo que no depende sólo de nosotros y que, sea cuál sea el trato, nos condiciona a largo plazo. Con acuerdo, mejor. Porque si no se hará dramáticamente sin acuerdo.
La pobreza no sólo no se reduce, sino que crece; y no se practica otra estrategia que no sea la de que nada cambie para que todo quede como está.
A la inflación, que resiste cualquiera sea la medida, se la enfrenta como algo “en sí”; sin considerar que es la inevitable consecuencia de una degradación permanente de las dos deudas -la social y la externa- que son hijas de la carencia de productividad y del alejamiento histórico de las oportunidades de empleo en aquellos sectores que acrecientan la productividad.
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La economía se reactiva este año. Pero en ausencia de inversiones: es el rebote del gato muerto. El producto potencial, bien medido, sigue bajando.
Claramente, el día después o la herencia para 2022, más que un capital, es una deuda.
Empezamos en negativo
Es bueno recordar, cualquiera sea el resultado, que lo que tiene la Argentina -que somos todos, los que ganen y los que pierdan- es un pasivo enorme por pagar.
El lunes empieza el tiempo, el tick tak, de una serie de problemas que si no empezamos a resolverlos llegarán al momento de no retorno.
Por lo que escuchamos de la política no es esto lo que obsesiona a los que conducen. La preocupación, si realmente existiera -que implica ser conscientes de dónde estamos- hubiera inundado los medios de propuestas concretas hacia adelante y no del machaqueo sobre el pasado.
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Si tienen propuestas y las ocultan, es porque piensan que son impresentables. Entonces serán intransitables. Y en este caso es preferible que no las tengan. Por tanto, terminada la elección que se ocupen de buscarlas. Si algo es “problema” es porque tiene solución. Hacer política es “conversar acerca de las soluciones” a los problemas.
Una elección legislativa no trata de la inauguración de un ciclo. Los cambios legislativos -si ocurren- pueden modificar las condiciones en las que se ejerce el poder.
Un poder, el de este Ejecutivo, que nació débil. Con votos, pero sin autonomía. O sin la claridad de lo que había que hacer.

Es cierto, la pandemia obscureció. Es muy dificil caminar en un desfiladero a obscuras. Pero empezar a caminar, aún con esas dificultades, implica tener claro dónde vamos y por dónde.
Alberto Fernández nunca expresó nada que marcara una “idea de gobierno”. Palabras elegidas. No “ideas fuerza”. Tampoco sus ministros. En esas condiciones la pandemia le abrió un crédito. Pero las cosas no salieron bien. Muchos sienten que estamos peor que en el punto de partida.
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Cualquiera sea el resultado, el día después exige -además de resolución- transformar el enorme desánimo colectivo.
Promesas incumplidas
¿Qué hay en la memoria? Cuando Mauricio Macri, insólitamente elegido por la mayoría de los argentinos como líder contra la corrupción, se acercaba al poder, afirmó tener tres propósitos: eliminar o combatir la pobreza, eliminar o combatir el narcotráfico y eliminar o combatir la grieta. El día que asumió la presidencia -cuando en un acto inexplicable Cristina Fernández de Kirchner se negó a entregarle la banda presidencial- afirmó: “Nuestras prioridades son pobreza cero, derrotar al narcotráfico y unir a los argentinos”.
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Es obvio que no cumplió ninguna de las tres prioridades que se puso y su derrota en 2019 fue la consecuencia -entre otras cosas muy importantes- de que esas tres prioridades, pobreza, narcotráfico y grieta, estuvieron al terminar su gestión peor que al comenzar.
Se cumplió una vez más aquello que señalaba el General Perón: “No se preocupe m´hijo que los vengan nos harán buenos”. Doloroso, pero se está cumpliendo. Dijo Alberto “volvemos mejores”. No ocurrió.
El lunes, unos y otros, deberán trabajar ideas y conversar acerca de ellas. Eso es la política. Se trata de hacerla. No requiere que nadie convoque.
Con ideas y conversando acerca de ellas, el lunes pude ser el comienzo de un tiempo mejor. Lo necesitamos. La acumulación de fracasos, de ambas coaliciones, nos está agotando el crédito de la esperanza. Conectarse a la fuente de la esperanza es pensar el futuro. Háganlo.
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