
Gran parte de las reflexiones derivadas de los datos de empleo publicados recientemente por el Indec, estuvieron centrados en lo que, en si misma, una buena noticia: la tasa de desempleo bajó varios puntos porcentuales. Sin embargo poca atención recibieron los movimientos en las tasas de actividad y de empleo.
La tasa de actividad expresa la proporción de activos (ocupados +desocupados) sobre la población. Este indicador, como en toda América Latina, se derrumbó en el segundo trimestre de 2020. También como en la región poco a poco se fue recuperando en la segunda mitad del año.
En el primer trimestre de 2021 todavía mejoró su perfomance avanzando un punto porcentual adicional. Sin embargo, en el segundo trimestre -cuyos datos se acaban de conocer- se revirtió la tendencia. Esto significa una señal de alerta respecto de lo que ocurre en el mercado laboral como veremos enseguida.
La tasa de empleo muestra la proporción entre los ocupados y la población. Este índice también presenta una leve declinación, es decir que aunque el valor absoluto del empleo haya subido algo (respecto del primer trimestre) ese incremento fue proporcionalmente menor que el observado por la población total.
De allí que en el gráfico que sigue ambas líneas declinan en ese lapso. O sea hay problemas de empleo y, también con el comportamiento de la población que busca una inserción laboral.
En efecto, se registra un número menor de desocupados. La pregunta es por qué.
En las condiciones descriptas la disminución de “buscadores de puestos de trabajo” no puede atribuirse a una bonanza que impulsa a algunos miembros del hogar a retirarse de tal demanda. La hipótesis más plausible, entonces, es que la carencia de oportunidades laborales es tan palpable para esas personas que las hace desistir.
Por lo tanto, en lugar de producir una sensación de mejoramiento, los datos proporcionados por el Indec en su reciente informe, agregan preocupación para los analistas como para quienes deben tomar decisiones. Quizás ilustran de manera inquietante la desazón de parte de la población expresada electoralmente hace un par de semanas.
Las dificultades del mercado de trabajo no son nuevas, más allá de que la pandemia (y el modo particular en que se la afrontó por estos lares) haya intensificado las evidencias de sus carencias. Esto se aprecia con los promedios anuales de los últimos quince años agrupados en subperíodos.
Variación de los puestos de trabajo (anuales) por subperíodos
Para el lapso más reciente la comparación puede hacer entre trimestres, aunque los valores incluyen efectos estacionalidad. De todos modos, expresan que los asalariados no registrados, que habían sido de los componentes más golpeados seguían, al comienzo de 2021 padeciendo la falta de trabajo pues no habían podido reinsertarse.
De esta manera el último informe oficial sobre la situación laboral debe ubicarse en este contexto y por lo tanto no ceñirse a la “buena noticia” de la baja del desempleo por las razones aquí desarrolladas.
Desde el punto de vista de la situación social y, por qué no, su incidencia política, es razonable que la carencia de oportunidades laborales así como la continuidad de la caída de la capacidad de compra de los ingresos haya agravado las dudas sobre la efectividad de la gestión gubernamental, que llegó con promesas que no fueron materializadas. Desde las jubilatorias hasta el asado y el llenado de la heladera.
Nunca se sabe exactamente qué lleva al electorado a perfilar su definición electoral. Las cuestiones laborales no pueden haber sido elementos que jugaron a su favor.
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