
En el corazón de Guayaquil, la presencia de un altar dedicado a la Santa Muerte en una casa de seguridad de una banda local revela hasta qué punto las prácticas de los cárteles mexicanos han echado raíces en el crimen organizado ecuatoriano.
La escena, donde sicarios encendían velas y rezaban ante figuras de la Santa Muerte y de Jesús Malverde antes de salir a ejecutar asesinatos, ilustra la profunda adopción de rituales y métodos importados desde México.
La expansión del Cártel Jalisco Nueva Generación y Sinaloa ha alcanzado más de 40 países, impulsada por la demanda creciente de cocaína en Estados Unidos, Europa y Australia.
Ecuador, situado entre Colombia y Perú, los dos mayores productores de cocaína, se ha convertido en un enclave estratégico, documenta Ryan Dubé para The Wall Street Journal.
La guerra territorial entre estos grupos ha transformado al país, que pasó de ser uno de los más seguros de la región a figurar entre los más violentos del mundo. Según el Instituto Igarapé, cinco de las 12 ciudades más peligrosas del planeta se encuentran en Ecuador, con Durán encabezando la lista.
La influencia de los cárteles mexicanos y de otras organizaciones criminales internacionales ha complicado la tarea del presidente Daniel Noboa, quien asumió el cargo con la promesa de reducir la violencia.
En los primeros seis meses del año, los asesinatos aumentaron un 50%, y mayo se convirtió en el mes más sangriento registrado.
La tasa de homicidios se aproxima a 50 por cada 100 mil habitantes para 2025, el doble de la de México y muy por encima de los menos de seis por cada 100 mil que Ecuador registraba en 2018.

Para enfrentar esta crisis, Noboa ha buscado apoyo de Estados Unidos, solicitando la reapertura de una base militar estadounidense y colaborando con Erik Prince, fundador de Blackwater, para entrenar a las fuerzas de seguridad ecuatorianas. El presidente estadounidense Donald Trump ha ordenado al Pentágono preparar opciones militares contra los cárteles mexicanos, designados como grupos terroristas.
¿Cuándo llegó el CJNG a Ecuador y quiénes han sido los actores clave?
La llegada del cártel de Sinaloa a Ecuador se remonta a 2003, aprovechando la infraestructura vial, la economía dolarizada y la escasa vigilancia costera tras el cierre de la base aérea estadounidense en Manta en 2009.
La corrupción se extendió a jueces, políticos y funcionarios de seguridad, facilitando el lavado de dinero y el tráfico de drogas. Fausto Salinas, ex jefe de la policía, señaló que los narcotraficantes identificaron a Ecuador como el eslabón más débil de la región.
Sinaloa estableció alianzas con figuras locales como Telmo Castro, un capitán del ejército que utilizaba vehículos militares para transportar cocaína desde la frontera con Colombia hasta la costa. Según el testimonio de Jorge Cifuentes en el juicio contra Joaquín “El Chapo” Guzmán en Estados Unidos, Castro recibía 600 mil dólares por cada cargamento. Castro fue asesinado en prisión en 2019.
Otro actor clave fue Édison Washington Prado, un pescador de Manabí que organizó una “supercarretera” de la cocaína en el Pacífico. Prado empleaba barcos camuflados como pesqueros para servir de estaciones flotantes de gasolina, permitiendo que lanchas rápidas y embarcaciones menores reabastecieran combustible y transfirieran droga a barcos frente a la costa mexicana o arrojaran cargamentos con GPS al mar. Los pescadores, que solían ganar 100 dólares tras dos semanas de trabajo, recibían 30 mil dólares por viaje, aunque el riesgo era elevado: 6 mil pescadores ecuatorianos han sido detenidos en la última década por transportar drogas, según Elena Véliz, representante de sus familias.

