
Otra vez nos acercamos a las elecciones y otra vez la desconfianza de los argentinos que pueden tener ahorros se traslada hacia el dólar. Si alguna vez el ministro Guzmán dijo que uno de sus objetivos era que la gente pensara y ahorrara en pesos, su objetivo está muy lejos, y probablemente sea inalcanzable.
La desconfianza en la moneda es parte, no obstante, de una desconfianza mayor sobre todo el marco institucional económico: el pago de la deuda externa, el cumplimiento de compromisos con el FMI, la posibilidad de realizar transacciones en el mercado cambiario o cambiario/bursátil, la estabilidad de la carga impositiva, las regulaciones e impuestos sobre el comercio exterior. En fin, todo eso, y más, puede cambiar en este país de la noche a la mañana, sin mayor aviso.
No creo que haya muchas dudas sobre esto. El serio problema es qué puede hacerse para reconstruir la confianza. Hemos perdido muchos cartuchos ya. A fines de los 80s, cuando se disparaba la híper se solía asimilar la situación a un cazador que enfrenta a un tigre que lo ataca y le queda una sola bala. Ahora es muy difícil pensar cuál puede ser.
El gobierno de Macri pensó que su llegada era una señal suficiente, luego, tal vez, que lo podía lograr el acuerdo con el FMI y cuando eso tampoco funcionó, la firma de un tratado de libre comercio con la Unión Europea, de la misma forma en que México consiguió ofrecer esa confianza al sumarse al tratado de América del Norte. La primera señal se agotó rápidamente, la segunda duró poco, la tercera nunca llegó. El gobierno de Fernández habrá pensado algo similar al llegar con el peronismo unido, y ahora a lo sumo tal vez piense en algún acuerdo con el FMI. El destino parece similar al de Macri: las dudas existentes respecto a la división del poder generan ya más desconfianza que otra cosa, y lo del FMI es más una bala de fogueo cuando se necesita más que una de cañón para apuntarle al nuevo tigre que se avecina.
No es un tema nada fácil. ¿Cómo podría lograrse aquello que ya hace décadas Alsogaray llamaba “shock de confianza”? Seguramente sea necesario algún tipo de consenso político, pero no parece que ni el gobierno ni la oposición estén pensando algo así. A veces los políticos mencionan el famoso Pacto de Moncloa en España. Podría ser, pero tiene que tener un contenido claro y ser aprobado por el Congreso. Sin que hubiera un pacto formal, algo así logró Menem acordando con Eduardo Angeloz y con el mismo Alsogaray y luego consiguiendo la aprobación en el Congreso de las leyes de Reforma del Estado y de Emergencia Económica; a las que se sumaría la Ley de Convertibilidad.
Les guste o no lo que pasó allí, lo cierto es que el shock de confianza se produjo, las expectativas cambiaron. Que después hicieran desastres y terminara todo mal es otra cosa. Néstor Kirchner también tuvo su shock: si bien había sido electo con un bajo porcentaje de votos, recibió ese respaldo en la siguiente elección legislativa; ayudado por una coyuntura económica (sin deuda externa a pagar, precio de la soja, etc.) que llevó a la existencia de una rara avis, superávit fiscal. También él y Cristina dilapidaron eso más tarde.
¿Cómo lograr un shock de confianza ahora? No parece haber muchas alternativas. Somos quienes en el Mercosur no queremos hacer otros tratados internacionales; la economía depende del precio del dólar, pero no hay ningún político, del gobierno o la oposición, que esté proponiendo dolarizar. Tampoco hay ninguno que esté proponiendo alguna reforma fiscal profunda. Es cierto, lamentablemente, si alguien lo piensa no puede decirlo. Si Menem hubiera hecho campaña con la reforma del estado, perdía. Por el contrario, simplemente dijo “síganme”, aunque pocos sabían adónde. Las reformas que hay que hacer no se pueden decir... pero hay que hacerlas.
Claro, si Alberto Fernández lograra que Cristina y Máximo se fueran a vivir a Cuba y nombrara como ministro de Economía a Ricardo López Murphy, Javier Milei, José Luis Espert o Roberto Cachanosky, y Massa apoyara eso en el Congreso, bueno, seríamos primera plana en todo el mundo y los dólares, en vez de salir, estarían inundando la economía. Sí, además, se aprobara una reforma fiscal y monetaria profunda y les dijéramos a nuestros socios del Mercosur que estamos dispuestos a avanzar en todo tipo de tratados de libre comercio; si le dijéramos al Fondo que no nos gustan sus propuestas porque son demasiado tímidas y le diéramos la bienvenida a las vacunas de Johnson, Pfizer y Moderna, en fin, sólo como el comienzo.
Por supuesto, esto no va a pasar. En fin, hasta que el pozo en que caemos sea tan profundo que cualquier político con algo de perspicacia se dé cuenta que hay que hacerlo.
Está bien, todo eso suena muy utópico, pero lo que no entienden los políticos actuales es que cuanto más profundicen la crisis, más extraordinaria tendrá que ser la solución.
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