
Sergio “Checo” Pérez es reconocido como el piloto mexicano más exitoso en la historia de la Fórmula 1. Si bien sus triunfos y marcas lo han convertido en figura del automovilismo, existen aspectos personales poco conocidos que revelan su carácter fuera de las pistas.
Desde sus inicios, hasta consolidarse como el mejor coequipero para que Red Bull Racing lograra ganar el campeonato mundial, su vínculo con el fútbol y colocarse entre los mejores deportistas de nuestro país, este 2026 no solo regresará a las pistas con Cadillac, también celebra su cumpleaños 36 esperando que sea el mejor de su carrera.

Los cinco mejores momentos de Checo
Además de tener un talento nato para el volante, Sergio Pérez se ha consolidado como una figura pública muy querida por el público mexicano. Su carisma y buena relación con sus fanáticos lo convirtieron en un ejemplo para los más pequeños. Si quieres conocer más del piloto, te dejamos aquí cinco datos curiosos sobre él:
1. El número 11: Un tributo al fútbol
Aunque hoy lo vemos dominar los circuitos, el corazón de Checo latía originalmente por el fútbol. Su dorsal, el número 11, no fue elegido al azar por cuestiones de aerodinámica o suerte numérica. Es un homenaje a su ídolo de la infancia, el delantero chileno Iván “Bam-Bam” Zamorano, quien portaba ese número cuando jugaba para el Club América, equipo del cual Pérez es un ferviente seguidor.

2. Una fobia muy particular: La tripofobia
A pesar de estar acostumbrado a velocidades superiores a los 300 km/h y situaciones de alto riesgo, hay algo que realmente inquieta al piloto: la tripofobia. Checo ha confesado sentir una repulsión extrema o ansiedad al ver patrones repetitivos de figuras geométricas muy juntas, como pequeños hoyos o agujeros (comunes en panales de abejas o ciertas esponjas). Curiosamente, esto no parece afectarle al mirar la textura de los neumáticos o los controles de su volante.

3. De la pista a la Bolsa de Valores
Si no estuviera al volante de un monoplaza, Checo probablemente estaría frente a un monitor de Wall Street. El piloto ha declarado en varias ocasiones que, de no haber sido deportista, le habría encantado ser banquero o abogado. De hecho, tiene una rutina matutina inamovible: lo primero que hace al despertar, incluso antes de entrenar, es revisar cómo amaneció la Bolsa de Valores y los mercados financieros.

4. Sus humildes inicios en un restaurante alemán
Cuando Checo se mudó a Europa a los 15 años para perseguir su sueño, el camino no fue glamuroso. Durante su etapa en la Fórmula BMW en Alemania, el joven piloto vivió en un restaurante propiedad de su jefe de equipo. Dormía en una habitación pequeña sobre la cocina y, en ocasiones, ayudaba en las labores del establecimiento. Fue esa soledad y disciplina la que forjó el carácter resiliente que hoy presume en la Fórmula 1.

5. Su primer accidente... por unos tenis
Incluso los mejores conductores del mundo tienen un historial. El primer coche de Checo fue un Chevy plateado heredado de sus hermanos. El destino de ese vehículo fue trágico: terminó chocado. ¿La razón? El joven Sergio conducía a toda prisa de regreso a casa porque había olvidado sus zapatos de fútbol para un partido. La ironía de chocar un auto por las prisas de llegar a una cancha de fútbol define perfectamente sus dos grandes pasiones.



