
Al referirse al rol del despachante en la operatoria internacional, Marcelo plantea que “no es solamente hacer una declaración jurada, sino darle tranquilidad y previsibilidad a los usuarios”. En esta entrevista, comparte su visión sobre el contexto vigente, los desvíos más frecuentes en las gestiones y la necesidad de anticiparse en cada instancia del circuito.
¿Cómo describirías la actualidad del comercio exterior hoy?
Desde mi punto de vista, el comercio exterior hoy tiene varias dinámicas que están conviviendo. Por un lado, tenés un crecimiento muy importante en lo que es el courier, que aumentó bastante a partir del año pasado. Eso modificó mucho las compras a través de plataformas, que también forman parte del comercio exterior.
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Después, tenés otro segmento que, a medida que la economía empiece a crecer, también va a acompañar. Ahí aparecen las cargas más tradicionales, las cargas convencionales, que deberían empezar a tener mayor volumen.
Y también hay algo que va a impactar, que son los acuerdos comerciales. Si se concretan, pueden ayudar a que el comercio exterior crezca.
¿Qué tan importante es estar actualizado en un contexto global tan cambiante?
Es fundamental. El despachante de aduana tiene que estar constantemente actualizado en todo lo que pasa a nivel internacional. Hoy, por ejemplo, cualquier conflicto geopolítico impacta directamente. Si tenés un conflicto en Medio Oriente, eso puede generar suba del petróleo, aumento en los fletes internacionales y, en consecuencia, mayores costos. Todo eso lo tenés que tener en cuenta porque termina impactando en el costo final del importador o del exportador.
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¿Cómo se traslada esa información al cliente?
El despachante no tiene que ser solamente alguien que hace un trámite, tiene que darle confianza al cliente, seguridad y previsibilidad. No es solo declarar una mercadería, es decirle al cliente: “Está pasando esto en el mundo, puede impactar de esta manera, puede demorar tanto, puede costar más o menos”, pero siempre transmitiendo tranquilidad. Los usuarios necesitan saber qué puede pasar antes de que pase.
¿Cómo explicarías qué es un servicio integral en comercio exterior?
El servicio integral está muy enfocado en las pymes. Las grandes empresas tienen su propio departamento de comercio exterior, pero las pymes muchas veces no lo tienen por un tema de costos. Entonces, cuando una pyme quiere importar, por ejemplo desde China o Estados Unidos, necesita alguien que le dé previsibilidad total.
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Uno tiene que explicar de una forma simple: vos le decís al cliente cuánto le va a costar, cuánto va a tardar y cómo va a llegar la mercadería. Y eso tiene que cumplirse exactamente, porque el servicio es intangible. Los usuarios no ven lo que hacés, ven el resultado. Entonces, si no se cumple lo que dijiste, uno cambia de proveedor o directamente deja de operar.
¿Qué implica esa previsión en la práctica?
Implica anticipar todo. Desde el tipo de transporte que vas a usar, hasta por dónde va a pasar la mercadería, qué costos tiene cada etapa, qué empresas van a intervenir. Tenés que poder armar el costo final desde el inicio y que ese número sea el que realmente termina pagando el cliente. Si eso no sucede, el servicio falla.
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¿Cuáles son los errores más comunes en operaciones internacionales?
Hay muchos, pero uno muy común es no prever correctamente el volumen o el espacio de carga. Por ejemplo, si traés un contenedor y la mercadería no está bien dimensionada, podés tener costos adicionales cuando llega al puerto. O en exportación pasa lo mismo. Si no aprovechás bien el espacio del contenedor, terminás enviando más contenedores de los necesarios y eso encarece toda la operación. Entonces, la planificación previa es clave para evitar esos sobrecostos.
¿Qué sectores ves con mayor potencial de crecimiento?
Desde mi punto de vista, Argentina tiene cuatro grandes áreas que van a crecer. Uno es petróleo y gas, que ya es una realidad. Después el litio, que todavía está en desarrollo, pero tiene mucho potencial. También el cobre, que necesita más desarrollo, pero es clave. Y finalmente el sector agroindustrial, que siempre fue importante, pero que puede potenciarse aún más. Esos cuatro pilares pueden impulsar el comercio exterior en los próximos años.
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¿Qué valor tiene la especialización dentro del rol del despachante?
El despachante tiene que conocer a sus clientes y las industrias con las que trabaja. No podés saber todo, pero sí tenés que entender lo suficiente de cada sector para poder darle una solución adecuada.
Cada industria tiene su particularidad, su dinámica, sus tiempos, sus necesidades. Y ahí es donde el despachante tiene que aportar valor, adaptándose a cada caso y ofreciendo un servicio personalizado.
¿Qué mejoras estructurales creés que necesita Argentina?
Hay varias. El costo portuario es alto y debería ser más bajo. La operatoria debería ser más ágil y algo clave es la infraestructura. Necesitamos más desarrollo ferroviario y mejores rutas.
Hoy, por ejemplo, trasladar mercadería desde el interior hasta Buenos Aires es muy caro. Si tuviéramos mejores vías y mejores caminos, bajarían los costos y eso generaría más oportunidades para todos: empresas, operadores y consumidores.
Para cerrar, ¿cómo definirías el rol del despachante de aduana?
El despachante es un auxiliar del comercio exterior, esa es la definición técnica. Pero en la práctica es mucho más que eso. Es quien conoce al cliente, quien lo representa ante la Aduana y quien tiene que darle un servicio completo.
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No es solo hacer una declaración, es acompañar toda la operación, anticiparse a los problemas y aportar soluciones. Ese es el verdadero desafío de la profesión hoy.
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