
El pasado 9 de noviembre se declaró el cese de la contienda entre Azerbaiyán y Artzaj (Nagorno Karabagh) pero comenzó una nueva guerra que afecta esta vez al patrimonio cultural de los armenios en ese territorio, anunciada ya en la prensa local e internacional. Iglesias, monasterios y cruces de piedra (khatchkar), testigos de una presencia milenaria armenia, afrontan hoy el peligro de un destino incierto, una de cuyas aristas es la desarmenización del patrimonio cultural cristiano de la región.
Desde el inicio de los enfrentamientos, el 27 de septiembre pasado, el mundo presenció con impotencia no sólo el avance del recuperado y poderoso ejército azerí sobre Artzaj sino también el peligro que acecha al arte, la arquitectura y la historia armenia ante el Estado de Azerbaiyán que a lo largo de los años ha mostrado poco apego a la preservación del patrimonio cultural armenio.
Más aún, la antigua presencia histórica armenia en Artzaj es negada por Azerbaiyán, sosteniendo incluso que las iglesias y las inscripciones cristianas no son armenias sino que pertenecen a los albanos del Cáucaso, población nativa que Azerbaiyán considera como su antepasada.
La República de Azerbaiyán replica así la política “exitosa” de su aliada Turquía que en la década de 1930, luego de haber completado entre 1915 y 1923 el genocidio contra la población armenia, puso en marcha el genocidio simbólico, con la reescritura de la historia afirmando que los armenios nunca habían estado en la Armenia histórica ni en Anatolia. Paralelamente, un nuevo genocidio, esta vez cultural destruyó los vestigios de la presencia armenia en el interior del territorio turco. Turquía y Azerbaiyán se complementan sin duda en esta política cuya finalidad es la eliminación física y cultural de los armenios de la región, la primera como una gran aliada de la segunda, su mejor alumna.
La preocupación global sobre el destino del patrimonio cultural armenio en la región, expresada ya en el artículo de The Guardian de marzo de 2019, se origina en el estado del Cementerio de Djulfa o Juga en Najichevan, territorio originariamente armenio, en poder de Azerbaiyán que con el tiempo fue perdiendo su población armenia. Entre 1997 y 2006 se destruyeron 5849 cruces de piedra (khatchkar) y 22000 tumbas así como 89 iglesias medievales, hecho que la UNESCO no condenó, tal vez condicionado por la importante suma en dólares que recibió del gobierno de Aliev.

La publicación digital Hiperallergic del 3 de octubre da cuenta de varios sitios históricos armenios en peligro como el de Tikranaguert, ciudad fundada por el rey Tigrán el Grande, en el siglo I a.C., ubicada en Artzaj, donde se preservan restos de la presencia helenística y armenia.
Otro sitio histórico importante en peligro es la Iglesia de Amarás, en la región de Martumí, en Artzaj, fundada por Mesrob Mashdots, creador del alfabeto armenio en el siglo IV. La iglesia, que está bajo la advocación de San Gregorio el Iluminador, cuenta con el mausoleo de su nieto, San Grigoris, construido en el siglo V. Se trata de uno de los monumentos mejor preservados del período, en toda la región del Cáucaso, ubicado hoy en zona que Azerbaiyán reclama como propia.
Estos son algunos de los muchos monumentos que están en peligro por estar en un territorio que ahora no controla el gobierno de Artzaj. Incluso durante la guerra fue bombardeada la Catedral de San Salvador Ghazanchetsots (siglo XIX), en Shushí, la que fuera la capital cultural Artsakh, provocando importantes daños. Partes de su estructura datan del siglo IV cuando los armenios se convirtieron al cristianismo. UNESCO, el organismo que debería ocuparse del patrimonio cultural de la humanidad, en especial en tiempo de guerra según la Convención de La Haya de 1954, no respondió al pedido del Ministerio de Cultura de Armenia para que condene los ataques.
Asimismo, la comunidad académica mundial en diferentes foros, se hizo eco de esta problemática denunciando el peligro de desaparición de los bienes culturales de los armenios, joyas del arte y la arquitectura cristiana en la región. En esta instancia, los organismos que tienen la responsabilidad de proteger el patrimonio cultural de los pueblos sobre todo en tiempos de guerra son los que deben intervenir para que no se repitan las pasadas prácticas que ocasionarían perjuicios al valioso patrimonio cultural armenio e irrecuperables pérdidas para la humanidad.
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