El “Pablo Escobar de Ecuador” y “Fito”
Prado, apodado el “Pablo Escobar de Ecuador”, reclutó a la banda de los Choneros para proteger sus operaciones. Tras su arresto y extradición a Estados Unidos en 2017, los Choneros expandieron su control en la costa ecuatoriana. Su líder, Jorge Luis Zambrano, consolidó el poder de la banda, integrando a grupos menores y eliminando a quienes se resistían, como ocurrió en 2019 cuando decapitaron a un rival en prisión y jugaron fútbol con su cabeza.
Los Choneros dominaron las cárceles, que se convirtieron en centros de operaciones criminales.
Por su parte, el cártel de Jalisco Nueva Generación ingresó a Ecuador tras el acuerdo de paz en Colombia en 2016, que dejó vacíos de poder en zonas cocaleras. Jalisco buscó alianzas con rivales de los Choneros, como los Lobos, los Tiguerones y los Chone Killers, que formaron el grupo Nueva Generación.
La violencia se intensificó: masacres carcelarias, cuerpos colgados de puentes, coches bomba y asesinatos de funcionarios públicos se volvieron frecuentes.
Los cárteles mexicanos comenzaron a pagar a sus aliados ecuatorianos con drogas y armas de alto poder. En 2023, la Armada de Ecuador interceptó un barco cerca de las Islas Galápagos con 122 fusiles, incluidos fusiles de asalto M4. El embajador estadounidense Mike Fitzpatrick afirmó que estas tácticas cambiaron las reglas del juego.
La corrupción alcanzó niveles letales. En 2022, agentes de tránsito en Manta confiscaron 7 millones de dólares en efectivo del narcotráfico y liberaron al conductor, miembro de Jalisco. Sicarios vengaron el robo asesinando a los agentes implicados y, en un acto inédito en Ecuador, atacaron el funeral del último agente muerto, Andrés Moreira, dejando 16 heridos y cuatro muertos, entre ellos la exesposa de Moreira.
Desde prisión, José Adolfo Macías, conocido como “Fito”, dirigía a los Choneros, protegido por reclusos armados y disfrutando de lujos como un gimnasio privado, piscina y comida preparada por un chef personal.
Macías escapó en 2024, lo que desencadenó un levantamiento de bandas que incluyó la toma de una estación de televisión. Fue capturado en junio en Manabí, oculto en un búnker bajo una mansión de mármol.
Juan Zapata, exministro del Interior, advirtió que la captura de Fito no implica la desaparición de los Choneros, ya que mantienen estructura, recursos y conexiones internacionales.

Un mes después, la violencia resurgió en Manabí: sicarios asesinaron a un líder local de los Lobos, a su esposa y a dos escoltas, y esa misma noche, los Lobos mataron a cinco personas en un club nocturno. En los dos días siguientes, 11 personas más fueron asesinadas. El gobierno ecuatoriano desplegó 2 mil soldados en la provincia y extraditó a Macías a Estados Unidos.
Sin Fito, los Choneros quedaron descabezados, mientras Sinaloa, debilitado por disputas internas, cedía terreno ante Jalisco.
Los Lobos emergieron como la banda más poderosa, implicados en el asesinato del candidato presidencial Fernando Villavicencio en 2023, según la fiscalía ecuatoriana y la embajada estadounidense en Quito. El líder de los Lobos, Wilmer Chavarría, presuntamente fallecido durante la pandemia, podría estar vivo y controlando la banda desde el extranjero, según autoridades ecuatorianas y sanciones estadounidenses.
Noboa, de 37 años, ha intensificado la ofensiva contra los Lobos y otras bandas, catalogándolas como grupos terroristas y aprobando leyes que permiten a las fuerzas de seguridad emplear fuerza letal y realizar allanamientos sin orden judicial. En junio, escribió en X: “Recuperaremos nuestro país”.
Las denuncias de abusos no han tardado en aparecer. En diciembre, una patrulla militar en Guayaquil detuvo a cuatro niños de entre 11 y 15 años que regresaban de jugar fútbol. Sus cuerpos incinerados fueron hallados poco después y los 16 militares implicados fueron acusados de desaparición forzada. Noboa prometió que los responsables serían llevados ante la justicia.
La violencia persiste en los barrios más pobres. En marzo, Evandro Moreno presenció cómo unos 20 hombres armados recorrían su vecindario asesinando rivales. Su madre y hermano menor se ocultaron bajo una cama, mientras él permanecía junto a la puerta. “Había cuerpos por todas partes”, relató. La policía reportó 22 muertos en esa masacre, y muchos vecinos, incluido Moreno, abandonaron el lugar.